Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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La historia nefasta de los controles de precio en Venezuela. Marco T. Cicerón

Durante años la potente cultura de izquierda, esto es, los empresarios son malos, todos los mercados son oligopólicos y los gobiernos respectivos son como el príncipe valiente que salva al consumidor del lobo feroz del comercio. Por lo tanto podemos afirmar que nunca en nuestro país ha existido una economía capitalista. Lo que ha existido es el intervencionismo, el nacionalismo como pretexto, y la destrucción de la iniciativa privada. En este sentido, viene como “pedrada en ojo de boticario” el libro escrito por Vladimir Chelminski, sobre los controles de precios, el cual va por su segunda edición.

Así nos enteramos, que durante el gobierno del General Eleazar López Contreras se declararon de primera necesidad, los alimentos, alquileres y materiales de construcción. Su sucesor, el también General Isaías Medina Angarita, también tuvo controles de precios, empezando por un control de cambio que duró desde 1940 hasta 1944, al finalizar el control cambios el US $ pasó de Bs. 3,19 por unidad a Bs. 3,35. Y había una Junta Nacional Reguladora de Precios, que regula desde los precios del papel bond hasta los del pescado. Luego, cuando vino la pseudo-revolución de octubre, se regularon los alquileres de las viviendas y una cantidad enorme de productos desde las toallas, pasando por el abono, los aceites lubricantes, etc.

Uno de los datos más interesantes del libro, es la política de precios mínimos buscando favorecer al productor agrícola. En efecto, Chelminski nos aclara que en tiempos cercanos a nosotros (2000), se producía maíz en el país a un precio de US $ 240 la tonelada, mientras que el precio internacional estaba a US 110 según lo publicaba el Nacional en 24-11-2000. Como efecto colateral, en vez de producir arroz donde teníamos una ventaja competitiva producíamos maíz gracias a la grotesca política de precios mínimos. Y como siempre el consumidor en este caso de la arepa criolla, es el que pagaba los platos rotos de la mala política económica y proteccionista hacia un sector.

Es interesante, como el precio del cemento ha estado regulado desde el año 1939 hasta 1989. Nos dice el autor de este libro, que en la década de los años sesenta la industria nacional autoabastecía el mercado y además exportaba. Así mismo, nos cuenta el texto en una nota al pie de página, que el gobierno de Carlos Andrés Pérez I le prohibió a las cementeras que siguieran exportando, haciendo caso omiso si tenían compromisos o no. Pero en ese momento la industria de la construcción estaba en auge, y la prohibición no resolvía el problema del abastecimiento local. Entonces se decidió traer el cemento importado, pero este venía con un precio más elevado que el producido nacionalmente, y la decisión para evitar dos precios, el gobierno estableció una complicada fórmula para que hubiese un solo precio regulado. Demás está decir que en la actualidad tener un cupo de cemento es el mejor negocio del mundo en Venezuela.

Nos impacta, el texto dedicado al problema del agua. Según voceros de Hidrocapital el venezolano gasta diariamente entre 450 y 500 litros de agua. Internacionalmente, se acepta un gasto de 250 litros diarios. El problema radica en que el cobro de la tarifa se hace por promedios o por tarifas planas. Esto es, yo como cliente no tengo ningún incentivo para ahorrar agua sino para gastarla. Y de allí la propaganda estúpida y bobalicona del gobierno que nos dice “que el agua es vida no la malgastes”. Aquí nos entra el socialismo al revés. Según una revista citada por Chelminiski, En toda América Latina se subsidia el agua vendiéndola por debajo de los costos. Es un subsidio que favorece a la clase media y alta, pero no a la baja. Esta última tiene que comprarla en camiones cisterna a precios 20 veces superior al agua corriente. Esta tarifa subsidiada del agua, se añade a la del servicio eléctrico cuya tarifa está congelada desde el año 2002, y por supuesto abundan los apagones de luz. Así, las tarifas industriales son aproximadamente más elevadas que la que rigen en Estados Unidos o en Brasil, ello se debe porque la industria sigue subsidiando a los consumidores residenciales y porque el parque industrial venezolano requiere más energía que el de aquellos países.

Adicionalmente, nos llama la atención la cita de unas declaraciones de D.F Maza Zavala vocero sempiterno de la izquierda académica quien decía en el año 1995 que si se quitaba el control de cambios se agotarían las reservas internacionales en un dos meses. Los hechos demostraron con su terquedad (vocablo nuestro) que apenas se eliminó el control de cambio en abril de 1996 las reservas internacionales comenzaron a subir.

Quizá, algunos deban leerse lo que dice la encíclica “ Centesimus annus” dedicada a modelos de gobierno y a la propiedad privada por el Papa Juan Pablo II, en efecto:“ Quien produce una cosa lo hace generalmente para que otros puedan disfrutarla después de haber pagado el justo precio, establecido de común acuerdo después de una libre negociación” Más claro no canta un gallo, como diríamos coloquialmente.

Hoy por hoy, nuestro país está importando hasta petróleo, hay colas para comprar aceite comestible, harina precocida de maíz, de trigo, de medicamentos, y hasta en la morgue para retirar los muertos que el hampa deja. Esto es el legado del socialismo de ayer y el actual.

MARCO TULIO CICERÓN