Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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La idoneidad moral de los gobernantes

En artículos recientes, incluyendo uno publicado en www.cedice.org.ve, el Sr. Carlos Alberto Montaner, sólido escritor comprometido con la Libertad, se preguntaba el porqué los votantes de varias naciones latinoamericanas han favorecido en los comicios a personajes de baja estofa moral.

Con el título de “Los países tienen los gobiernos que se merecen”, el Sr. Montaner dedicaba especial atención al caso del nicaragüense Daniel Ortega, cuya hijastra reveló, en entrevista al propio sr. Montaner, los abusos sexuales a que fue sometida por el flamante presidente de la patria que alumbró a Rubén Darío.

Si se revisa la idoneidad moral de los políticos electos en varias naciones de América Latina, lo que se consigue, más allá de un juicio de valor, es que varios violadores de la Ley son hoy los responsables de la Primera Magistratura. Asesinos, ladrones, estupradores, tipos que le pegan a su mujer… Algunos presuntos, otros comprobados, estos serían los favorecidos por los votos de la ciudadanía latinoamericana.

Nos equivocaríamos si pensáramos que el asunto es exclusivo de América Latina. Si vamos al mundo más desarrollado, veremos también que alcohólicos, instigadores de asesinatos, autores de fraudes empresariales, xenófobos, adúlteros, todos ellos han tenido y mantienen la preferencia del electorado en varias sociedades respetables. Si se agarra el periódico de hoy, se comprobará esto directamente.

La preocupación del Sr. Montaner es válida. ¿Cómo se explica que se vote por sujetos de tal calaña para guiar los rumbos de un país? ¿Acaso los electores pasan por alto sus fechorías? ¿Es necesaria la idoneidad moral para hacer buenas políticas?

Y me temo que la evidencia histórica es decepcionante en cuanto a las respuestas. Pocas veces la idoneidad moral de un gobernante ha sido causa de un gobierno serio, ni siquiera honesto. La vida personal ordenada puede carecer de cualquier correlación con una buena gestión gubernamental.

Un caso emblemático en Venezuela es Rafael Caldera. Su vida familiar, al menos la pública, es de las más irreprochables, comparado con los adulterios de Carlos Andrés Pérez y Jaime Lusinchi, quienes incluso convirtieron a sus amantes en poderosas validas. Aún con este orden personal, el segundo gobierno de Caldera, entre 1994 y 1999, tiene méritos para ser considerado el peor del Siglo XX venezolano.

Por el contrario, vidas personales reprochables pueden protagonizar buenos gobiernos. La historia estadounidense es rica en ejemplos. El sr. John F. Kennedy vivía en un adulterio desenfrenado. Más recientemente, está el caso del presidente Clinton, cuya exitosa política hacia América Latina ha carecido de continuidad. El mejor presidente en la historia de EUA en el Siglo XX, D. Franklin D. Roosevelt, también fue infiel a su esposa.

Más allá de los vicios sexuales, lo cierto es que varias personalidades psicopáticas pueden ser eficaces en la gestión gubernamental. Si se revisan las vidas privadas de Lincoln y W. Wilson, por ejemplo, se ve cómo ciudadanos infelices en lo privado pueden hacer gestiones públicas notablemente buenas.

Hay un chiste demoledor al respecto. Si le diésemos a Ud. a elegir entre estos tres candidatos:
Un tipo que toma varios “Martinis” al día y le es infiel a su mujer.
Un sujeto que se toma al menos una botella de güisqui por día y está en la cama hasta casi mediodía.
Un individuo que es vegetariano, jamás ha engañado a su mujer y ama la pintura.
La mayoría elige al tercero. Se trata de Adolf Hitler. El primero era Roosevelt y el segundo Churchill.

Es famosa la escena según la cual un colaborador de Lincoln le señaló que el general Grant, el más victorioso militar de la Unión, era un bebedor compulsivo de güisqui. Entonces el presidente le espetó: investiguen qué marca toma y le envían botellas a los restantes generales. Una respuesta que ilustra lo que intento sostener: vicios privados pueden convivir con virtudes públicas.

De hecho, esta paradoja ya era identificada por Bernard Mandeville (1630-1733) y fue rescatada por Adam Smith, en el ámbito económico. Ellos opinaban que las personas, en su búsqueda privada del bienestar, pueden, incluso con este egoísmo, generar un orden económico coherente, donde haya eficiencia productiva y ganancias para toda la sociedad.

¿Quiero decir con esto que los gobernantes viciosos harán buenas gestiones en la angustiada Latinoamérica? Ni por asomo. Lo que sugiero es que, para atacarlos y promover un cambio político, su vida privada es poco útil.

Es más, los votantes que eligen a personajes corrompidos puede ser perfectamente racionales. Maquiavelo hace un razonamiento en El Príncipe que es horrendo moralmente, pero de una validez tremenda: Los más de los hombres prefieren perdonar al asesino de su padre, antes que perdonar a quien les ha quitado dinero. En política se cumple que la gente vota más con el bolsillo que con el corazón.

Aunque hay trabajos que demuestran nuestra irracionalidad social al votar (baste recordar al nobel de economía Prof. Arrow), lo cierto es que las decisiones electorales han de estudiarse más allá de lo que nuestra ética sugiere. Es preciso entender, desapasionadamente, las motivaciones de la gente para elegir a un incompetente moral.
Una ganancia importante de la libertad económica y de la fortaleza del sector privado es que surgen mecanismos que contienen a estos peligrosos personajes psicopáticos que son los políticos. Incluso el más demente, cuando vive en una sociedad más o menos próspera, termina por contenerse y elegir buenos ministros. Una sociedad libre y justa, tanto en lo económico como político, tiene la mejor inmunidad ante la tiranía.

La Libertad, defendida tan brillantemente por el sr. Montaner, es el antídoto social para evitar el peor escenario: que un inepto moral lidere a una sociedad oprimida hacia la total disolución.

Opinión independiente.

carlosurgente@yahoo.es

Articuo publicadio en el Diario 2001 05/12/06