Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La leche derramada. Victor Maldonado

Pocos deberían tener dudas sobre el tipo de régimen que está gobernando el país. Salvo unos pocos legionarios del optimismo irredento, la mayoría de los venezolanos saben que la Constitución es letra muerta, y que el Gobierno ha logrado sortear una y otra vez los obstáculos del desconocimiento a través de la propaganda, la simulación y mil y una formas de compra de conciencias, bien sea a través de la extorsión, o sometidos por el engaño de que “ahora sí las cosas van a cambiar”.

El régimen ha sabido administrar a su favor todos los escenarios posibles del viejo “arte de la guerra”.  Para comenzar a rescatar la deteriorada imagen institucional convocó a un diálogo espurio que tuvo como contraparte a una porción de la alternativa democrática, que se sentó incondicionalmente bajo la promesa (anzuelo) de “compartir más equitativamente” la titularidad de los poderes públicos. Me refiero a dos puestos de cinco de los rectores del CNE y una porción también minoritaria de los magistrados del TSJ. De esta forma el régimen comenzó a lavar su cara sin perder su hegemonía. Todos en el exterior comenzaron a dudar sobre la malignidad del régimen, “no podía ser tan totalitario quien se sentaba a dialogar en cadena nacional”, a pesar de que pasados los días esa sensación de renacer democrático mostró ser fútil, una jugada excelente por la que todos juntos escenificaron una nueva disposición hacia la apertura sin que nada cambiara en la realidad autoritaria.

Lo mismo ocurrió con la maltrecha economía. Nuevamente convocaron al rimbombante diálogo, y utilizando el mismo procedimiento lograron los mismos objetivos. Disolvieron el foco en el derrumbe económico y pusieron a pedir a buena parte del empresariado nacional. ¿Qué pidieron? Pago de la deuda acumulada, mayor fluidez en el acceso a las divisas y una mayor diligencia en la resolución de conflictos laborales. Nada de eso ha ocurrido. El régimen en tanto organizó una nueva ofensiva económica alrededor de la infame Ley de Precios Justos, salió a la calle a inspeccionar empresas, partió el país en cinco toletes, cada uno a cargo de un súper ministro, y en medio de todo ese barullo, sigue la procesión hacia la nada, el estancamiento es un hecho, la escasez se sigue acumulando, y el país va sumando una mayoría que no cree en las capacidades y posibilidades de un régimen que lleva tantos años equivocándose.

La educación se sumó a la comparsa. Esta vez fue a través de la convocatoria a una gran consulta nacional a la que se sumaron con euforia incomprensible los que creen que no es elegante el negarse a expresar opinión en temas tan cruciales. Nuevamente se dividió la opinión pública, mientras las escuelas privadas no podían ni debían negarse, so pena de perder la licencia o ser víctimas del embate de inspecciones y requisiciones sin fin de parte de “la zona educativa”. Las escuelas privadas sienten en las costillas la dura realidad de la amenaza, sorteando precariamente el texto de la resolución 058 y tratando de no perder en el trance la escasa autonomía en el marco de una sociedad polarizada, negada a un proyecto común, y por lo tanto expuestos a la vigilancia panóptica de padres chavistas, rojos en su discurso pero que prefieren la exquisitez de hijos educados en escuelas privadas, bilingües y confesionales. Consultas y la implantación a juro de la democracia tumultuaria en las escuelas no ocultan el desmadre en la infraestructura de las escuelas públicas, la falta de maestros y profesores de biología, física, química y matemática. O que en días resientes, por primera vez en nuestra larga historia republicana, seis directores de colegios privados, las más importantes de Puerto Ordaz, fueron removidos de sus cargos, (sin debido proceso, sin presumir su inocencia, sin expediente) por tener posición política. Solamente ellos pueden tenerla. Nosotros, los de la alternativa, tenemos que ser impolutos, o mejor dicho, comprar todo el paquete de mentiras organizados en los libros de la Colección Bicentenaria.

“Divide y vencerás” ha resultado una consigna muy rendidora para el Gobierno. Mientras tanto, el régimen administra con bastante comodidad su propia agenda, como un conjunto de decisiones y de procesos irreversibles, que la colocan en una posición más cómoda y a la vez más frágil. La primera decisión es derogar el estado de derecho. El régimen allana, apresa y juzga sin atenerse a la ley. La segunda decisión es transformarse en la víctima de una serie de conspiraciones que la obligan a defenderse sumariamente. Ya no tienen que ser sofisticados en la invención de la trama. Simplemente tienen que interpretar una foto, o convertir en versión oficial un rumor, para que los involucrados se vean envueltos en un laberinto de simulación judicial que los anula. La tercera decisión es organizar y darle sentido a un clima de delación generalizada. Los “patriotas cooperantes” son los viejos sapos intrigantes, que tienen esta vez la oportunidad de saldar viejas facturas. La cuarta decisión es el uso indiscriminado del terror. Apresar ancianas, torturar jovencitas, perseguir estudiantes, allanar una universidad, irrumpir en las protestas pacíficas, da lo mismo, porque para el régimen todo vale. Y el uso del miedo, esa pesada sensación de que cualquiera puede ser la próxima víctima.

Todas estas decisiones son irrevocables. Con este régimen, igual que con la leche derramada, no hay vuelta atrás. Los que cooperaron con ellos en la consecución de esta nueva posición merecen nuestra eterna memoria y el máximo galardón de la revolución: La orden de libertadores y libertadoras… ¡Qué les aproveche!

victor maldonado | notitarde