Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La libertad y lo popular. Andrés F. Guevara

Quienes desdeñan de la cultura liberal señalan a menudo que la defensa del Estado de Derecho, las libertades individuales y los derechos ciudadanos no tienen “pegada popular” y, puesto que el capital político se constituye por votos, quienes se mueven en las arenas de la política deben bailar al son de la tonada que le dicten sus electores.

Esta afirmación no es del todo acertada. Un examen más detenido de la ciudadanía venezolana nos revela que sí existen posibilidades de asentar en los llamados “sectores populares” tradiciones culturales cercanas a la libertad. 

Tal vez al ciudadano de a pie no le interese saber qué es la utilidad marginal, la importancia del sistema de precios o cómo el cálculo económico permite la división internacional del trabajo que lleva su subsistencia más allá de la caza y la recolección. Tal vez desconozca que el debido proceso, la seguridad jurídica, los derechos civiles y políticos tales como el voto, el libre desenvolvimiento de la personalidad y el resguardo de su propia intimidad obedecen a la lucha que siglos atrás llevaron insignes liberales frente a feroces tiranías hoy inimaginables.

Este desinterés no implica necesariamente que los venezolanos observen con desdén los frutos de la tradición liberal. El menosprecio del gobierno hacia la propiedad privada, los ataques a la libertad de expresión, la intromisión estatal en la educación no son aspectos que hayan pasado desapercibidos por los sectores populares.

Ciertamente, la acción política venezolana no ha tenido entre sus pilares el desarrollo de la libertad individual, sobre todo en el campo económico. Si al populismo estatista se le une el peligroso móvil de la envidia y la revancha, las incipientes semillas de libertad terminan por sucumbir ante el socialismo.

Ante esta circunstancia, el llamado es a no decaer y buscar los medios adecuados para la transmisión de las ideas liberales. Hay que saber comunicar. De lo contrario, el mensaje se pierde en el camino, se desdibuja, aún y cuando esté acompañado de las mejores intenciones.

La Venezuela presente constituye una oportunidad dorada para la difusión de estos valores. Fallecido Hugo Chávez, y constatado -una vez más- el palpable fracaso del socialismo, se abren las compuertas para la llegada de ideas y propuestas frescas en procura de un modelo de país distinto.

No es casual, por ejemplo, que un sector de la clase política venezolana se empeñe en desarrollar la acción política en torno a personas y no a ideas. Se trata de las mismas personas que por convicción o conveniencia aspiran a detentar el poder para reproducir un modelo fracasado en provecho de sus propios intereses.

Cuando el debate se traslada al campo de las ideas, la discusión adquiere otro cariz. Es un hecho históricamente probado que solo aquellas sociedades cercanas a un modelo de cultura liberal alcanzan los niveles de desarrollo y bienestar más acordes a la dignidad humana.

Más allá del cuestionamiento de las venideras elecciones municipales, la campaña electoral se presenta como un espacio que no debe desaprovecharse para la transmisión de las ideas liberales. Concejales y alcaldes son las autoridades más cercanas a la gente y por ello sus decisiones muchas veces afectan de modo más directo a los ciudadanos que cualquier decreto presidencial. Recorrer las calles con potenciales electores es una oportunidad que no debe desestimarse para intentar conciliar la democracia con la libertad.

ANDRÉS F. GUEVARA B. ― NOTITARDE