Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La libertad y los venezolanos. Carlos Goedder

En Venezuela ni se puede circular libremente, entre hampones y guarimbas.

Valoramos los venezolanos la libertad? Esta pregunta debería responderse individualmente. En el ámbito social, solo pueden verse tendencias y actitudes mayoritarias. A partir de ellas, vale preguntarse por la historia y el futuro de la libertad en nuestro país.

Si revisamos la historia venezolana, especialmente ahora que nos acercamos al bicentenario independentista, la libertad fue la consigna de nuestro nacimiento republicano. La terrible guerra que duró entre 1811 y 1823 la protagonizó una generación que mayoritariamente priorizó la libertad por sobre cualquier otro valor. Próceres como Bolívar, Sucre y Ribas, por poner el ejemplo de tres líderes, optaron por poner en riesgo sus haciendas, las vidas de sus familiares y la propia, eligiendo los sacrificios necesarios para alcanzar la libertad. Este desprendimiento y convicción por la causa liberal durante la guerra independentista fue seguido por la mayoría de la población, al punto que en 1814 casi dos tercios de los habitantes de Caracas emigraron al Oriente del país, rehusando someterse a las tropas realistas de Boves y sus excesos. ¡Cuántos venezolanos emigraron a las islas del Caribe por su afinidad a la causa patriota, pasando enormes trabajos y miseria!

Cómo contrasta esta situación con lo que ocurre a doscientos años de esos eventos. Desde al menos 1989 parece haber una preferencia mayoritaria por la igualdad. Los votantes han apoyado masivamente golpes de Estado y regímenes autoritarios, sacrificando con ello varias libertades básicas: expresión, propiedad, pensamiento y económica.

Bajo la consigna de un mejor reparto de la renta petrolera, Venezuela lleva quince años aceptando discursos populistas, el pensamiento político único, la sumisión al modelo revolucionario cubano, restricciones para invertir en dólares, escasez, inflación y violencia.

La pregunta sobre la libertad solo puede ser respondida individualmente. La relación con la libertad en la sociedad proviene de la forma en que cada ciudadano elija sus preferencias sobre valores. El argumento de que toda esta locura que viene viviendo Venezuela tiene un fin noble, la igualdad y mejor distribución de la renta y la riqueza, es engañoso. Es terrible verificar que muchos venezolanos se proclaman contrarios al chavismo, pero sus bolsillos sí han elegido plegarse a este régimen, aceptando trabajos en el sector público, contratos con el Gobierno y sacando provecho de cuanto control cambiario o de precios aplica este socialismo venezolano. Parece plausible, por la simple observación del entorno laboral, comunitario y hasta familiar, que muchos venezolanos han renunciado a la libertad por una causa más ramplona que la igualdad: enriquecerse de modo fácil.

¡Cuántas cadenas eligen los venezolanos desde hace muchos años! La predilección libertaria viene flaqueando desde el mismo nacimiento republicano. Al igual que Boves en 1814, la Guerra Federal, de nuevo bajo la consigna de igualdad, y en menor grado federación, propició una salvaje matanza que hizo del siglo XIX seguramente el más sangriento de Suramérica. La preferencia por regímenes militaristas y cuanto caudillo invitase al saqueo, tiñó de luto la tierra al menos hasta 1945, cuando se propuso una nueva consigna: democracia.

Si bien esta nueva consigna fortaleció el poder de la sociedad civil, verificamos que en Venezuela la democracia es ritualista, con ceremonias de afiliación a partidos, votaciones y referendos que legitiman a cualquier gobernante. Las elecciones venezolanas, ganadas por mayoría simple, sujetas a las maquinarias partidistas y los fraudes, no son democráticas.

La democracia entraña muchas cosas: en primer término, el respeto a las minorías, especialmente si la conforman jóvenes estudiantes disidentes. Segundo, que haya controles sobre los poderes públicos, lo que los anglosajones llaman checks and balances, donde el ciudadano realmente audita qué hace el Gobierno, en qué gasta y a quiénes da cargos burocráticos. Tercero, la democracia debe garantizar que el ciudadano no está expuesto al capricho del gobernante y sus excesos, contando con una Constitución que le proteja efectivamente de la tiranía. Todos estos son fundamentos liberales de la democracia.

En Venezuela ni se puede circular libremente, entre hampones y guarimbas. La devaluación moral mayoritaria prefiere el subsidio, el alcoholismo, el derroche exhibicionista, y sacrifica lo más importante, la virtud y el futuro de los hijos.

CARLOS GOEDDER | EL UNIVERSAL
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