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La medida del cambio

17/01/10

La caída de la producción se acentúa y extiende a otros sectores

Por: Domingo Fontiveros

La maxidevaluación cambiaria dictada en enero 8, corona el más rotundo y escandaloso fracaso económico de la revolución. Es de su sola y exclusiva elaboración, no tiene a quien echarle culpa, y tendrá enormes consecuencias negativas para las mayorías.

Además, es una medida tardía y mala. Más comprensible para el público habría sido tomarla hace un año cuando el petróleo venezolano se cotizaba en menos de $40 por barril y no ahora cuando supera los $70.

Técnicamente la sobrevaluación del tipo a 2,15 se amplió y prolongó en exceso e hizo ineficaz el control cambiario para paliar el aumento de costos. Ahora, con un tipo oficial dual y un tercero con intervención sucia, el mecanismo se hace más complicado de operar, y a todos los fines prácticos la referencia generalizada es una devaluación de 100%, quedando el tipo especial a 2,60 como una golilla para la corrupción.

Sin medidas complementarias en lo fiscal y monetario, el Gobierno tendrá que volver a devaluar quizá en menos de un año, y tumbar en forma sostenible el tipo flotante seguirá siendo una pesadilla.

Como se sabe, los controles de cambio no funcionan. Aún así, los gobiernos los imponen para no devaluar. Pero como no funcionan, tienen que maxidevaluar, dentro de los controles, como lo hicieron Lusinchi en 1986, y Caldera, en 1996, con consecuencias perniciosas. Lusinchi le entregó a CAP un Recadi inservible; luego vino la liberación del cambio. Caldera tuvo también que liberar 6 meses después de haber maxidevaluado. El gobierno actual, luego de 6 años de control cambiario, recurre a otra “maxi”.

Desorientado en el laberinto de sus errores financieros complicado por el suicida afán socializante, el Gobierno busca multiplicar los bolívares a su comando para inflar el gasto político con miras a las elecciones parlamentarias de septiembre, en las que el PSUV, incluso antes de esta devaluación, se vislumbraba podía salir perdidoso por los problemas de contracción, inflación, racionamiento de agua y luz, inseguridad ciudadana y corrupción.

En efecto, la aparente ganancia por efecto cambiario puede rondar la sideral cifra de Bs. 100 millardos. Armado con la cartera llena de billetes adicionales, el Gobierno podrá emprender muchas iniciativas para recuperar parte de las simpatías perdidas. No obstante, es una apuesta fuerte y de alto riesgo. En lo monetario, para mencionar un factor, las utilidades cambiarias previstas requieren decisiones por parte del instituto plus-emisor que van a costar mucho en inflación adicional por encima del impacto directo de los nuevos tipos cambiarios. Que el efecto gasto compense al efecto inflación en las preferencias populares es algo que está por verse.

El resto de los problemas seguirá también pesando. La caída de la producción se acentúa y extiende a otros sectores, la pérdida del ingreso familiar se va a profundizar y el racionamiento de servicios básicos es un plomo para el nivel de vida. Ningún gobierno sobrevive por elecciones a esta situación.

Por ello, compensar estas calamidades a través de promesas redentoras con mayor gasto político va a ser como una aventura frustrada de Indiana Jones. Tendremos que vivirlo y prepararnos para una rectificación general no del Gobierno, ni de la oposición, sino de todo el pueblo.

dfontiveros@cantv.net

El Universal