Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La muerte de los “ismos”. José Toro Hardy

El concurso del sector privado es indispensable para sacar adelante al país
Soplan vientos de cambio. El ensayo socialista ha fracasado aquí como en todas partes. ¡Llegó la hora! No son las miles de industrias y decenas de miles de empresas que han cerrado sus puertas o las fincas que han sido expropiadas sin compensación lo que más me preocupa. Todo esto podrá recuperarse y corregirse. Lo que más me preocupa es el problema moral. Allí es donde habrá que hacer más énfasis. No podemos permitir nunca más a malandros disfrazados de ideólogos, ni de un lado ni del otro del escritorio.

Tendremos que curarnos en salud de las ideologías extremas. Llámense fascismo, nazismo, comunismo o cualquier “ismo”, aunque se le imponga como prefijo el nombre de algún héroe.

El populismo, disfrazado a veces de alguna ideología pseudocientífica, termina por generar fanatismos y odios. A veces adopta la forma de dictaduras militares como las que hemos padecido en Latinoamérica, en tanto que en otras culturas se mimetiza bajo la apariencia de credos fundamentalistas, como ocurre en Irán.

Estas aberraciones parecen conducirse de acuerdo con un cierto ciclo al final del cual lo que predomina en las sociedades es hastío, frustración, empobrecimiento y desilusión. Cuando eso ocurre el desgaste del líder -que vive despegado de la realidad- ya se ha consumado. Quienes pretenden venderlo como un dios harán lo imposible por resucitarlo. Es inútil. Ya la deidad se está muriendo en el corazón de sus fieles, aunque a este lo pinten de colores.

A partir de ese momento lo importante es cómo va a manejar la sociedad la transición que se avecina. Diría yo que lo primero es evitar lo odios y las venganzas. El objetivo debe ser buscar una reconciliación. Los delitos tendrán que ser manejados por un sistema judicial de manera independiente y ecuánime.

Se debe recuperar la majestad y el equilibrio entre cada uno de los poderes públicos. Una democracia real no puede operar sin que a la vez funcione ese mecanismo que los anglosajones denominan “check and balances”. Los excesos de cada poder deben se contenidos por la acción de los otros poderes, siguiendo la norma señalada por el barón de Montesquieu: “Le pouvoir arrête le pouvoir” (el poder frena el poder). También de los anglosajones debemos retomar una norma fundamental: “accountability”. Los poderes tienen que rendir cuentas de sus acciones y sus acciones tienen que estar ajustadas al mandato de la Constitución y las Leyes.

Quien a través de un proceso electoral transparente y limpio sea designado Primer Mandatario, debe comprender el sentido mismo del cargo que recibe. El Primer Mandatario -como tantas veces lo recordó Alberto Quirós Corradi- no hace otra cosa que cumplir un mandato; pero los mandantes somos los ciudadanos.

La seguridad jurídica, deberá ser la columna vertebral del sistema. Sólo así podremos reinstitucionalizar un país que además debe separarse de la práctica salvaje de desconocer los tratados internacionales, en particular aquellos que tienen que ver con los Derechos Humanos.

La seguridad física de los ciudadanos, el respeto a la propiedad privada, la atención a los problemas sociales, la reactivación de la economía son, entre otras, prioridades en la etapa de transición que viviremos.

A través de políticas económicas y sociales sensatas, seremos capaces de atraer inversiones para reactivar el empleo. La secuencia es sencilla: si hay seguridad jurídica hay inversión, si hay inversión hay empleo, si hay empleo aumenta el consumo, si esto ocurre, hay que producir más bienes para atender la demanda adicional, con la cual se produce en etapas sucesivas cada vez más inversión, más empleo y más consumo, conduciendo al país por un círculo virtuoso de enriquecimiento.

Es primordial la atención a las necesidades de educación, salud, seguridad, justicia, empleo, vivienda, servicios públicos tales como la electricidad y el agua, transporte e infraestructura, cultura y defensa. Todas esas son funciones que el Estado debe promover y atender. El concurso del sector privado es indispensable para sacar adelante al país. Las inversiones nacionales o extranjeras también son indispensables.

La prioridad debe ser Venezuela. “Hecho en Venezuela” es una frase que debe llenarnos de orgullo. No estamos en condiciones de seguir financiando ideas trasnochadas en otras latitudes, desviando para esos los recursos que de manera indispensable requerimos los venezolanos. Los recursos alcanzarán si los concentramos en el país.

¡Llegó la hora! Soplan vientos de cambio.

pepetoroh@gmail.com

@josetorohardy

JOSÉ TORO HARDY | EL UNIVERSAL
martes 2 de octubre de 2012 12:00 AM