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La muerte remota. Carlos Raúl Hernández

Este 2014 es año de muerte y gloria para los estudiantes venezolanos.

Este complicado mes que comenzó el 12 de febrero, comprueba nuevamente una verdad centenaria: el valor insustituible de los estudiantes en las luchas políticas latinoamericanas. Los jóvenes temerarios, para quienes la muerte es un asunto muy remoto para tomarlo en serio, hoy de nuevo deslumbran y subrayan la condición fascista del régimen venezolano con una larga línea de sangre y vidas tronchadas. Por desgracia unos quieren usarlos y otros matarlos.

Desde comienzos del siglo XX, en medio de brutales dictaduras militares en la región, las elites ilustradas, entre ellas los universitarios, incorporaron a sus países el pensamiento político moderno. Fueron pioneros de la democracia, como las generaciones de la Reforma de Córdoba y las del 28 y el 36 en Venezuela, y así ocurrió por medio siglo. Durante “la terrible década de los sesenta” como la llama Américo Martín en su maravilloso libro, el fidelismo infiltró casi todos los partidos de centro e izquierda y los estudiantes fueron protagonistas desgraciadamente del fanatismo revolucionario.

Carne de cañón del castrismo, los jóvenes murieron, recibieron torturas, hicieron guerrillas y pasaron a la clandestinidad, en pos de un sueño que resultó pesadilla. En 1968 se agitaron en todas partes del mundo, desde EEUU hasta los países comunistas, para repudiar la guerra en unos casos, y en otros exigir libertad y democracia. La monumental rebelión estudiantil del “mayo francés”, hizo reaccionar aquella sociedad contra la personalidad autoritaria de De Gaulle, un mandatario decente que repudiado renunció. En Latinoamérica las luchas estudiantiles estuvieron siempre asociadas a concepciones estratégicas, la insurrección guerrillera o el putchismo con militares de izquierda, que intentaron golpes de Estado memorables, como el Carupanazo y el Porteñazo. Y así fue en el resto del continente, en Perú, Panamá, Bolivia. Si perdieron no fue por ingenuos sino porque el liderazgo democrático fue superior.

Luchan por la democracia

La guerrilla fracasó, el socialismo militar también y los movimientos estudiantiles pasaron a otras etapas. En Venezuela a partir de los 2000 se hacen componentes de la lucha por la democracia y adversarios del criptocomunismo, salieron a luchar y contribuyeron al triunfo en el referéndum de 2007. En 2011, tomaron las calles en Chile, con objetivos cuya claridad resulta por lo menos discutible. Malaparte explica que para asaltar el poder, debe estudiarse bien cuál es el dispositivo político que lo concentra y cuál su punto de ruptura, para apuntar, como hizo Lenin en una operación tan perfecta que ni siquiera hubo sangre. Ese es elemento central de cualquier estrategia. El foquismo, al contrario, es la cándida idea de que una chispa al azar enciende la pradera, lo que puede producir incendios forestales, pero difícilmente victorias políticas.

A veces triunfan los aletazos de suerte pero un golpe de dados no abolirá el azar, diría Mallarmé. Una estrategia consiste en determinar el punto de ruptura de una situación. Betancourt explica por qué en 1945 la autocracia simpática de Medina Angarita estaba quebrantada en las FF.AA, y cuatro años después ocurrió lo mismo a Gallegos. En los 60s el mismo Betancourt derrotó el golpismo, pese a que los militares seguían siendo la herida sangrante de un “experimento democrático” acosado tanto por el antiguo régimen como por la izquierda. Su triunfo para cohesionar las FF.AA trae décadas de estabilidad. Chávez recibe una derrota militar el 4F tal vez porque el punto vulnerable del gobierno de Pérez estaba en las instituciones civiles, su traición y desorientación, y gracias a ellas aquél llega al poder en 1998. Este 2014 es año de muerte y gloria para los estudiantes venezolanos.

El espejismo

Los heroicos muchachos quedaron atrapados en una tenaza de factores externos que tiene por un lado el voluntarismo, la ingenuidad o la arrogancia de quienes se engañaron con el espejismo de una fisura (y se metieron a brujos sin conocer la yerba) y un gobierno fascista sin ningún escrúpulo para el ejercicio, y que actúa con sadismo y bestialidad. Y como no hay drama sin burlesco, la nota ridícula, increíble, insólita, una especie de cantinflérico “estado mayor” en Florida y un adivinador de feria desde Brasil que “dan órdenes” por Twitter a una tropa imaginaria. Si es Ud. un vecino atormentado por las “guarimbas”, los “colectivos” y la GNB, es recomendable que ingrese a esas cuentas zafias, de un general retirado, un exactor, un diletante de oficio desconocido, y uno que otro desocupado que se sienten cada uno como Eisenhower en las insomnes madrugadas previas del Desembarco a Normandía.

Para la antología del ridículo universal, recomiendan tácticas de la guerrilla vietnamita, con el detalle que promueven una insurrección sin armas contra grupos de asesinos a sueldo. Sin arriesgar un pelo, instruyen a los vecinos sobre cómo arrojar Molotov por las ventanas, y no pasean sus vacías cabezas por el contragolpe que ello acarrearía. Y el adivinador brasilero, dedicado a desacreditar los líderes opositores, quién sabe a nombre de qué intereses. El camino a seguir son movilizaciones amplias, que no asusten a la gente indecisa y que se organicen en torno a las necesidades vitales de la gente, en demostración de que la alternativa es una “fuerza tranquila”.

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ ― EL UNIVERSAL
@carlosraulher