Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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La quiebra de la realidad

Entramos a una nueva etapa, donde el gobierno intentará fortalecer políticas que hasta ahora no han resuelto sino más bien agravado los problemas de nuestra sociedad.

Para este gobierno la vida es un carnaval perpetuo. Una mascarada continua, una tramoya constante, un ruidoso desfile de eufemismos que tiene como única finalidad el aturdimiento social para que los ciudadanos dejen de discernir y pasen a comprar la engañosa oferta del socialismo del siglo XXI.

Pero la realidad sigue allí, con una recalcitrancia sorprendente, para contradecir todas y cada una de las apuestas ideológicas del gobierno. Para remarcar cada uno de los fracasos, como si existiera de veras una gran confabulación para abortar todos los planes propuestos y concebidos bajo la égida filosófica de su comandante.

Tal vez porque los deseos no empreñan, el presidente deba exhibir una constelación de fracasos en las mismas áreas en las que sus colegas latinoamericanos presentan buenos resultados. Porque no es un problema de apuestas ideológicas y de arengas a la conciencia de los pueblos, sino de la posibilidad de tomar buenas decisiones y de la estrecha vinculación que hay entre los medios que se utilizan y los fines que se pretenden. Y en eso el régimen es un verdadero fiasco porque decide mal, confía en lo que no debe, y en lugar de buscar corregir sus propios entuertos, gasta energías en fabricarse unos culpables.

Por eso sigue enfermo él y sigue maltrecha la economía, porque ambas dimensiones, la más privada de la salud del presidente, y la que tiene que ver con políticas públicas, padecen del mismo pecado original: el pretender que la voluntad manifiesta de un líder es causa suficiente para trastocar la realidad. Y no es así.

El régimen decretó una ley de costos y precios y anunció finalmente que los primeros 19 rubros iban a recibir una rebaja del 16% promedio en sus precios de venta.

Otra vez una mentira presidencial se ve rebatida, porque decenas de veces el mismo Chávez denunció una especulación monstruosa en la que los empresarios multiplicaban indebidamente por cinco, diez o cien veces el precio “justo” del producto. Y terminaba con la muletilla usual “ese es el capitalismo compadre”. ¿Qué se hizo toda esa confabulación? Porque su propia entidad, que se dedicó con furor fundamentalista a rebanar los precios no pudo sino llegar en algunos productos a la cifra de un 25%. Por eso se retardaron en presentar los anuncios.

Porque la realidad es otra: la inflación está asociada a esa forma de ser tan peculiar del gobierno que mezcla la arrogancia del diletante con poder, el desorden administrativo más primitivo y una rapiña generalizada en la que se sustituyen empresas por negociados. Los desvaríos de nuestra economía encuentran en el chavismo su principal causa: esa declaración constante de “estar en revolución” y que por lo tanto “todo está en proceso” que lo mismo significa desconocer derechos sindicales cuando se trata de las empresas públicas, que imponerle a las privadas una carga tras otra, sin considerar que ellas tienen que expresarse en mayores costos, y por supuesto, mayores precios.

La inflación que tanto perturba al practicante del socialismo del siglo XXI tiene que ver con una nómina de empleados públicos equivalente al 18% de la población activa, y una lista de empresas desahuciadas, que antes producían ganancias, pero que ahora dependen del presupuesto.

Los controles de precios, estos controles del socialismo del siglo XXI matan la confianza social. Aquí en el país no hay futuro que se pueda predecir si ni siquiera se puede anticipar cuales van a ser las condiciones laborales a partir del 1ero. de mayo. La inflación no es tanto el resultado de una conjura del capitalismo mundial como el resultado de un gobierno equivocado en sus ideas, desacertado en la selección de sus funcionarios, y errado en las políticas que aplica. No puede sonar peor una orquesta en la que el director es militar, el que toca el piano es mocho, el trompetista tiene enfisema y el que está a cargo de la percusión es sordo. Y para colmo, intentan tocar sin el apoyo de la partitura, porque a algunos les gusta improvisar, y otros quieren aprender teoría y solfeo mientras van tocando. Esa orquesta es el gobierno. Por eso la inflación que tanto preocupa al régimen es el mejor reflejo de la desconfianza que provoca una forma de gobernar tan discordante, tan atonal, tan ruidosa.

En esta etapa el gobierno intentará fijar precios y buscará razones para intervenciones e inspecciones. Chávez volverá y amenazará con expropiaciones. Nada nuevo. Seguirá el cerco empresarial, se reafirmará la fatal equivocación de los controles, y continuará rampante la inflación y la escasez. Seguiremos perdiendo oportunidades y nos mantendremos a la cola del mundo. En eso consisten estas carnestolendas perpetuas. Pero la realidad continuará señalando al mentiroso y amenazándonos con la quiebra.

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