Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La racionalidad económica. Orlando Ochoa

En la economía mundial del siglo XXI se mantienen problemas viejos de las sociedades humanas, como la pobreza y la falta de oportunidades en la vida de vastos sectores sociales.

Los problemas de pobreza extrema tienen que ver en la mayoría de los casos con naciones con limitaciones básicas en su capacidad de organización política, económica y social. La solución está en desarrollar buenas instituciones, en ayudar a los más pobres, pero también en incentivar a los mejor educados a producir y ser innovadores, en vez de dedicarse a actividades rentistas a la sombra de malas políticas de gobierno y la corrupción.

En las sociedades más pobres y atrasadas suele haber más corrupción y peores instituciones. No es casualidad. Es triste, pero en realidad es imposible solucionar la pobreza extrema de una nación mientras las causas estructurales del atraso institucional y económico se mantengan. Incluso, cómo se ha podido observar, una parte importante de la ayuda humanitaria termina en redes de corrupción.

Pero algo ha cambiado para bien en la economía mundial del siglo XXI, se ha llegado a un consenso universal sobre las instituciones y políticas adecuadas y para la estabilidad económica (precios, tipos de cambio y tasas de interés), con enormes beneficios para el salario real, progreso social y mayor efectividad de las políticas de gobierno para reducir la pobreza. Hay y habrán casos de naciones con grandes excesos fiscales (Grecia, Venezuela y otros), algo que en la política sin escrúpulos ocurre para fines electorales.

Sin embargo, con excepción del Gobierno de Hugo Chávez, nadie en el mundo apoya las reformas legales para que un banco central imprima dinero nuevo, sin respaldo, para financiar al sector público (Gobierno y PDVSA), lo cual eleva la tasa de inflación y empobrece; tampoco el aumentar la deuda pública y otros pasivos ocultos, para elevar el gasto público en forma insostenible, como un engaño al electorado. En este sentido, aunque marxistas recalcitrantes como el ministro Jorge Giordani hablen de ideas estúpidas en el siglo XXI como organizar a la sociedad en Comunas, en el mundo la racionalidad económica ya se asume como un aliado del progreso social. Venezuela será junto a las empobrecidas Cuba y Corea del Norte, los últimos países en aceptar lo que es hoy ya parte del conocimiento universal.

Twitter: @orlandoochoa

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