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La Responsabilidad Social de la Empresa Privada. A. Monteverde

El empresario exitoso normalmente sufre un profundo complejo de culpa. Siente que su éxito es ofensivo cuando existen millones de personas que viven en la pobreza. Siente que no ha hecho lo suficiente para contribuir a mejorar el bienestar de la sociedad. Sufre las recriminaciones de dirigentes políticos, sindicales y sociales que lo responsabilizan de la pobreza de sus conciudadanos.

Me resulta difícil entender la supuesta responsabilidad del empresario exitoso en relación a los males de la sociedad. Cuando pienso en las recriminaciones que reciben esos empresarios, siempre pienso en el portugués del abasto. Satisface eficientemente las necesidades de sus clientes, crea decenas de empleos directos e indirectos, paga más del treinta por ciento de sus ganancias mediante el impuesto sobre la renta, sirve como agente de recolección de otros impuestos para el Estado y soporta estoicamente el acoso del Seniat y el Indepabis.

¿Qué más tiene que aportar a la sociedad? Ciertamente muchos empresarios exitosos van mucho más allá ya que hacen cuantiosasdonaciones a instituciones benéficas. No obstante, nadie tiene derecho alguno a exigírselas ya que su contribución social mediante su actividad empresarial, en el sentido más estricto, supera a la que realiza cualquiera de los habituales críticos del empresariado. Si el Estado cobra altos impuestos a los empresarios y debe garantizar el bienestar de los más necesitados ¿por qué el portugués tiene que compartir las responsabilidades de los funcionarios públicos? ¿por qué los gobernantes tienen que usar a los empresarios exitosos como chivos expiatorios de su ineptitud? Al fin y al cabo, los funcionarios públicos no crean riqueza alguna, sino que se
limitan a administrar deficientemente los impuestos que cobran a todos los ciudadanos.

Ante ataques tan feroces, las empresas han asumido que están obligadas a gastar parte de sus recursos en proyectos para el supuesto bienestar colectivo. Aunque esa iniciativa sea moralmente loable, tiene funestas consecuencias económicas y sociales. En efecto, el único objeto de una empresa debe ser la maximización de las utilidades para sus accionistas. Si se disminuyen las utilidades de los accionistas al desviar recursos para el cumplimiento de los llamados proyectos de responsabilidad social, se atenta contra la fortaleza y crecimiento de la empresa lo cual perjudica todos los beneficios sociales que naturalmente genera la auténtica actividad empresarial.

No hay problema alguno si luego los accionistas deciden donar la totalidad de los dividendos que reciben de la empresa ya que ello no interfiere en el funcionamiento normal de la empresa. Además, no se refuerza la falaz idea de que la empresa tiene una responsabilidad social diferente que el cumplimiento de sus obligaciones legales.

Lamentablemente, los ataques contra la empresa privada son tan feroces que las contribuciones a proyectos de responsabilidad social empresarial terminan convirtiéndose simplemente en una necesaria inversión en relaciones públicas. No obstante, jamás lograrán apaciguar a los críticos de la empresa privada que se alimentan de la envidia y de un discurso anticapitalista que no se puede apaciguar con paños calientes.

¿El portugués del abasto de su barrio no invierte en responsabilidad social? Bueno, como son tan naturalmente inteligentes, no hacen el papel de tontos útiles gastando dinero en proyectos que la mayoría no agradece. En efecto, jamás he visto a los beneficiarios de esos proyectos de responsabilidad social empresarial salir a defender a una empresa privada ante una nacionalización o una inspección del Seniat o del Indepabis.

Andrés Monteverde.
* Abogado, profesor universitario, comité académico Cedice Libertad.

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