Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La tragedia comunal. Andrés F. Guevara B.

Mucha suspicacia ha generado la reciente movida comunal en la opinión pública. Se asegura que, finalmente, se impondrá el comunismo en Venezuela. Como si la historia pasada, no solo la que comprende al socialismo bolivariano sino buena parte del transitar republicano, estuviese inmaculada de cualquier viso colectivista.

Venezuela es un país con una profunda vocación hacia el colectivismo. Lo que se vive en el presente no es más que la maximización de un corpus ideológico que día y noche, de forma incansable, se ha venido inculcando en la vida de los venezolanos. No es casualidad, por ejemplo, que la Constitución de 1999 propugne como valores superiores del ordenamiento jurídico la solidaridad y la responsabilidad social.
El éxito individual se condena. La competencia se menosprecia. Cualquier matiz de egoísmo debe tirarse al cesto de lo prohibido porque nuestra sociedad altruista implica la ingenua idea del bien común. “O nos salvamos todos o nadie se salva”, es la consigna que impera en nuestro tejido social. Esa ha sido la idea señera del devenir patrio y los resultados han sido desastrosos. Y lo que es peor aún: lejos estamos de abandonar este camino. Pretendemos cambiar a los protagonistas de la historia pero no el guion de su obra.
El comunismo no se “impondrá” en Venezuela. Está inoculado y profundamente arraigado a nuestra creencia como pueblo, a nuestra épica buensalvajista, a nuestro profundo complejo de minusvalía que nos impide acceder a los predios de la modernidad. Algunos asegurarán que no es así, que el pueblo venezolano tiene una larga raigambre democrática que sirve como muro de contención ante la tentativa totalitaria. Que el pueblo elige, toma decisiones y participa. Que el comunismo contraviene esta noción tan elemental que como pueblo democrático nos caracteriza.

Creo, y así lo sostengo firmemente, que la democracia es compatible con el comunismo. Y que, in extremis, ambas ideas llegan incluso a toparse. De allí que la democracia no sea ningún escudo frente al comunismo. Siguiendo la conocida frase atribuida a Benjamin Franklin, “la democracia son dos lobos y una oveja votando cuál será el almuerzo”. Si los lobos son comunistas pues ya se sabrá cuál será el resultado. Exactamente esto es lo que sucede en Venezuela.

La situación que vive Venezuela trasciende con creces al debate comunismo versus democracia y se ubica en la esfera de la defensa de la libertad. Algunos pareciera que comienzan a reparar en este hecho. Los pasos son muy tímidos. Pero es imperativo girar hacia esta dirección. Centrar el debate en las causas últimas de nuestros problemas: de cómo el colectivismo se impone sobre el individuo y cómo en nuestra sociedad no se nos enseña a valorar la libertad individual.

Nuestra tragedia es tan profunda que es muy probable -y lo digo sin ningún atisbo de duda- que nuestra generación no logre ver una Venezuela fundada en la libertad. Sin embargo, incluso conscientes de la desilusión que ello implica, así sea para el bien de los futuros individuos que habiten esta tierra, vale la pena intentar siquiera propagar la llama de la libertad.