Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
La voz potente de un preso. Alberto Benegas Lynch

China es un enigma. Su historia es de gran interés, además de lo archiconocido en cuanto al té, el arroz y las porcelanas, hay que destacar que fueron pioneros en la invención de la imprenta, un hecho que se le pasó inadvertido a Marco Polo puesto que quedó encandilado con el papel moneda a que los chinos también fueron los primeros en recurrir. Incluso los fideos atribuidos a los italianos tienen su origen en China, solo que elaborados con harina de arroz en lugar de con harina de trigo.

Si bien China tiene una historia que comienza 3.500 AC —en una parte fragmentada y en otra unificada y siempre con una amalgama de varias culturas— la parte de mayor interés comienza con la influencia del confusionismo 500 AC debido al peso de esta tradición en la formación del carácter, el sentido de justicia, del deber y del honor, la importancia de la lectura y las limitaciones al poder gubernamental. Esto último fue desarrollado por Lao-Tsé seis siglos antes de Cristo a través de reflexiones de gran calado sobre los peligros de los aparatos estatales y la necesidad de protegerse de sus abusos e incluso cuestiona la conveniencia de contar con el monopolio de la fuerza.

Esta larga tradición de conflictos con el omnipresente Leviatán en algunas dinastías más contundente que en otras, fue llevada a grados inauditos por el comunismo que solo bajo Mao asesinó a 65 millones de personas y mató de hambre a 300 millones: convirtió al país en una verdadera cárcel.

Mao Yushi, el octogenario y célebre economista chino ganador el año pasado 2012 del Premio Milton Friedman otorgado por Cato Institute de Washington DC, en uno de sus artículos recientes titulado “La caída del Sol Rojo” refleja bien el sistema totalitario contemporáneo en China: “Algunas personas aun tratan a Mao Tse-Tung como un dios y con ello no se da lugar a que se lo juzgue ya que no se puede comentar sobre una divinidad […] Afortunadamente, la difusión de nuevo material muestra otra perspectiva […] Es responsable de las hambrunas que liquidaron a trecientos millones de seres humanos […] El llamado Gran Salto hacia Adelante y la Revolución Cultural están completamente divorciados de la realidad […] Mao quería destrozar toda oposición política y expandir infinitamente su poder […] Incluso extendió la lucha de clases en sus propias filas para que dentro del partido todos se sintieran inseguros, estableciendo así relaciones extremadamente anormales […] Mao no solo provocó el máximo de dolor en su país sino que se embarcó en extender su revolución a Malasia, India, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Nepal, Sri Lanka y otras partes el mundo […] Pol Pot fue un buen discípulo de Mao en Camboya […] Mao murió sin el menor atisbo de arrepentimiento”.

Tal vez el mártir de mayor renombre en China sea Liu Xiaobo, preso desde 2009 por once años por “instigación a socavar el poder estatal” según el fallo respectivo pronunciado el día de Navidad del referido año. En 2012 le fue otorgado el premio Nobel de la Paz que no pudo recibir por estar encerrado en la cárcel comunista. Xiaobo se doctoró en literatura y escribió once libros e infinidad de artículos. Al comienzo de su carrera sus ideas estaban influidas por Marx, Nietzsche y Hegel pero paulatinamente se fue acercando primero a pensadores como Isaiah Berlin y luego a autores como Friedrich Hayek, lo cual naturalmente lo fue separando cada vez más radicalmente del régimen imperante de la era post-Mao y mantiene que sus esfuerzos están encaminados a ser “la última víctima de la inquisición literaria”.

Sus aportes más recientes denotan una  gran preocupación por el sistema imperante y una aguda mirada sobre la situación china. Dice que el llamado “milagro chino” es falso ya que se sustenta en pequeños islotes de relativa libertad en los que consecuentemente florece un enorme avance material que es al solo efecto de enriquecer a la nomenklatura y a sus amigos cercanos al poder que se hacen trampa entre sí por la inaudita corrupción. Los intelectuales son sobornados con cifras mayúsculas para que le hagan de apoyo logístico a los jerarcas el partido. Asimismo, señala que opera un gran cinismo en diversas capas de opulentos dentro de la sociedad china puesto que no pocos alaban en público lo que condenan en privado y, en este contexto, la juventud se afilia al partido comunista al solo efecto de escalar posiciones y ganar dinero en medio de una pobreza colosal del multitudinario e ignorado campesinado y de habitantes de pueblos que no están tocados con la decisión de los antedichos islotes semi-libres.

Escribe este valiente premio Nobel en su muy difundido artículo titulado “El trasfondo del milagro chino” que “El poder es el factor decisivo en la distribución de los recursos; la distribución del poder determina como se distribuye el capital. El capital privado no se distribuye en China sobre la base del derecho y la moral. Lo que reina aquí es el bandolerismo. El mercado inmobiliario se lo reparte entre sí la mafia de los más influyentes, y el mercado financiero controlado por el Estado se ha vuelto un paraíso para los mongoles del capital que de la noche a la mañana acumulan cifras extraordinarias”. Sostiene en otra columna titulada “La tierra en propiedad del Estado” que no hay tercera vía “Es como decía el economista Mao Yushi `solo la privatización de la tierra’ puede resolver los problemas” y estas y otras políticas de respeto recíproco surgirán en la medida en que se fortalezca la sociedad civil con principios morales sólidos tal como subraya en su magnífico escrito titulado “La transformación del régimen a través de la transformación de la sociedad”.

Hemos consignado antes que las visiones contrapuestas de Guy Sorman que ilustra con el título de su obra: China, el imperio de las mentiras, y por otra parte la lectura más optimista de Eugenio Bregolat en La segunda revolución china en cuanto que desde el aparato estatal se verán forzados a reconocer más libertades, ahora contrasta con lo dicho por Liu Xiaobo en cuanto a que nada se puede esperar desde la cúspide del poder y todo de las bases de la sociedad, en la medida en que se comprenda que los valores morales tienen prelación sobre lo crematístico y, en última instancia, dependen de ello para contar con un progreso genuino.

Buena parte de los artículos de este literato de formidable calado están recogidos en un libro cuyos editores eligieron para la versión alemana un título un tanto gelatinoso imbuido de una mal entendida y a nuestro juicio discutible, peligrosa y contraproducente misericordia, giro que alguna vez utilizó el autor en uno de sus repetidos y extenuantes alegatos ante los desfachatados “tribunales populares” que se tradujo al castellano comoNo tengo enemigos, no conozco el odio.

ALBERTO BENEGAS LYNCH ― EL CATO

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 4 de abril de 2013.