Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Las claves de Lord Acton. Victor Maldonado

La exagerada especialización hace perder la perspectiva al mejor de los hombres.

Historiador y político inglés del siglo XIX, a él le debemos un apotegma crucial: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es así para todos los casos, públicos y privados, y debería ser considerado uno de los problemas más significativos de la gerencia. No hay gerencia que carezca de poder para lograr la realización de los objetivos de la empresa, pero hay un punto en el que más allá deja de ser virtud y comienza a ser la causa de todos los males.

¿Cómo anticiparnos a las trampas del poder? John Dalberg-Acton recomendaba abundar en la cultura para evitar los riesgos de una exagerada especialización, que termina haciendo perder la perspectiva al mejor de los hombres. “Un hombre culto no puede ser tal especializándose en una sola materia, sino que debe recibir la influencia de las disciplinas naturales, civiles y morales”. La falta de perspectiva que criticaba Lord Acton es carecer de una clara y adecuada comprensión de los acontecimientos, es dejar pasar por alto, y a veces incluso olvidar, lo que ya se conoció en el pasado. Otro peligro es darse por satisfecho en cuanto a la sabiduría. “Siempre hay algo que aprender, siempre hay que estar en proceso de adquirir nuevos conocimientos”. El poder empieza a ser un peligro cuando el que lo ostenta comienza a sufrir de prepotencia. La arrogancia es el principio del fin.

El engreimiento es la más peligrosa tentación de un líder. Por eso mismo un buen gerente debe estar en constante revisión. Lord Acton propone 16 claves para mantener la capacidad de tomar buenas decisiones: “Se aprende tanto leyendo como escribiendo; Nadie puede basar su sapiencia en la lectura de un solo libro porque esa condición te convierte en un fundamentalista. Busquen indicaciones y sugerencias en otras fuentes.

Nunca dejen de estudiar; No confundan los hombres con las cosas. Cada uno tiene criterios de análisis absolutamente diferentes; Guárdense del prestigio de los grandes hombres. Hoy lo tienen y mañana dejan de tenerlo. El ascendiente no hace a nadie más infalible; Hagan que sus juicios y decisiones sean realmente suyos, y no tengan miedo de la desaprobación. Sean auténticos. No tengan miedo a disentir; No crean en nada que no sea demostrable. No caigan en las trampas de la superstición; Sean más rigurosos con las ideas que con las acciones.

Las acciones son consecuencias, buenas o malas, de las ideas; No menosprecien la fortaleza de las causas malas ni subestimen la debilidad de las buenas; No se asombren jamás de ver cómo caen los ídolos o de descubrir esqueletos. El poder y sus beneficios son efímeros y contingentes; Juzguen al ingenio por sus pruebas mejores y al carácter por las peores; Hay que temer más al poder que al vicio; No envilezcan jamás el juicio moral, tampoco degraden sus estándares de rectitud; Juzguen siempre a los demás con la misma máxima que gobierna sus propias existencias; No permitan que un hombre o una causa escapen al juicio sereno de la historia, siempre capaz de colocarlos en el sitio que merecen; No confundan la virtud con el vicio, ni lo justo con lo inicuo”.

El autor hace hincapié en el criterio. Un buen gerente lo será si y solo si desarrolla ese carácter que permite liderar a otros sin empeñarse en imponer por la fuerza su autoridad. Ese manejo sereno de los otros se funda -a juicio de Lord Acton- en la claridad con la que distingue lo bueno de lo malo. La historia enseña la prudencia, no los principios. “Ni siquiera en los peores tiempos podrán excusarse las ambiciones, las traiciones, los perjurios, porque estos son precisamente los que hacen que algunas épocas sean perversas…” Y en eso estriba la claridad de aquel que dirige a otros, en la capacidad que demuestre para vadear lo confuso, porque tal y como argumentaba el historiador inglés “desde el principio, la justicia siempre ha sido justicia, la piedad siempre ha sido piedad, el honor ha sido honor, la buena fe ha sido buena fe y la veracidad veracidad”.

Los tiempos tientan para invertir los valores de acuerdo con el signo de cada época, pero los resultados solo serán fructuosos si los fines perseguidos son los mejores. Por eso mismo “la libertad es el reino de la conciencia y la condición del deber”. Solamente el que piense así tendrá anticuerpos suficientes para evitar caer en las garras de la corrupción, devorado por su futilidad, integrado a lo avieso.

VICTOR MALDONADO | EL MUNDO
@vjmc