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Las colas, los turnos para comprar: ¿Venezuela es una sociedad condenada? ―Ni en los peores relatos de Ayn Rand―

La Rebelión de Atlas es la novela más famosa de Ayn Rand que relata la rebelión de unos héroes (empresarios, artistas, escritores, los verdaderos emprendedores y creadores) contra las políticas intervencionistas del Gobierno y la aquiescencia y colaboracionismo de políticos y de otros empresarios (identificados todos como saqueadores), y que al no estar dispuestos que se apropien de su trabajo por el “bien común” o el “altruismo”, desaparecen poco a poco paralizando por completo al país.

Aunque pocos le reconocen un valor literario a este libro, es innegable el discurso liberal que efectivamente transmite, incluso para sus críticos. No pueden negarse los sentimientos encontrados a los que nos lleva Rand. Por un lado la sensación de encierro y agobio ante la ausencia de libertad por la fuerte intervención del Gobierno “imaginario” (a veces uno se pregunta qué tan imaginario es) de Rand; y por otro lado, la sensación de confianza en el individuo y en sus infinitas capacidades con la defensa de la libertad y del esfuerzo propio que hacen sus personajes principales.

#CediceObserva ― “Las colas, los turnos para comprar: ¿Venezuela es una sociedad condenada?”

 

Una de las citas que más recuerdo y que más me afecta al leerla por lo cierta: “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”.

Es difícil no ver en la Venezuela de hoy estas similitudes. Tenemos un régimen que aplica controles de precio y de cambio; que interviene en todos los sectores de la economía; que instaura una economía planificada y centralizada; que irrespeta la propiedad privada y la libertad; que en definitiva instrumentaliza a la persona, que queda en un último plano. El resultado previsible de todo esto es inflación, escasez, colas para adquirir productos de primera necesidad, el uso de captahuellas, los turnos para comprar, etc.

Una imagen recurrente en mi mente es la de una señora de unos cincuenta años apurando a su madre octogenaria que caminaba con dificultad en andaderas. El apuro se debía a que por el número de cédula de la señora mayor le correspondía comprar en este establecimiento público. No quiere juzgar a su hija, posiblemente cuando le toque a ella estará trabajando y no podrá comprar. Pero lo que me pareció insólito de toda esta escena es la normalidad con que todos la veían, al fin y al cabo, cada quien estaba en lo suyo, es decir, ver que podían mendigar, perdón, comprar ese día.

Ni en los relatos más extremos de Ayn Rand uno se hubiese imaginado que Venezuela llegaría al punto al que ha llegado. Al menos en la novela de Rand uno encuentra los contrapesos de los saqueadores y esa sociedad no luce tan condenada.

¿Pero podría decirse que ésta es una sociedad condenada?. Pienso que definitivamente el régimen habrá logrado su cometido de quebrarnos moralmente y condenarnos si nos quedamos en la cola; en el número en que termina la cédula; en ver la bolsa de comida que trae la gente para saber que producto llegó, etc.

Estos son los efectos de algo mucho más profundo que el día a día no nos puede impedir ver. Más allá de preocuparse por la bolsa de comida o conseguir el champú o el detergente, que son los efectos, preocupémonos también por los temas de fondo que constituyen las causas de aquellos y busquemos la transición que nos permita sustituir el servicio obligatorio y la justicia social por trabajo, esfuerzo y mérito propio; respetar la propiedad y la libertad para tener verdaderos ciudadanos y no súbditos y eliminar la cláusula del Estado Social que habilita a los gobernantes para vulnerar los derechos individuales.

Soy optimista en pensar, porque los conozco y conozco su trabajo, que en Venezuela existen personas que defienden la cultura de la libertad y que son los contrapesos de los saqueadores. Nuestra sociedad no está condenada y nuestra tarea, desde nuestros espacios, es multiplicar esos contrapesos.

Andrea Rondón García / Notitarde
Doctora en Derecho UCV. Profesora UCAB y UNIMET. Miembro del Comité Académico de CEDICE.
@arondon75