Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Las consecuencias de la paz económica. Ángel Alayón

La economía no soporta la ficción. La guerra económica fue la narrativa que utilizó el gobierno para explicarle a los venezolanos los síntomas tempranos, pero dolorosos, de una crisis económica: una inflación desbordada y una escasez punzante que amenazaban con causar una derrota política en las elecciones de diciembre pasado. La economía no soporta la ficción, pero la política sí. Al menos por un tiempo. La verdad económica siempre termina abriéndose camino entre los huecos de los bolsillos y la angustia de los ciudadanos ante los anaqueles vacíos.

Cuando la pregunta más frecuente en las calles es ¿Y qué va a pasar?, la economía se escurre entre los miedos. En Venezuela hay un conflicto político y la crisis económica se moverá al inestable ritmo de lo que suceda en la política.

La economía no soporta la incertidumbre.

La sangre en las calles, las exigencias de justicia, las guarimbas, las barricadas, la represión y los gases lacrimógenos espantan la posibilidad de que un país funcione con normalidad. Es verdad que la solución a la crisis económica pasa por encontrar una solución al conflicto político, pero no conviene desestimar que el conflicto político encuentra también su origen en los desequilibrios económicos, fuente inagotable de insatisfacción y malestar.

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Lorenzo Mendoza pidió, en la Conferencia de Paz, una Comisión de la Verdad Económica. Maduro aceptó y apenas un día después de realizada la propuesta se llevó a cabo la primera reunión entre empresarios y los representantes del Gobierno. A la salida de esa reunión, que fue privada, Jorge Arreaza, el Vicepresidente de la República, afirmó: “Nuestro socialismo reconoce al sector privado, estatal y socio-comunal, a diferencia de proyectos anteriores. Estamos seguros de que podemos convivir y coexistir para generar producción y trabajo liberador”. También dijo que el modelo económico estaba delineado en el Plan de la Patria, ahora Ley de la República. Lo dijo a modo de advertencia. Una advertencia que no aparece en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Las preguntas son inevitables: ¿Es posible alcanzar una economía funcional en Venezuela dentro del modelo económico planteado en el Plan de la Patria? ¿O el capítulo económico de la Conferencia de Paz es sólo una instancia en la que el gobierno tratará de atender y aplacar las quejas más urgentes del sector privado? Curiosamente, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, dijo ese mismo día de la reunión que “la Conferencia de Paz del área económica no puede convertirse en sólo venir a pedir dólares”. Entonces, ¿sí puede haber una revisión del modelo? ¿O todo se reduce a que no hay dólares para honrar la deuda y el gobierno busca un segundo aire, como el boxeador que reacciona aun cuando está mareado?

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En 1919 se llevó a cabo la Conferencia de Paz de París, encuentro en el que se firmó el Tratado de Versalles y donde se impusieron las cargas económicas a la Alemania vencida para compensar a los países aliados por los costos y daño de la guerra. En aquella conferencia participó un joven y desconocido economista, John Maynard Keynes, como miembro de la delegación del Ministerio de Finanzas británico. Keynes decidió separarse de la Conferencia al ver la desproporción de la carga económica impuesta a la Alemania en ruinas. El economista inglés, quizás el más influyente en el siglo XX, escribió Las consecuencias económicas de la paz, un libro en el que advertía que “la paz” que se pretendía imponer desde la Conferencia de París traería graves consecuencias para Europa y el resto del mundo.

Tiene una particular importancia para Venezuela la advertencia que hace Keynes sobre los controles de precios y la inflación, en especial luego de la aprobación de la Ley de Precios Justos, el más reciente de los instrumentos de control:

“La presunción de un valor espúreo de la moneda, por la fuerza de leyes que regulan los precios, contiene en sí misma las semillas de la decadencia económica final, y pronto seca las fuentes de oferta de productos. Si un hombre es obligado a intercambiar los frutos de su trabajo por un billete que, como la experiencia le ha enseñado, no puede utilizar para comprar lo que necesita a un precio comparable al que él ha recibido por sus propios productos, guardará sus productos para sí mismo, o dispondrá de los mismos para sus amigos y vecinos como un favor, o relajará sus esfuerzos en la producción. Un sistema que obliga al intercambio de mercancías a un valor que no es real no sólo relaja la producción, sino que conduce finalmente al despilfarro y a la ineficiencia del trueque”.

El desastre económico alemán luego de la Primera Guerra Mundial, en parte consecuencia del tratado denunciado por Keynes, fue el caldo de cultivo para el surgimiento de Adolf Hitler y el nacionalsocialismo. La inflación, la escasez y el desempleo son los ingredientes que necesita un país para ver aparecer los peores rasgos de la humanidad. Como advirtió Keynes, ante los desastres económicos “uno no sabe cuál dirección toman los hombres para escapar de sus infortunios”.

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El Gobierno está ante una encrucijada. Debe decidir cuál es el rumbo que tomará en el manejo de la economía. El modelo económico impuesto por Chávez y sostenido por Maduro tiene mucho del socialismo del siglo XX: un modelo estatista que desplaza al sector privado, un sistema de toma decisiones centralizado que abarca desde el manejo de las divisas hasta la intervención en todos los precios de la economía. Un modelo económico que, hasta ahora, ha designado al sector privado como el responsable de todos los males de la economía, desde la inflación hasta la corrupción, pasando por la escasez. Un discurso económico que exculpa al principal responsable de los resultados económicos, al principal responsable de las angustias de los venezolanos. Un discurso económico que se exculpa a sí mismo con eficacia, pero que nada puede resolver.

El socialismo del siglo XX siempre fue acompañado inevitablemente por la escasez. No es una casualidad: es una característica del modelo. No ha sido diferente en el llamado socialismo del siglo XXI. La escasez es una consecuencia directa de la centralización de las decisiones, de la planificación central, del estatismo y de la asfixia a la iniciativa privada. Profundizar este modelo equivale a profundizar los desequilibrios de la economía y sus terribles consecuencias para el bienestar de los venezolanos. ¿Estará dispuesto el gobierno a girar el timón?

Ante las reuniones del capítulo económico de la Conferencia de Paz, convendría recordar la advertencia de Keynes: cuidado con la paz que se pretende imponer: equivocarse allí puede engendrar lo que no quieres ver, justo lo que terminará derrotando a la paz verdadera, justo lo que puede alejarnos de la economía que merecen los venezolanos, especialmente la economía que merecen los venezolanos que menos tienen y más sufren.

ÁNGEL ALAYÓN ― PRODAVINCI
Angel Alayón es economista. Puedes leer más textos de Angel en Prodavinci aquí y seguirlo en twitter en @angelalayon