Las cadenas de valor se definen según Gereffi y Stark-Fernández (2016) Como “la gama completa de actividades que realizan las empresas y los trabajadores para llevar un producto desde su concepción inicial hasta el uso final y más allá”. Multinational Corporations and Trade Liberalization Business and Politics Journal 2020, (p 1-28). Estas actividades van según sea el caso, desde la investigación y desarrollo, diseño, producción, marketing, la logística que comprende los procesos de (coordinación, gestión y transporte de los bienes comerciales desde el lugar de distribución hasta el cliente), así como servicios al cliente para el consumidor final. Si una cadena de valor cruza fronteras según los citados autores, se agrega valor a un producto en más de un país, se denomina “global”. En pocas palabras las cadenas de valor globales que en adelante denominaremos bajo las siglas (CVG) se consideran como fábricas que cruzan fronteras internacionales, dado que las mismas conectan países a escala regional y mundial.

La integración de estas influye inevitablemente en las estructuras de costo y por ende en los niveles de competitividad de las empresas multinacionales. La lógica económica que ha estado detrás de todo este complejo proceso de inversión y coordinación no ha sido otra, que la de optimizar los procesos de producción con el fin de ser más competitivos en términos de precio, calidad y servicios entre otros componentes, de las (CVG), por un lado, así como el de aprovechar el acceso a nuevos mercados que les ha ofrecido la liberalización del comercio internacional a las empresas.

Las disputas geoeconómicas y geopolíticas entre los Estados Unidos y China principalmente, materializadas en las querellas comerciales entre ambas naciones, y el contencioso sobre Taiwán, más las secuelas económicas que a nivel mundial ha tenido la guerra llevada por Rusia contra Ucrania, y los efectos del COVID, han puesto en el ojo del huracán la importancia de las (CVG), como un factor de disputa relevante dentro de este juego de competencia estratégica, que se ha producido en el marco de un sistema comercial y financiero altamente interdependiente, lo que ha añadido un mayor grado de complejidad al mismo.

Los costos asociados que en términos económicos, comerciales y sociales suelen generar este tipo de disputas para cada uno de los respectivos países involucrados, como para el mundo de los negocios internacionales ha sido uno de los puntos más álgidos para las (CVG), como lo ha puesto en evidencia el recién proyecto de ley aprobado por el Senado estadounidense, en el mes de julio del 2022, con el fin de incentivar a las empresas estadounidenses construir plantas de semiconductores en Estados Unidos. La citada medida incluye subvenciones federales y exenciones fiscales de aproximadamente 280.000 millones de dólares. De igual manera en este mismo orden de ideas, la Comisión Europea (CE) aprobó varias medidas, legales y económicas, en el mes de febrero del 2022, que buscan garantizar en su región el suministro de chips, con el propósito no solo de reducir costes, sino impulsar el liderazgo tecnológico europeo en esta área, con el fin de disminuir su dependencia de los grandes centros de producción como el de China. Siguiendo estos lineamientos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también ha comenzado, a ofrecer incentivos a las empresas multinacionales para mudar sus centros de producción de China a países latinoamericanos y caribeños.

Las iniciativas arriba mencionadas tienen solidas motivaciones políticas, y económicas con fuertes fundamentos de seguridad estratégica e independencia económica, frente a la emergente y amenazante poder económico y militar chino. Este tipo de decisiones políticas y económicas suelen tener efectos ambivalentes pues representan costos fiscales para los contribuyentes de sus respectivos países, así como cambios significativos a mediano y largo plazo para las (CVG) con sus secuelas, en términos de rentabilidad financiera, competitividad comercial, costos transaccionales y los referentes al acceso de mercados globales según sea el caso de cada industria o sector económico.

Otro elemento para considerar dentro de este complejo ajedrez geoeconómico y geopolítico, es el que la esencia misma de la globalización marcada por un alto nivel de interdependencia mutua ha servido de freno para cada uno de estos contendientes, lo que algunos autores han catalogado como convivencia forzada. Para ilustrar esta tesis citaremos la frase de Craig Addison, («El escudo de silicio: la protección de Taiwán contra un ataque de China»). Este periodista que acuñó el término con la publicación de su libro «Silicon Shield: Taiwan’s Protection Against Chinese Attack», explica porque el escudo de silicio es parecido al concepto de la guerra fría de MAD (Destrucción Mutua Asegurada), dado que cualquier acción militar en el estrecho de Taiwán sería perjudicial para China como para Taiwán y Estados Unidos, producto de la alta dependencia que tanto China como los EE.UU tienen de Taiwán como principal fabricante mundial de estos dispositivos electrónicos. Otro elemento que cabría destacar es el impacto negativo sobre las importaciones de EE. UU provenientes de China, pues para industrias con distintos niveles de oferta vinculadas a las cadenas de valor con China, el impacto del aumento de los aranceles ha sido contrario a las expectativas, debido al efecto desproporcionado, en sus estructuras de costos, por estar altamente integradas con el mercado chino, y con su consiguiente impacto en el índice inflacionario de los EUA.

Las (CVG) tal vez sean el principal elemento dinamizador junto al sistema financiero global, que marcara las pautas a mediano y largo plazo del nuevo orden geoeconómico y geopolítico emergente, debido a la naturaleza misma de las (CVG) y su impacto en la estructura de costos de los bienes y servicios, de las empresas globales y por ende en sus niveles de competitividad. No obstante, a esto, el gran perjudicado será el libre comercio y al final los consumidores globales que tendrán que sufrir los costos en mayor o menor grado de este reacomodo global de las (CVG).

Sin embargo, estas medidas arriba expuestas, no han ofrecido una tendencia clara en el tiempo, como lo demuestra el trabajo publicado por Christina Anderer, Andreas Dür y Lisa Lechner (†), en el Journal Politics and Bussiness, titulado Trade policy in a “GVC World”, Multinational corporations and trade liberalization 2020. 1-28. Según las conclusiones de los citados autores, los patrones de las empresas con operaciones de cadena de suministro en los Estados Unidos y China están lejos de ser claros, ya que, por un lado, hay informes de empresas estadounidenses, incluidas aquellas en un sector altamente integrado como la electrónica, saliendo del mercado chino o reubicando la producción en otras regiones como Sudeste Asiático para evadir los aranceles. Y Por el otro, las

estadísticas sobre inversión directa (IED) en China parecen apuntar en la otra dirección, lo que sugiere que las anécdotas de la salida de un puñado de empresas del mercado chino no representan necesariamente una tendencia amplia por lo menos a corto plazo, según la citada publicación. Pues todo este juego de competencia estratégica está sujeto a contra medidas por parte del gobierno chino, y a su vez a contramedidas del lado de los EE: UU principalmente, y de sus aliados, lo que lo hace un juego iterativo de medidas y contramedidas añadiéndole éste, mayores niveles de incertidumbre y por ende de riesgos a la hora de planificar y evaluar decisiones de inversión en el mundo corporativo global. Lo que incide, en el costo de capital de las empresas, a la hora de evaluar sus opciones de inversión. Pues la máxima de las finanzas corporativas que sostiene que a mayores niveles de incertidumbre mayor riesgo asociado a las decisiones de inversión, lo que se traduce inevitablemente en una tasa de descuento más alta, y lo por ende en una mayor tasa de rentabilidad exigida por los inversores.

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Fuente: www.cedice.org.ve

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