Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Las lecciones inolvidables. Victor Maldonado

Me conseguí con Don Ricardo Zuloaga (h) en la biblioteca de Cedice. Allí reside su memoria intelectual, en un esfuerzo de 29 años para discutir las ideas de la libertad.

Tal vez por eso dicen que los hombres no mueren mientras sus ideas permanezcan vigentes. Ese es el caso del intelectual devenido en empresario interesado en el desarrollo del país.

“El desarrollo de Venezuela solo puede ser entendido como el crecimiento permanente y autosostenido del bienestar material y espiritual de los venezolanos”. Ninguna palabra sobra, porque quiere poner de relieve la relación íntima y sustancial entre la capacidad productiva de un país y “lograr que todos los que moran y trabajan en este país vivan mejor, tengan más y mejores alimentos, viviendas, medicinas, libros, desarrollo moral y espiritual, medios de transporte, conciertos, espectáculos y diversiones…”

Producción no es renta.

La lotería y los vaivenes de los precios petroleros conspiran contra “la necesidad de satisfacer las necesidades materiales y espirituales de los hombres…”. ¡Producir es trabajar! Por eso mismo “el hombre es el protagonista principal y decisivo de la economía y desarrollo” porque es el que tiene la capacidad de explotar los recursos naturales con los instrumentos y equipos que tiene a su disposición.

“Hombres, naturaleza e instrumentos son los tres elementos o factores indispensables de la producción y el desarrollo”. Por eso es que solo podemos producir lo que se logre con el esfuerzo sostenido de los 13 millones de venezolanos que están incorporados al trabajo. 13 millones que trabajan para 29 millones de venezolanos.
“La población venezolana tenemos un cierto número de construcciones, plantas industriales, maquinarias, útiles e instrumentos -eso es lo que se denomina el capital de la nación-, y sólo podemos producir lo que con ese equipo se puede producir. Pienso en ese momento en la devastación productiva que ha supuesto el perder la mitad de las industrias y comprendo entonces las precariedades que exhibe la Venezuela del siglo XXI. Estamos descapitalizando a la nación, susurré, sin llegar a interrumpir sus disquisiciones.

Don Ricardo continuó desgranando sus preocupaciones. “El verdadero problema económico de los pueblos, consiste en distribuir racional y equilibradamente los recursos productivos escasos entre la multitud de finalidades económicas a las cuales pueden destinarse…

¿Cuáles bienes? ¿Cuántas cantidades? ¿Con cuales técnicas? ¿En qué lugares y con cuáles recursos humanos…”. Son millones de decisiones simultáneas “en una inmensa serie de problemas concretos que se presentan todos los días, en todos los lugares del país, en todas las unidades productoras, y que afectan el trabajo de todos…”.

Afortunadamente “en el curso de la historia se ha creado un mecanismo ordenador que resuelve satisfactoriamente este ingente problema… Ese proceso casi milagroso es el mecanismo de mercado y de los precios. El empresario como agente, y la libre empresa como sistema, son los instrumentos que organizan y distribuyen los recursos productivos de una comunidad regida por el sistema de mercado como mecanismo ordenador.

En la libre economía de mercado “los precios reflejan la escasez relativa de los mismos, esto es, el grado de importancia que tiene para la satisfacción de las necesidades de la comunidad… Por eso valen más los productos más escasos que los productos menos escasos”. El empresario es el que combina y organiza los recursos productivos en su empresa, y orienta sus decisiones por las señales que recibe del mercado. “Dirige los recursos productivos hacia los productos que responden a las preferencias de la comunidad”.

Otra vez su mirada me escrutó.

Todo esto descansa en la libertad de consumo, de trabajo, de profesión, de comercio y la libre disposición de los bienes, “esto es en la libertad de los hombres para moverse como les parezca y cuanto les plazca y hacer con su persona lo que responda a su propio e irreductible criterio personal”… Siguió hablando hasta que su figura venerable se desvaneció mientras yo me quedé pensando que eso, la libertad, era lo que precisamente estaba en peligro…

VICTOR MALDONADO ― EL MUNDO