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Las siete muertes de la Filosofía. Emeterio Gómez

Hoy estamos exactamente en el mismo vacío que hace 25 siglos.

En un artículo suyo, Penurias de la Filosofía –Tal Cual del lunes 15/07- Fernando Rodríguez, coordinador de Opinión de dicho diario, se pregunta acerca del sentido y el futuro de la Filosofía. E inquiere: “¿Cómo puede entenderse que una disciplina que compete a todos los hombres y que… se interroga por los primeros principios y el destino último de la especie, se haya reducido a un saber de especialistas, de jergas incomprensibles; distante del mundo, a veces tan conminativo y trágico?”.

Tal vez quepa, muy respetuosamente, hacerle a Fernando una única observacioncita… mínima: Quizás no sea, pana, como dices más adelante, que “Si la filosofía no se hace mundo, será un deporte inútil, una secta minoritaria… “. Tal vez quepa decir, más bien, que la Filosofía “¡¡ya no se hizo mundo!!”. Que no logró -ni va a lograr- responder a las preguntas esenciales del hombre y que está condenada a no pasar de ser “un deporte inútil”, como tan duramente tú mismo dices. Tal vez sea, Fernando, -por mucho que le duela a mi antiguo profesor de Hegel en la USB, Eduardo Vásquez- tal vez sea, que la Filosofía se murió siete veces en estos 2.500 años de existencia suya; y que hoy estamos exactamente en el mismo vacío que hace 25 siglos. Pero, repasemos brevemente esas siete defunciones.

La primera se produce en el choque entre Parménides y Heráclito, cien años antes de Platón. Aquél defendiendo la noción del Ser -estable, permanente y definido- que puede ser captado racionalmente y Heráclito sosteniendo que esas “Realidades” eran una pura apariencia, tras la cual se ocultaba la “Verdadera” Realidad: un puro y eterno Devenir. Un puro “pasar” incognoscible. Por desgracia, Platón y Aristóteles tomaron el camino de Parménides y Occidente se quedó hablando tonterías por 2.500 años. Nos llevó 25 siglos descubrir lo que ya Heráclito sabía… que no tenemos ninguna posibilidad de conocer lo esencial: el Ser de Lo Humano; que es un puro Devenir. ¡¡La Filosofía estaba muerta antes de nacer!!

La Segunda Defunción: Platón se empeñó en conocer el Ser de lo Humano y descubrió que para ello había que desentrañar la Ética. Y allí se acabó todo; porque el mismo Platón palpó que no tenía ningún chance de conocer El Bien, el elemento esencial de la Moral y de Lo Humano. Y lo dijo, muy honestamente, aceptó que el Bien estaba ¡Epékeina tes Ousias!, esto es, “Más allá de los conceptos”. O sea, que no tenemos acceso -racional- a nuestra propia “esencia” ética y que toda la Filosofía estaba en el aire. Platón la mató antes de fundarla.

La Tercera Muerte, la más dura, vino con David Hume, empirista escéptico inglés, en 1750: “No hay ninguna forma de empatar el Ser con el Deber Ser”; o sea, que la Lógica y la Ética -la Razón y la Moral- no se conectan. Que no tenemos ninguna posibilidad de acceder a la Dimensión Espiritual de Lo Humano. Kant (la Cuarta Muerte) intentó refutar a Hume y fracasó. Postuló su famosoImperativo Categórico, como la posibilidad de que la Razón le dicte normas a la Moral y constató que ello es imposible. Hegel, finalmente (la Quinta) con su Lógica Dialéctica, una absoluta zoncera, acabó de enterrar a la Filosofía Occidental.

Los dos últimos decesos -Nietzsche y Heidegger- se produjeron después que la Filosofía estaba muerta. El primero para rematarla y el segundo para intentar inútilmente revivirla. Con una ñapita más: Ludwig Wittgenstein; que puso en evidencia, nada más y nada menos, que “Todas las proposiciones de la Lógica son Tautológicas”, es decir, que Occidente como ya dije tiene 2.500 años hablando pistoladas a granel. 

EMETERIO GÓMEZ ― EL UNIVERSAL
gomezemeterio@gmail.com