Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Las voces de los canallas. Carolina Jaimes

lunes 11 de febrero de 2013 12:00 AM

La cosa sucede como por oleadas. Va y viene. Siempre hay un detonante. En este caso fue una carta que ha circulado por las redes sociales, que ha hecho sentirse empoderados a quienes critican despiadadamente al Maestro José Antonio Abreu. No voy a entrar a repetir mezquindades. Solo quiero preguntarles a los detractores si han tratado alguna vez de evaluar el tamaño, alcance y valor de la obra que representa El Sistema de Orquestas.

Nosotros no escogimos ser un país petrolero. Exportamos petróleo porque tenemos petróleo. Pero El Sistema es obra de José Antonio Abreu y un equipo de seres humanos extraordinarios que desde el comienzo avizoraron la envergadura del proyecto y lo apoyaron. Un proyecto de profundo contenido humano y social ¡y lo estamos exportando! Para mí fue un orgullo la última vez que fui a París, hace un año, que cuando decía que era venezolana me decían “Le Sistema”, “Maestro Abreu”, “Dudamel”. ¡No se imaginan, además del orgullo, sentir que no somos el hazmerreír del mundo (por otras razones harto conocidas)!

Aquí, para criticar, están todos en primera fila

José Antonio Abreu ha tenido la tenacidad y la constancia de pocos en Venezuela. Ha buscado ayuda de quien pensó que podía ayudarlo. Con humildad y paciencia. Con tesón y constancia. Recuerdo que cuando yo buscaba dónde hacer mi pasantía en 1980, tuve una entrevista en el departamento de recursos humanos de una transnacional. Cuando llegué, me pasaron al salón de espera. Ahí estaba el Maestro Abreu. No sé cuánto tiempo llevaba esperando al presidente de la compañía. Pero sí sé que yo esperé durante hora y cuarto (no me quejo, pude conversar con el Maestro durante ese tiempo), que mi entrevista duró media hora y me quedé conversando media hora más. Cuando salí, que pasé al lado del saloncito, el Maestro Abreu esperaba todavía.

Una obra como la que ha llegado a ser El Sistema necesita el financiamiento de un país petrolero o en su defecto, con grandes recursos económicos. Acusar a José Antonio Abreu de todo lo que lo acusan no es más que una mera canallada, de miopes que no entienden que su obra trasciende los gobiernos y que lo que hay que impulsar es a que sea una política de Estado.

Yo, desde esta humilde trinchera, seguiré alzando mi voz para alabar, apoyar y aplaudir esa obra del espíritu, la verdadera y gran revolución que se está llevando a cabo en Venezuela.

El Universal