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Latinoamericanos: Tear Down Those Walls

EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Madrid, 9 de noviembre de 2009

“…El eje “Bolivariano”, el socialismo del siglo XXI está partiendo a la región en dos bloques que debilitan la estabilidad, la integración y la democracia de todas nuestras naciones. La magnitud de este flagelo se manifiesta, por ejemplo, en la escalada del conflicto entre Colombia y Venezuela de estos días y en el proceso de desestabilización de la democracia que tiene en vilo a Honduras desde hace meses.”

Por: Guillermo Hirschfeld

El 9 de noviembre de 1989 una muchedumbre de alemanes que anhelaban la libertad derribaba el muro de Berlín. Esa montaña de ladrillos que dividía la libertad de la opresión no se cayó por sí sola, fue demolida. La firmeza de figuras políticas que ejercían en ese tiempo un fuerte liderazgo y la lucha de miles de individuos anónimos trabajaron mancomunadamente para que prevaleciera la libertad sobre el sometimiento.

Fue en la propia Berlín del 12 de junio de 1987 que Ronald Reagan le espetó a Gorbachov Tear Down This Wall. Derribe ese muro Sr. Gorbachov. Arranque ese muro. Tire ese muro. Dos años después el muro fue derrumbado y la fecha supuso un hito en la historia de la humanidad.

En América Latina todavía quedan tres importantes muros que derribar.

En primer lugar el muro que divide a los ricos de los pobres. El cisma que obstaculiza la movilidad social. La misma barrera, que impide que la gente sin recursos que se esfuerza y trabaja pueda conseguir un ascenso social, al mismo tiempo tampoco permite que haya un castigo reflejado en un descenso para los ricos que incumplen la ley, porque son parásitos de un Estado que los riega de prebendas.

En definitiva, un muro que impide la formación de las clases medias. Así, podemos contemplar en las principales ciudades de América Latina, postales en donde las casas de chapa y cartón, las chabolas y las villas miseria se encuentran frente a los rascacielos financieros. Es un muro invisible. No obstante, no faltaron dirigentes que efectivamente les atraía levantar paredones -por ej. la dictadura argentina de 1976- para que no se “viera” la miseria.

Las clases medias son un motor fundamental para el progreso de las naciones. Y para generar clases medias se debe garantizar la propiedad. Para ello es fundamental respetar las reglas de juego con seguridad jurídica y diseñar registros de propiedad eficientes. La experiencia de otras naciones indica que esto conlleva un círculo virtuoso de acceso al crédito, que también favorece el acceso a la educación y la consecuente generación de empleo. Además, las personas que tienen acceso a la propiedad y a la educación son menos vulnerables a la propaganda de la demagogia populista.

El segundo muro es el que divide a gobiernos que respetan las instituciones, se conectan con el mundo y no reniegan de sus raíces occidentales y modernas; con aquellos que pretenden regresar a fórmulas del pasado que solo acarrearon miseria, hambre y opresión. El muro que divide otra vez, parafraseando a Sarmiento, a la civilización de la barbarie.

El nuevo populismo de América Latina llega al poder a través de las urnas pero monta una parodia democrática e impone un nuevo modelo de golpe de Estado -de ejercicio continuado- con el fin de concentrar el poder en el caudillo. La irrupción del socialismo del siglo XXI en la escena latinoamericana, tiene un claro afán expansionista, no está dispuesto a detenerse y edifica un nuevo muro que enfrenta a nuestros países.

El eje “Bolivariano”, el socialismo del siglo XXI está partiendo a la región en dos bloques que debilitan la estabilidad, la integración y la democracia de todas nuestras naciones. La magnitud de este flagelo se manifiesta, por ejemplo, en la escalada del conflicto entre Colombia y Venezuela de estos días y en el proceso de desestabilización de la democracia que tiene en vilo a Honduras desde hace meses.

El tercer muro de América Latina es el que enfrenta a la clase política con la sociedad civil. El muro que los separa es el desencanto. Existe un notable desprecio de los ciudadanos por la política, por los políticos y esto perjudica a todo el sistema democrático. La barrera entre los ciudadanos y la política constituye, esta vez, un círculo vicioso. Quienes más interesados están en que las cosas mejoren, se alejan de la vida pública, y le dejan ese espacio, el de la toma de decisiones a los mismos que dicen despreciar. El círculo se cierra cuando el sistema se colapsa y aparece “el salvador”, el caudillo que en definitiva arremeterá contra el propio sistema.

El 9 de noviembre es un día de fiesta para los que creemos en la libertad. Debemos brindar por lo que ocurrió hace veinte años en Berlín, y arremangarnos para comenzar a derrumbar los nuevos muros de la vergüenza.

Latinoamericanos: Tear Down Those Walls