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Lecciones de Europa Central y Oriental. Gabriela Calderón de Burgos

Mientras que los países de Europa Occidental no logran recuperarse de la Gran Recesión sino que parecen enfrentarse a una crisis todavía peor, los de Europa Central y Oriental, salvo Hungría, van a cumplir casi dos años de haberse recuperado. El economista Anders Åslund del Peterson Institute for International Economics ha escrito acerca de lo que “la Nueva Europa” le puede enseñar a “la Vieja Europa” en materia de combatir las crisis.

La ortodoxia del FMI —y entre la gran mayoría de economistas— es que ante una crisis lo peor que le puede pasar a un país es tener un tipo de cambio inflexible (léase usar el Euro o, en nuestro caso, estar dolarizados). Esta corriente dominante presenta a la devaluación y a un mayor gasto público como pociones mágicas.

Pero lo que Åslund señala de los países de Europa Central y Oriental contradice esta ortodoxia. Estos países fueron severamente golpeados por la crisis entre 2008 y 2009 —sobre todo los bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), donde la contracción promedio llegó a ser de 15% del PIB en 2009.1 Para 2010, ningún país de Europa Central y Oriental tenía un déficit superior a 4,5% del PIB y los países más golpeados por la crisis tenían superávits. Tampoco hubo la muy temida deflación ya que para 2011, la mayoría de estos países tenía una inflación de entre 3 y 4 por ciento. Hay dos lecciones importantes que nos dan los países de Europa Central-Oriental:

Ninguno de los países con tipo de cambio fijo devaluó (a pesar de tener los mayores déficits de cuenta corriente). En cambio, hicieron una “devaluación interna”: redujeron los salarios y el gasto público. Åslund indica que la consolidación fiscal se dio tres cuartas partes por el lado de recortes de gasto y lo restante mediante aumentos de impuestos. Por ejemplo, el gobierno de Letonia cerró la mitad de los organismos del Estado y despidió a 29% de los empleados públicos y el de Lituania redujo los salarios de empleados públicos en un 20%. “Los recortes de gastos eran preferibles a los aumentos de impuestos porque el gasto puede reducirse mucho más rápido de lo que se pueden recaudar ingresos y la gente no aprecia aumentos de impuestos cuando reciben menos servicios públicos y subsidios”, explica Åslund.

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El populismo no es muy popular en una crisis muy seria. Dos de los gobiernos más radicales en cuanto a medidas de ajuste frente a la crisis, Estonia y Letonia, ganaron elecciones parlamentarias en 2010 y 2011 y partidos con programas similares ganaron elecciones en la República Checa y Eslovaquia en 2010.

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Los países que en realidad redujeron el gasto público de manera rápida y drástica mientras que implementaban reformas que hicieron más eficiente a sus sectores públicos y más competitivas a sus economías, son los que hoy llevan ya dos años de crecimiento sólido. Åslund concluye: “Los países que han logrado el crecimiento más alto de las exportaciones y del PIB son Estonia y Lituania, seguidos de Letonia, mientras que otros países en crisis —Romania, Hungría y Bulgaria— han tenido recuperaciones más lentas. Los tres primeros fueron líderes en realizar reformas estructurales durante la crisis, lo que parece ser la principal explicación de su considerablemente mejor desempeño”.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 15 de junio de 2012.

Referencias:

1. Aslund, Anders. “Lessons from the East European Financial Crisis”. Junio de 2011. Peterson Institute for International Economics.

2. Aslund, Anders. “Lessons from Reforms in Central and Eastern Europe in the Wake of the Global Financial Crisis”. Abril de 2012. Peterson Institute for International Economics.

3. Ibid., “Lessons from the East European Financial Crisis”.