Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Libertad y Responsabilidad Individual. R. Alfonzo

La Libertad, para que tengamos democracia, debe acompañarse con la responsabilidad ciudadana, que por cierto pocos quieren afrontar.  Libertad en el más amplio sentido de la palabra, o sea libertad de expresión, libertad individual, libertad económica y libertad jurídica.  Por otro lado, la responsabilidad individual, la responsabilidad gubernamental, la institucional, la sindical y la empresarial, deben venir en armonía con estos derechos ciudadanos.

Afrontar la modernidad como un patrón de conducta, compromiso y modo de vida, es otro aspecto que requerimos de inmediato para el sostenimiento de la democracia.  Debemos atacar el tema de los paradigmas que hemos venido sufriendo a lo largo de más de 5 décadas y que tanto daño han causado a los sectores más desfavorecidos, que son a quienes supuestamente más defiende el populismo, pero que resultan víctimas del engaño de los vivos de siempre.

En Venezuela se ha preferido depender del  Estado en lugar de buscar un sistema donde el ingenio, la competitividad y la creatividad sean los parámetros del éxito.

Él actual es un momento inédito en nuestra historia. Si bien se creía firmemente que el adormecimiento producido por las economías centralizadas había concluido en un avance definitivo hacia la libertad y que, finalmente, se había encontrado un camino -el de la libertad, la democracia y la ciencia- que nos conduciría al progreso y nos llevaría a etapas cada vez más altas de bienestar material, hoy –en cambio– todo nuestro ámbito está signado por la inseguridad.

La ruta que creíamos despejada aparece sembrada de obstáculos. Tal parece que los viejos fantasmas del intervencionismo, la revolución y el nacionalismo nunca se erradicaron del todo y ahora recobran una fuerza capaz de echar por tierra los esfuerzos democráticos.

Hemos caído en el paradigma del subdesarrollo donde las normas son sólo “poesías legales” –usando el término acuñado por Vargas Llosa– y que lo verdaderamente importante para tener bienestar es la voluntad política y el uso o, más bien, abuso que los dirigentes políticos hagan del poder. Se plantea que la razón de la pobreza no es responsabilidad nuestra, sino de terceros, de la denominada ‘dependencia externa’.

Además, se considera a toda actividad empresarial, sin distinciones, como explotadora de los trabajadores y perjudicial para el resto de la colectividad, y, finalmente, se identifica el afán de lucro y el individualismo como manifestaciones de egoísmo y de lesión permanente a los demás. Se considera que la actividad empresarial debe ser amputada a toda costa.

Si queremos lograr el cambio institucional debemos cambiar este paradigma del subdesarrollo por el paradigma del progreso, donde la ley debe ser una defensa contra el poder y nunca su reflejo. Además, se debe pasar de instituciones neomercantilistas generadoras de privilegios y prebendas a instituciones que promuevan la libertad, la competencia y la responsabilidad social del individuo.

El poder debe estar permanentemente limitado y los políticos deben ser servidores públicos cuyos jefes son todos los ciudadanos. Hay que considerar que nosotros somos responsables de nuestra miseria o prosperidad, y que, por tanto, podemos elegir entre permanecer en la pobreza o alcanzar el desarrollo.

Este cambio de paradigma es la tarea primera y más importante que todos aquellos que defendemos el ideario de la libertad y la justicia debemos acometer. No es ésta una tarea sencilla, ni se obtendrán resultados inmediatos, pero debemos iniciarla hoy si no queremos repetir los ciclos de indefinición y debilidad institucional que conforman nuestra historia. Por esta razón, debemos centrar nuestros esfuerzos en modificar todos los contenidos que conforman el paradigma del subdesarrollo, influyendo a los líderes políticos, jueces, empresarios y dirigentes sindicales. Hay que  convencerlos de los beneficios del paradigma del progreso y convocarlos a esta causa.

Ya es la hora de ir instaurando una sociedad basada en la Cultura Liberal  que nos saque de una vez del atraso y permita que todos los individuos se desarrollen en paz y prosperidad, contando con sus habilidades, destrezas y conocimiento.

El individuo debe ser el  responsable de su bienestar y no seguir dependiendo del Estado benefactor que tan solo genera pobreza, odio y resentimiento.

RAFAEL ALFONZO ― EL CARABOBEÑO