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Liderazgo según Jung

Los líderes también tienen la obligación de su desarrollo personal, porque sólo una toma activa de conciencia los puede transformar en portavoces conscientes y dirigentes responsables del colectivo.

Los gerentes tienen que leer otras cosas diferentes a su disciplina. Harold Bloom recomienda, por ejemplo, literatura fantástica, porque es una buena forma de aprender vicariamente cómo se desencadenan los acontecimientos y cómo otros resuelven los problemas que se les presentan. Lo mismo puede decirse de las series policiales, aprender esa sagacidad con la que se siguen pistas, se descartan las fallidas y se llega a construir una versión verosímil de lo que está ocurriendo, es definitivamente esencial a la hora de construir competencias directivas. Y cuando se leen ensayos o se incurre en el atrevimiento de explorar disciplinas ajenas, a veces uno se encuentra con maravillosas sorpresas. Claro está, de lo que se trata es saber buscar para no extraviarse en el intento.

La editorial Trotta editó las obras completas del psiquiatra y psicólogo suizo Carl Gustav Jung, fundador de la escuela de psicología analítica. En el texto dedicado a los encuentros, entrevistas y algunas recopilaciones de pequeñas experiencias, encontramos aproximaciones útiles para desentrañar las dificultades organizacionales. Su lectura es recomendable en la misma medida que creamos que la dirección de otros tiene requisitos psíquicos y una comprensión profunda de las necesidades del ser humano. Épocas como la nuestra, activas y responsables, requieren de conciencia e introspección. Cuando reina la confusión y existen diversas opiniones que pugnan por imponerse como la más cierta, surge en la gente la necesidad de aferrarse a una cosmovisión común, que les permita formarse una opinión unitaria de las cosas y percibir el significado profundo de todo el proceso de cambio. Cuando eso no se logra, existen dos peligros: el ser barridos inconscientemente por los acontecimientos, o el provocar una inmensa decepción que luego se transforma en las decisiones del resentimiento. Por lo tanto el darle significado “al signo de los tiempos” es una tarea ineludible de los líderes.

Los líderes también tienen la obligación de su desarrollo personal, porque sólo una toma activa de conciencia los puede transformar en portavoces conscientes y dirigentes responsables del colectivo. “El líder siempre es quien tiene el coraje de ser él mismo, pudiendo mirar no solo a los demás a los ojos, sino sobre todo a sí mismo. Los tiempos de cambios abruptos, de incertidumbres abiertas, y de movilización de masas, son siempre tiempos de liderazgo. Los líderes son los que personifican el significado que ellos mismos le dan a los procesos de cambio.

Pero para que la gente se movilice alrededor de un significado, muchas veces hay que facilitar el tránsito a través de rituales de entrada y ritos de pasaje. Convocar a la gente para arrancar un programa, celebrar la culminación de un proyecto, realizar ceremonias de ascenso, y reunir a la gente para que el directivo explique causas y razones de los acontecimientos están conectados con necesidades ancestrales que Jung llama “psicología primitiva”. Todo esto es importante porque la inhibición natural de los seres humanos contrarresta la volición cultural que hemos adquirido en nuestro largo recorrido civilizacional. Dicho de otra forma, cualquier circunstancia que nos aleje de una rutina aprendida nos inmoviliza, a menos que alguien sea capaz de dar explicaciones y motivos suficientes para pasar a la acción.

El hombre es un ser permanentemente insatisfecho. Siempre lo ha sido, pero la naturaleza abstracta del trabajo capitalista ha profundizado esa insatisfacción, y lo induce a buscar afanosamente compensaciones en otros lugares. Esta condición provoca rebeldía y frustración. El líder es el que debe posibilitar un proceso de individuación en el que el ser humano conecte con su dignidad y valía. La preeminencia de valores trascendentales, el facilitar el balance de vida con el trabajo y el acentuar el sentido de propiedad privada son tareas ineludibles de los gerentes para garantizar el sosiego y la productividad de los empleados. C.G. Jung apuesta a “un hombre en paz consigo mismo, que contribuye con una parte infinitesimal al bien del universo”. Un gerente que se ocupa de los suyos, de darle significado a los acontecimientos, de dirimir los conflictos y de proveer los rituales apropiados, estará reduciendo en una millonésima parte el conflicto mundial.

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