Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Llegaron las vacas flacas. Isabel Pereira Pizani

Porque se botaron los reales miserablemente, hoy estamos sin luz, sin comida y endeudados…

La apuesta del Gobierno venezolano es muy fuerte: lograr con la ayuda de las cínicas declaraciones de los ministros del área, que las profundas grietas de la economía no se descubran antes del 7 de octubre. Crecer es crecer, no importa cómo, dice Nelson Merentes. Con esta baladronada oculta una terrible verdad: la economía nacional ha aumentado a costa de sí misma, de su propio fortalecimiento y diversificación. Se expande el consumo con base en importaciones y en un gasto fiscal continuo, que permanece indiferente a la caída de nuestro aparato productivo, a la destrucción de la manufactura, la agricultura y las empresas básicas. Otro ministro apunta: “hay que producir alimentos, los bienes que necesitamos”. Cómo, si todo lo importamos.

Las declaraciones de los altos funcionarios del régimen hunden en la más profunda perplejidad, a cualquier lego en los avatares de la ciencia edificada por Adam Smith. Para una persona normal resulta imposible entender tales contradicciones: crecemos pero no producimos, o cada vez producimos menos. ¿Cómo comprender esta paradoja?

Las cifras dicen que entre 2006 y 2011, del total de los ingresos petroleros recibidos, 55% se utilizó para importar bienes de consumo. La salida de capital privado representó otro 23%. El BCV registra otro extraño dato: 87.004 millones de dólares (14% de los ingresos) como “acumulación neta de activos públicos en el exterior”. El resultado es un claro incremento del consumo con base en importaciones y fugas de capital al exterior sin ningún control

El otro dato espeluznante se refiere a nuestra deuda externa. Lo que debemos todos nosotros, en trece años pasó de 28.455 a 107.428 millones de dólares. Esto quiere decir que ese rubro creció 3.78 veces. Una peculiar visión del desarrollo: financiar gasto corriente con deuda, importar antes que producir y mantener recursos depositados en fondos paralelos. Todo esto a pesar de los elevados precios de petróleo en la última década.

Está creciendo la economía, pero, ¿dónde están las carreteras, los hospitales, las escuelas, la electricidad, el agua? Este modelo de “desarrollo” se parece mucho a lo que critica Raúl Castro en sus confesiones ante el VI Congreso del Partido Comunista Cubano: “Aún persisten miles y miles de hectáreas de superficie cultivable esperando por brazos dispuestos a extraerles los frutos que tanto demanda la población y la economía nacional, y que podemos cosechar en nuestros campos para sustituir las cada vez más costosas importaciones de muchos productos, que hoy benefician a suministradores extranjeros, en lugar de a nuestros campesinos”. ¡Increíble, esto ocurre medio siglo después de la Revolución!

Con todo y las importaciones masivas los ministros insisten en que la economía crece. El Presidente recalca que hemos recuperado la Independencia. A veces siento que esos funcionarios conspiran contra mi cordura. Somos independientes, pero debemos al exterior casi 4 veces más de lo que debíamos en 1998. Si en 1902, tiempos de Cipriano Castro, Inglaterra, Italia y Alemania bloquearon y bombardearon las costas venezolanas por unos piches 186.558.150,38 de bolívares, ¿qué nos podría pasar ahora, que debemos el oro y el moro, que dependemos para alimentarnos de la producción de otros países?

Para tranquilizarme, busco una opinión neutral. Hablo con el analista financiero Boris Segura, costarricense, quien describe nuestras perspectivas así: “Como consecuencia de la caída de los precios del petróleo se prevé una disminución importante en las importaciones, recorte del gasto público e incremento de la escasez de bienes”. Este profesional afirma desconocer si el Gobierno cree que esta situación no se notará hasta después de las elecciones presidenciales del 7 de octubre, o si los miembros del Gobierno están tan confiados en ganar los comicios, que no les importa que esos vaticinios se cumplan. La conclusión de Segura es que el plan de ajuste macroeconómico deberá implementarse ante la vulnerabilidad de las cuentas fiscales y, por ende, la devaluación y el incremento de precios marcarán el año 2013. Lo cual puede traducirse en: llegaron las vacas flacas porque se botaron los reales miserablemente. Hoy estamos sin luz, sin comida y endeudados. ¡Peor imposible! El colapso resulta cada día más evidente.

Sin embargo, frente al caos generado por el comunismo del siglo XXI hay un camino. Lo otro es avanzar hacia Cuba y su triste miseria.

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ISABEL PEREIRA PIZANI | EL UNIVERSAL
lunes 23 de julio de 2012 12:00 AM