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Los errores del nuevo Marx. Axel Kaiser

El libro Capital en el siglo XXI del francés Thomas Piketty se ha convertido en la nueva biblia de los igualitaristas. La tesis es tan improbablemente sencilla que el autor tomó 700 páginas de ardua investigación para intentar demostrarla. Según Piketty, el retorno sobre el capital es superior al crecimiento económico. Así, quienes poseen el capital concentrarán una porción cada vez mayor del ingreso nacional llevando a que la desigualdad se incremente hasta poner en jaque el capitalismo en sí. De este modo Piketty comparte la tesis de Marx de que el capitalismo incuba las fuerzas de su destrucción y de que hay algo así como una incompatibilidad de intereses entre capitalistas y asalariados. Es muy probable que tal como ocurrió a Marx, cuyas predicciones fueron refutadas por la historia, Piketty no escape al destino de profeta frustrado. Y es que el libro de Piketty presenta serias deficiencias.

Una de las más evidentes es que en parte sus mismos gráficos no permiten llegar a la conclusión que él sostiene. Cuando se examina la historia del siglo XX por ejemplo, se observa que el 10% más rico en EE.UU. incrementó sus ingresos como porcentaje de los ingresos totales antes de las crisis de 1929 y 2008. Ahora bien, ambos periodos fueron precedidos por expansiones monumentales de la masa monetaria y del crédito por la banca central que crearon burbujas inmobiliarias y bursátiles que terminaron por colapsar llevando a un desplome de los ingresos de los más ricos. Pero incluso sin considerar esos episodios, en 1910 el ingreso del 10% más rico como proporción del total de ingresos era igual que en 1995 (40%), algo que no cuadra con la tesis.

A mayor abundamiento, Piketty toma la lista de multimillonarios que la revista Forbescomenzó a elaborar en 1987 concluyendo que las fortunas de los más ricos del mundo han crecido un promedio de 6,8% real anual. Lo que Piketty no dice es que casi ninguno de los 10 más ricos del mundo el año 1987 está hoy en la misma posición de ventaja. En otras palabras, los ricos de hoy son otros. Pero si fuera verdad, como dice Piketty, que “superado un cierto umbral de riqueza, todas las grandes fortunas, hayan tenido su origen en la herencia o en la empresa, crecen a tasas extremadamente elevadas, con independencia de si su propietario trabaja o no trabaja”, entonces no se podría explicar que casi todos los más ricos de 1987 se hayan empobrecido dramáticamente. Algunos incluso perdieron hasta el 80% de su fortuna según ha mostrado Juan Ramón Rallo.

Más grave aún es la forma en como Piketty mide la distribución de ingresos, pues ignora totalmente las masivas transferencias de capital que hace el Estado. Si estas son tomadas en cuenta, en EE.UU., por ejemplo, el 20% más pobre de la población vio incrementados sus ingresos en un 49% entre 1979 y 2010 mientras el quintil de mayores ingresos lo vio incrementado un 45%.

Pero además hay otros indicadores de bienestar que Piketty simplemente no considera en su análisis. El más importante es la expectativa de vida que desde 1900 ha aumentado en 30 años para el americano promedio y 40 años para los afroamericanos. Otro indicador es la mortalidad infantil que en el plazo de un siglo en Inglaterra, por ejemplo, cayó de 247 por cada 1000 nacidos vivos a 8,1 por cada 1000 nacidos vivos en los grupos más pobres del país. Ello esencialmente gracias a la innovación tecnológica que ha permitido elcapitalismo. Nada de eso parece relevante para el joven socialista Piketty, porque a pesar del progreso general, sigue existiendo desigualdad que según su visión es el gran problema.

De ahí que en su libro proponga un impuesto global de un 80% a todos quienes ganen más de 500 mil dólares anuales y un impuesto global al patrimonio de 5% a 10% anual a quienes tengan más de 1000 millones de dólares. Los efectos de estas políticas, como han advertido varios economistas, serían desastrosos para el empleo y el bienestar de los más pobres.

Afortunadamente, Piketty y sus seguidores tienen una salida: extender en todo el mundo el sistema de las AFP que hace de los trabajadores dueños del capital a través de los mercados financieros y por tanto beneficiarios directos de el.

AXEL KAISER | EL CATO
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario Financiero (Chile) el 21 de mayo de 2014.