Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Los espacios para la paz. Victor Maldonado

Recientemente tuve que dar unas declaraciones que debo aclarar. Me refería en su momento a las condiciones para sacar adelante al país y me preguntaba el periodista sobre las condiciones para un diálogo con el Gobierno.

Previo a la respuesta debo aclarar que tengo la convicción de que pedir y esperar un diálogo social forma parte de los componentes indispensables de la agenda democrática. Nadie puede negarse a pensar que la resolución de los conflictos políticos tiene en el diálogo la principal oportunidad de la paz. Las otras soluciones son siempre violentas. Y que acordar al menos un status quo en el que se vea reflejada la opinión mayoritaria del país es mejor que no intentar nada y seguir siendo espectadores de la descomposición institucional de la República. Por supuesto, el posible acuerdo tiene como condiciones inexcusables el mutuo reconocimiento y el respeto por los logros de los adversarios. Esas condiciones son bilaterales, ambos bandos deben comprometerse con ellas hasta el punto de hacer confiable y valedero cualquier pacto al que se llegue.

Las sociedades modernas se reconocen en su pluralismo. Pluralismo no es otra cosa que la aceptación de la diversidad y de los conflictos que surgen de esa diversidad de puntos de vista y de agendas. Las sociedades pre-modernas son las que pretenden que haya una sola opinión, un único punto de vista y una sola forma de solucionar los problemas que se van presentando. Por eso es que los regímenes tradicionales corren el riesgo de transformarse en sistemas fundamentalistas en los cuales se condenan las diferencias y se persiguen a los disidentes. Para estos, cualquier contradicción es una oposición a la revelación de la verdad y una agresión a quien está llamado a defenderla aunque por eso deba morir o matar.

En cambio, la modernidad abrió las exclusas para que se inventaran formas novedosas de convivencia entre los diversos, se privilegió la tolerancia por encima de cualquier otra virtud y se le impuso a la política la difícil tarea de construir espacios e identidades en el que los diferentes pudiesen concurrir y verse reflejados, a pesar insisto, que ser diversos es apreciar al mundo a través de la óptica de los intereses particulares y que no está reñido con la ética aquello de que “cada cabeza es un mundo”.

La modernidad también quiso superar el sueño medieval de las utopías. La ciudad de Dios y cualquier otra pretensión de perfección se dejaron de lado, aunque por entre las grietas se coló la distopía socialista como hija legítima de la ilustración. El comunismo es una distopía que exige un hombre alejado de su propia trayectoria histórica, encomendado a un grupo especial de seres, los líderes revolucionarios, que trazan el camino que hay que recorrer para lograr la igualdad perfecta que solo es posible en el comunismo. Ya sabemos que millones de víctimas anónimas han servido para empedrar esta ruta tan singular que solo culmina en el peor de los infiernos. También presentimos que a nosotros nos puede comenzar a ocurrir lo mismo en cualquier momento.

Pero volvamos al tema. Ser modernos es intentar acuerdos. No se pretende alcanzar un nivel máximo de acuerdos. Se aspira a algo más modesto, porque como bien lo señaló Adela Cortina, hasta en el reino de los demonios hay un mínimo de orden social que garantice el caos que caracteriza al mal. De eso se trata, de inventariar cuáles son esos mínimos acuerdos que nos permitirían evitar esa guerra civil tan incivilizada pero tan a la vuelta de la esquina. Yo propuse que comenzáramos por lo más sencillo: Todos estamos de acuerdo en que hay que solucionar cuanto antes el problema de la inseguridad. Incluso el gobierno podría coincidir en que ese es un tema que angustia a todos por igual, y que ellos tienen que remediar. También los venezolanos estamos de acuerdo en que es urgente crear nuevas fuentes de empleo. Y mejor si son el producto de la empresa privada, para lo cual hay que comenzar a garantizar los derechos de propiedad previstos en la Constitución.

De eso se trata la apertura y la disposición que se necesita para llegar a construir un conjunto de consensos mínimos: de identificar puntos de coincidencia que sean inobjetables porque las mayorías están de acuerdo. Si se consiguen y sobre ellos se funda un intento de diálogo serán mejores nuestras oportunidades para escapar del peligro de la represión, o que estas circunstancias pasen a mayores. Por eso no dejaré de insistir en el diálogo, porque peor es la guerra. Y porque pierde más el que no lo acepta que el que lo pide.