Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Los gremios si hacen política. Víctor Maldonado

La política -sentenciaba Hannah Arendt- es el arte de lograr la convivencia entre los que son diversos. La diversidad no es una mala palabra. Todas las democracias reconocen el pluralismo como una condición entrañable, porque son las diferencias las que permiten después hacer una buena síntesis. Tampoco la política es una mala palabra, porque ella intenta regular el espacio institucional de “lo público” -todo lo diferente a la esfera privada, a lo íntimo- en el que la economía, tanto como propuesta de realización o como resultado es muy relevante.  El poder tampoco es una mala palabra.

El poder es la capacidad de movilizar recursos en interés de lograr los objetivos y propósitos de un grupo, es la fortaleza que se demuestra a la hora de imponer convicciones, y la capacidad de convocatoria. El que renuncia al poder está negando la política y el juego democrático de la diversidad y el pluralismo. El que dice que repudia el uso de poder se está excluyendo y colocando en terrenos imprecisos. El que dice no tener ambiciones de poder está mintiendo. O se dio por vencido, o está participando en el juego de poder de otros, o ubicándose en los sórdidos terrenos de la violencia y de la guerra. En resumen, la política es el espacio donde se discuten y se resuelven aspectos públicos, lo que nos atañe a todos, lo que de alguna manera nos afecta en tanto ciudadanos.

Las instituciones republicanas tienen el deber moral de participar en la política y de contribuir en la definición de las decisiones que mejoren las condiciones de marco de la convivencia. La democracia tiene mejor calidad en la misma medida que hay más participación de expresiones legítimas de la sociedad civil. Y la democracia se degradará  en la misma medida que el gobierno y sus grupos de respaldo envilezcan la participación social. La economía, la seguridad ciudadana, la vigencia de los derechos y garantías, las libertades, y las formas de lograr la prosperidad son todas ellas dimensiones complementarias del hacer político, que de ninguna manera es espacio reservado a ningún grupo en particular. Los partidos políticos son esenciales para la democracia pero no son los usufructuarios exclusivos de la política.

Un gremio empresarial representa los intereses de su sector, y los hace públicos. Sus propios puntos de vista los debaten con otras corporaciones, opina sobre el acontecer nacional, exige reconocimiento, y por supuesto que participa en la pugna distributiva. Todas las expresiones de la sociedad civil disputan por la atención del Estado cuyo deber es la inclusión y la síntesis de todas las propuestas a la luz de lo que mejor convenga a la realización del individuo en libertad.

Para que haya empresas tienen que darse un conjunto de condiciones económicas, sociales y políticas. Y para extinguirlas basta seguir la receta contraria. Las empresas se consideran parte del activo social del país  porque son una fuente imprescindible de generación de empleos, bienes, servicios y tributos. Por esa razón los gremios empresariales insisten en presentar a las empresas como parte de la riqueza nacional. Ningún país crea prosperidad y produce libertades sin empresa privada. Los gremios no necesariamente defienden empresas particulares, ni hacen gestoría, pero seguramente representan y difunden el ideal empresarial, el libre mercado, la competencia, la libre empresa, la ética de los negocios, y la necesidad de mantener vigentes  los derechos de propiedad.

El orden social de la prosperidad sostenible necesita de un gobierno que postule y defienda estos principios. En el resto de los países eso está muy claro. Ningún gobernante sensato se da la licencia para exterminar empresas y violentar sus derechos. Los socialismos, enemigos jurados de la libre empresa y del capitalismo siempre terminan arruinando a sus sociedades y malogrando sus economías. La Venezuela del Socialismo del Siglo XXI es una muy buena versión de los resultados de esa apuesta.

Un gremio empresarial intenta ser interlocutor válido. Aspira a participar de diálogos sociales fructíferos. Necesita ser parte del debate con los consumidores, los sindicatos y el mundo del trabajo, las asociaciones profesionales, los partidos políticos, y cualquiera de las instancias del gobierno. Los gremios tienen intereses, y los defienden. Y tienen una visión del país. Los gremios señalan, advierten y se sirven de los medios de comunicación social para indicar cuál es, a su juicio, el rumbo. La congruencia en términos de principios y precedentes es su mejor carta de presentación. Y esa congruencia solamente lo logran aquellos gremios que se dan el tiempo para hacer un buen encuadre estratégico (en aras del sentido de la realidad), no se reducen a su propio espacio de confort, intentan hacer buenos análisis entre lo estrictamente económico y el resto de los ámbitos –la política, la sociedad, la cultura- y mantienen una constante preocupación por el rumbo del país.

Para un gremio de empresas es muy importante promover ciudades competitivas, buenos estándares de seguridad ciudadana, el mejoramiento constante de la infraestructura, los resultados del esfuerzo educativo, el caudal de talento disponible, la capacidad logística del país, la capacidad de los ciudadanos para comprender causalmente los problemas y el que entre todos acuerden un modelo de gobierno que no termine siendo el lobo que luego se los engulle a todos. ¿Puede alguien decir o considerar ilegítima la práctica de la política de los gremios empresariales? Aunque usted no lo crea, algunos postulan que no hacen política porque ese no es su problema. Son los que no entienden de la política ni saben a qué se refieren. Son los que tienen espíritu de minero y pretenden hacer buenos negocios mientras el país se hunde. Hay buena y mala política. La mala es plegarse, comprar gratuitamente las versiones del gobierno, avalar sus malos resultados, sacar ganancias particulares de la mordaza pública, o creer que su negocio fundamental es ser el calmante de las obsesiones de los que dirigen al país. Esa forma de hacer política es su degradación a la adulancia. Un gremio plegado al gobierno siempre es inconveniente a los intereses nacionales, no solamente por lo mal que aspecto, sino porque escamotea el pluralismo y debilita la diversidad de opciones a disposición de los ciudadanos.

Víctor Maldonado
victormaldonadoc@gmail.com
@vjmc