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Los jóvenes, Capriles y el futuro. Andrés Volpe

Ecuación vital para evitar la vuelta de ideologías retrógradas y de autoritarismos personalistas

ANDRÉS VOLPE | EL UNIVERSAL
lunes 20 de agosto de 2012 12:00 AM
El tiempo perdido nunca

se encuentra de nuevo.

Benjamín Franklin.

La renovación política es necesaria. Venezuela requiere un cambio ideológico, de políticas públicas, de planes económicos. Pide reformas sociales y, más importante, una renovación generacional. Los jóvenes, que constituyen el nuevo capital humano del país, se debaten entre buscar mejores oportunidades para comenzar su vida profesional en el extranjero o apostarle a un post 7-O con Capriles como garante de una esperanza renovada. Es por ello que la idea de progreso es vital para Capriles, los jóvenes y el futuro del país.

Las nuevas generaciones demandan reformas y todo orden social necesita modificarse para continuar existiendo. Así lo ha determinado la historia: sociedad que no ha sabido remozarse y, por lo tanto, evolucionar hacia su mejoramiento, ha quedado rezagada y en la oscuridad de lo que significa el atraso económico, político, social y cultural. En los países comunistas vemos cómo las nuevas generaciones quedan enclaustradas en sociedades rígidas. Permanecen en el anonimato. No obstante, hubo casos como el de Checoslovaquia con la Revolución de Terciopelo, donde los jóvenes se alzaron contra la represión comunista y el retraso histórico. Fue la Primavera de Praga.

Las nuevas generaciones de jóvenes que logran un cambio en su sociedad y la mejoran, siempre reciben un nombre que las hace resaltar en la historia doméstica, porque dividen el tiempo entre un antes y un después. En Venezuela el mejor ejemplo es la generación del 28. Al oponerse al status quo impuesto por Gómez, ellos lograron poner en funcionamiento los engranajes de la historia y crear la dinámica social que permitió luego construir la democracia. Sin embargo, después de esta generación no hubo un mayor cambio en el imaginario social, ni en el capital humano, que asumiera el liderazgo y la conducción del país. Quizás puede argumentarse a favor del movimiento estudiantil de 2007, sin embargo, si bien constituyó una fuerza importante en su momento, hoy en día ya no es un factor decisivo de cambio.

El grupo de poder actual, encabezado por el Presidente de la República, lleva 14 años en el poder, en los cuales no se ha visto la voluntad de dar paso a los jóvenes. Por el contrario, los cargos públicos de importancia solo han sido ejercidos y mantenidos en rotación entre el círculo de confianza del Presidente. Los jóvenes que se suman a las filas del chavismo pasan a participar del cuerpo anónimo de las juventudes comunistas, donde se convierten en generación sin rostro bajo el pensamiento único.

Prueba de esta afirmación es el discurso dogmático del líder único del Gobierno. Su discurso es el de un ególatra excluyente, que solo busca fortalecer su permanencia en el poder sin asomar la posibilidad de renovación. En cambio, el mensaje de Capriles es abierto e incluyente, donde los jóvenes pueden verse reflejados, tomados en cuenta y valorados. Es un discurso plural. Él propone progreso. En ese concepto está implícita la idea de renovación y el advenimiento de nuevas generaciones. Solo con la idea de progreso presente en toda su comunicación política, se convierte en una firme esperanza para las nuevas camadas. Con Capriles los jóvenes serán protagonistas de las reformas que requiere el país, pues aunque no todos vayan a desempeñar una función pública, ellos formarán parte del cambio.

Capriles, con los jóvenes, tiene la posibilidad de fracturar el tiempo histórico entre un antes y un después, más aún si quiere establecer un proyecto de nación para el largo plazo. Con ellos puede separarse del personalismo que ha sido tan frecuente en la historia política venezolana. En consecuencia, Capriles implica progreso, cambio histórico: A su vez los jóvenes suponen continuidad de cambio, continuidad de mejoramiento. Esa ecuación es vital para evitar la vuelta de ideologías retrógradas y de autoritarismos personalistas.

Benjamín Franklin está en lo cierto cuando dice que el tiempo perdido no puede volverse a encontrar jamás. En el caso de los jóvenes, el futuro es lo que no puede desaprovecharse. El progreso es un proceso continuo en el que la vida va construyéndose.

Para Capriles, progreso significa presente y posibilidad de crear mayores oportunidades. También significa trazar un camino menos difícil para los venezolanos que nacerán, que aun no conocen el tiempo y quizás no conozcan el antes, sino el después, fruto de la esperanza y el trabajo.

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