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Los rostros del ajuste. Domingo Fontiveros

El socialismo volvió a agotarse en Venezuela, pero hay muchos socialistas mandando.

La expectativa principal en materia económica se ha desplazado de la “rectificación”, que dominó las peticiones de la dirigencia empresarial y de la oposición política durante varios años, hacia un ajuste macroeconómico urgente que encare los graves problemas de la coyuntura y detenga el desplome en la demanda y oferta de bienes y servicios.

Para el gobierno, que de economía entiende poco, todo el asunto del ajuste se reduce a las medidas indispensables exigidas por los grandes prestamistas extranjeros, incluyendo al FMI, la banca de inversión y hasta el Estado chino. Porque se trata de volver a endeudar masivamente al país para rescatar al gobierno del desastre financiero e inflacionario en que él mismo se metió.

Desde un punto de vista técnico, el ajuste debe emprenderse de forma simultánea en varios planos e involucra la racionalización del gasto público, la corrección del enorme desequilibrio cambiario y la actualización de los principales componentes del sistema de precios.

Requiere igualmente la reabsorción de los significativos excedentes monetarios en circulación, como condición adicional y “sine qua non” para alcanzar un piso de estabilidad financiera con baja inflación.

Se entiende que el rescate financiero no se hará realidad si las autoridades venezolanas conservan la intención de seguir jugando al aprendiz de brujo con los recursos que les sean entregados. Para demostrar lo contrario es necesario el compromiso de un programa de ajuste cabal, nada de pañitos calientes. Y someter a evaluación periódica el avance en las metas propuestas. Sin lo primero no hay acuerdo de rescate. Si hay fallas en lo segundo, los desembolsos posteriores se suspenden. Así de simple.

Un tema crucial es el cambiario. Allí desembocan, de forma inocultable, todos los desajustes de la economía venezolana. Y allí, también, se manifiestan las apetencias y carencias de todos los sectores. El gobierno ha insinuado la unificación del tipo de cambio como correctivo de los múltiples tipos oficiales, aunque con ello ni siquiera intenta resolver el meollo del asunto que es si se mantiene o no el control cambiario. Unificar con controles implica la permanencia de un tipo paralelo y libre, con una moneda aún más devaluada.

Eliminar el sistema controlado y dejar que el mercado busque su equilibrio en un marco de disciplina fiscal y monetaria sería lo sensato, aunque demanda “agallas” en el manejo del gasto público y la oferta de dinero, aparte de un convincente apoyo financiero desde el exterior.

Un aspecto del ajuste cambiario es familiar en nuestro medio: hacerlo en forma abrupta o gradual. Liberar sí, pero todavía no. Devaluar sí, pero “piano piano“. Discutir demasiado el asunto parece a estas alturas banal y superfluo. Los dos últimos años han sido de ajuste cambiario gradualista en los tipos oficiales y estilo “shock” en el paralelo. Los ajustes graduales han sido terribles fiascos para la economía nacional, ahora y en el “pasado anterior”.

Por importante que sea, lo cambiario es apenas uno de los componentes del ajuste. Hay tiempo para discutirlos todos, pero las divisas no alcanzan. Hay muchos jefes, pero la gente ve sólo a uno. El socialismo volvió a agotarse en Venezuela, pero hay muchos socialistas mandando. 

DOMINGO FONTIVEROS | EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net