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Luis Miquilena

Publicado Diario El Universal 26/08/07

Por: Emeterio Gómez

Mientras esperamos por la rueda de prensa de Miquilena, un amigo nos recrimina duramente: “no entiendo esa locura de querer convertir tu artículo semanal en una cátedra de filosofía, precisamente en medio de esta tragedia que vive el país. Chávez lanza la ofensiva final para imponer el Comunismo… y tu quieres dedicarte a explicarle a la gente algo tan abstruso como el pensamiento de Heidegger”.

No hay mucho que entender en realidad; simplemente –¡¡a través de esta tragedia que vive Venezuela!!– pretendo inculcarle a la gente la quiebra absoluta de la filosofía. Nada mejor que Chávez para intuir el fracaso radical del hombre occidental que Heidegger –siguiendo a Nietzsche– esboza en su libro ¿Qué significa pensar? Y viceversa: nada ayuda más a entender esta loquetera total de destruir un país para imponer un modelo de sociedad absolutamente inviable, que esa contundencia con la que Heidegger denuncia que Occidente ¡¡no ha aprendido a pensar!! que eso de guiarse por conceptos, razonamientos y re-presentaciones de lo real es una manera primitiva y torpe de captar el mundo. Justo en ese momento apareció Miquilena en la pantalla, grata y sorprendentemente vital todavía.

En mi rostro debe haberse reflejado alguna esperanza o entusiasmo, porque el amigo volvió a la carga: “¿Cómo puede darte ánimo el que Miquilena ataque a Chávez, si fue él uno de los fundadores de este desastre totalitario? ¿Con qué moral –tú que tanto hablas de ella– puede este señor venir a denunciar la corrupción actual, si él contribuyó a instaurar este inmenso saqueo que hoy sufre Venezuela? Y, finalmente, para no fastidiarte demasiado: ¿Cómo justificar su silencio de todos estos años? ¿Por qué calló Miquilena desde que salió del Gobierno? ¿Es que no había descubierto antes el nivel de robolución al que estamos sometidos?”.

Como ya te dije: la terrible situación que vivimos ayuda más que cualquier estudio, teoría o lectura a intuir tanto la quiebra de la Filosofía Occidental como la naturaleza indescifrable del Ser Humano. ¡¡En la medida en que éste confronte situaciones extremas, en esa medida carece de sentido aplicarle a sus actos ningún razonamiento o convencionalismo moral!! En la medida en que asumimos que nuestro país está a punto de ser destruido, pierden sentido todos los conceptos, valores o re-presentaciones, esto es, todas las estructuras artificiales con las que normalmente intentamos captar la realidad. Todo ello se diluye y quedamos desnudos frente a la existencia cruda. Si de verdad Chávez va a intentar el infinito absurdo del comunismo –¿habrá alguien que aún lo dude?– si de verdad él cree que puede prescindir del derecho y de la economía, esto es, de la ley y del valor de cambio, para montar directamente en la moral las complejísimas e inextricables relaciones entre los hombres; si va a insistir en inventar el infierno ante el que fracasaron rusos, chinos y cubanos ¿qué diablos importa lo que podamos pensar de Miquilena? ¿Qué importan nuestros juicios morales acerca de él, o que él haya sido uno de los dos artífices, autores o creadores de Chávez? ¿Qué importa que tengamos que salir ahora defender la lamentable, absurda y utópica Constitución del 99? ¡Bienvenido a la pelea respetable señor Miquilena! Y, a manera de posdata sólo resta preguntar: ¿cuánta destrucción de la sociedad venezolana, qué nivel de locura absurda se requerirá para que José Vicente Rangel, el otro artífice, tenga un gesto de dignidad?

emeteriog@cantv.net