Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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¿Maduro, este es tu diálogo? Ángel Soto

“¿Maduro, este es tu diálogo?”, se lee en uno de los cientos de carteles que cuelgan en el campamento de Chacao, Caracas y que reúne a Jóvenes Estudiantes que protestan contra el régimen chavista en Venezuela.

En medio de las protestas que se reprimen con inusitada violencia, este campamento está en plena vía pública, donde ya no hay sólo estudiantes, sino también otros ciudadanos —incluso niños que acompañan a sus padres— y que se han unido bajo lemas como: “No más represión”, “No maten la esperanza”, “Es hora de levantarse porque yo ya me levanté”, “Con la libertad de Venezuela no se juega”… Hasta leer un impactante: “Soy venezolano. Fuera los cubanos de los puertos, registros, Ejército”, pasando por un rotundo “No a la tarjeta de racionamiento. No dejes que decidan por ti lo que vas a comprar y a comer!… ¡No te quedes callado! Únete”, lo cual da cuenta de la escasez de alimentos que se vive en la ciudad.

Otro cartel decía: “No tengo leche, no tengo gas (pero) sí tengo Pobreza, Asesinatos, Torturas, Represión, Inseguridad, Autoritarismo y balas…! ¿Esa es la PATRIA que quieren?”.

Mientras me piden el jabón y el champú del hotel, veo filas para comprar leche, pollo y supermercados que están quedando vacíos. La inflación es la más alta de Latinoamérica, mostrando la triste realidad que vive el país más rico del continente, pero que tiene el menor crecimiento.

La primera consigna gobiernista, al llegar al aeropuerto, fue leer que Venezuela es el número uno en distribución de ingreso. Claro, con un sueldo promedio de US$45 mensuales se observa el deterioro de un país que en otro tiempo fue un ejemplo para el continente. “¿Y qué paso?”, se pregunta —entre canto y grito— un grupo de músicos locales.

Fue ver un retroceso que aleja al país de la modernidad —como sentenció Mario Vargas Llosa— y que sólo permite coincidir con que la neutralidad frente a lo que ahí se vive, es sencillamente complicidad.

Caracas —gracias a la convocatoria que hizo el influyente Centro de Estudios CEDICE— fue durante estos días el centro de un debate que tuvo como foco “América Latina: La libertad es el futuro”. Una reflexión sobre el papel de las ideas en la transformación económica, política y social para crear riqueza y reducir la pobreza. Sí, leyó bien, “crear” no “redistribuir” riqueza.

Mientras la historia universal nos enseña que la ruta al progreso es aquella que sigue la libertad política y económica, la historia de América Latina nos muestra muchos ejemplos de camino inverso, es decir —de una manera insólita— los latinoamericanos sabemos cómo retroceder del desarrollo al subdesarrollo. Argentina, primero… Venezuela ahora… ¿alguno se pone a la lista?

Sin embargo, el futuro venezolano es optimista, porque está en manos de un pueblo, y sobre todo, de una generación de estudiantes que cree en la libertad y confía en sus capacidades. Más temprano que tarde la democracia se recuperará y Venezuela se levantará gracias a toda la riqueza y creatividad de sus habitantes. Muchos se preguntarán: ¿Tuvo sentido pasar por esta pesadilla? Evidentemente que no… pero, ¿acaso no somos expertos en tropezar con la misma piedra y no valoramos las cosas cuando las perdemos?… una lección para todo el continente.

Ángel Soto | @angelsotochile