Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Maltusianismo y Emigración. Hildebrando Chaviano Montes

La reciente noticia de que los cubanos podrían viajar a cualquier parte del mundo, sin necesidad de que el gobierno les concediera el permiso de salida conocido por “tarjeta blanca”, fue bien recibida por todos. Está claro que este es un derecho que jamás debió limitarse. Sin embargo, esta medida no obedeció a un repentino ataque de democratización en las altas esferas.

Más bien se debió por una parte a la necesidad de un cambio de imagen para un gobierno desgastado en su larga historia de fracasos y por otra a la urgencia de abrir una válvula de escape a miles de personas carentes de bienes y servicios y sin acceso a los medios de producción. Por decirlo de otra manera, actualmente en Cuba hay demasiadas bocas que alimentar para tan poca comida, lo cual no es nuevo en la historia de la humanidad.

Hasta el siglo XV, Europa se vio sometida a la pérdida masiva de habitantes; las guerras, epidemias y hambrunas periódicas provocaban que la población fuera diezmada, dejando campos y ciudades desolados. Para la época, estos eventos eran necesarios según el economista británico Thomas Malthus (1766-1834), el cual aseguraba que el ritmo de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica (2, 4, 8,16, etc.) mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia lo hace en una progresión aritmética (3, 5, 7, 9, etc.). En palabras más simples, es como si el crecimiento de la población obedeciera a una multiplicación mientras el de los alimentos sería una suma en términos constantes. Por tal razón, de no existir estos obstáculos al crecimiento constante de la población, como eran las guerras y las epidemias, peligraba la existencia misma de toda la raza humana; es decir, morirse era una bendición y con cada muerte los que sobrevivieron tenían más que comer. Esta teoría demográfica, económica y sociopolítica es conocida como el maltusianismo.

Con el establecimiento y garantía del derecho de propiedad en el siglo XVI, este llamado ciclo maltusiano se rompió. El reconocimiento de los derechos ciudadanos, entre ellos el derecho a la propiedad individual, provocó tal incremento en la producción de bienes de consumo que las calamidades naturales y las guerras se dejaron de ver como una solución a los problemas del hambre.

Por desgracia, el ciclo maltusiano ha renacido y se ha instaurado en Cuba. Desde el año 1959, esta aberración se ha manifestado en el país en la forma de oleadas cíclicas de emigrantes que han marcado cada crisis económica nacional. Generalmente son recordadas por la fecha en que ocurrieron (décadas de los 60’s, 70’s, 80’s, 90’s) o los lugares utilizados para escapar (Boca de Camarioca, El Mariel, litoral habanero), pero en la actualidad este gran éxodo se está produciendo por los aeropuertos. Los cubanos del siglo XXI emigran a cualquier parte del mundo y en su mayoría son jóvenes graduados universitarios o de institutos tecnológicos, recibidos con los brazos abiertos en los países de destino.

De esta manera, al estilo de la Europa medieval, el gobierno se quita de encima la presión de una gran masa de desempleados altamente calificados y con necesidades insatisfechas de consumo. Podría decirse que el éxodo actual de recursos humanos vitales para el desarrollo futuro de la nación es el equivalente a una de aquellas grandes epidemias que diezmaban la Europa estudiada por Malthus. Como aquellos desastres humanitarios, la emigración alivia al país de tantas bocas y manos a quienes el Estado no tiene para alimentar ni sostener.

La liberalización de la economía y el mercado, permitiendo sin trabas burocráticas el desarrollo de la pequeña empresa privada (nombre real de los llamados cuentapropistas), traería el aumento de la producción de bienes a la vez que el enriquecimiento de los ciudadanos. Ojalá que con este deseado crecimiento del país, el cual más de medio siglo de empresa estatal socialista no ha logrado, por fin Cuba podrá proporcionar la comida y los trabajos que tantos de sus ciudadanos actualmente buscan en otros lados.

HIDELBRANDO CHAVIANO MONTES
hildebrando.chaviano@yahoo.com