Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Manual para un votante clandestino. Víctor Maldonado C.

El gobierno cree que tiene a sus electores en el puño. Nada más falso. El acto de votación es secreto y personalísimo, y no hay forma de saber cuál es la opción particular de los más de doce millones de venezolanos que van a ejercer sus derechos ciudadanos. Puede ser que nos perturbe la evidente parcialidad del CNE. O que nos desaliente la impúdica hegemonía publicitaria que practica el gobierno. Todo eso es cierto, está a la vista de todos y no vale la pena negarlo. Pero ninguno de esas reprobables conductas puede atentar contra una certeza: el voto es secreto, y lo administramos como nos venga en gana.

El gobierno está empeñado en cobrar (por anticipado) las prebendas que ofrece a cambio de lealtad política. Dicen por allí que promete lo que tiene y lo que no tiene, y si no le resulta suficiente, amenaza veladamente con consecuencias personales catastróficas. Mientras el régimen dure, con eso hay que vivir, haciendo oídos sordos a todo ese discurso apocalíptico. El régimen es tan perverso que a veces hace “efectos demostración”. Te hace ver cómo le va a aquellos que se atreven a contradecirlo para que tu administres “apropiadamente” tus miedos y sepas a que atenerte. Negar que el gobierno es capaz de la extorsión y el chantaje es tiempo perdido. Ellos llegarán y te harán saber que estás en una lista y que ellos pueden saber cosas de ti que te pueden perjudicar. Te dirán que está en juego tu trabajo y tus beneficios. Y tú asentirás dócilmente sabiendo que a pesar de todo lo que te digan no hay nada que pueda alterar el hecho de que el voto es secreto, y lo administramos como nos venga en gana.

Probablemente te obligarán a entregar un día de tu salario para apoyar la causa del partido de gobierno, y serás movilizado a más de una manifestación donde el líder repetirá la misma cháchara de siempre. Te obligarán a vestir la franela roja, y te advertirán contra preguntas que puedan incomodar al candidato-presidente. Te mandarán a aplaudir, agitarás banderas y gritarás consignas en las que ya no crees. Bueno, gajes del oficio. Ocurre en todos los regímenes autoritarios que no creen en la espontaneidad y persiguen cualquier conducta libertaria. Serás parte de una puesta en escena agotada. No te sientas mal. No puede haber juicio moral cuando no hay opciones dignas. Pero mientras asistes al enésimo acto político recuerda que el voto es secreto, y lo administramos como nos venga en gana.

De repente, quien quita, te darán un bono por lealtad. Y te harán saber que la revolución se dirige a nuevos y mejores estadios de felicidad colectiva. Probablemente tú te preguntes si tanta fiesta es sostenible. Te interrogarás sobre la equidad de esos beneficios cuando al mismo tiempo las escuelas públicas están en el suelo, y las ratas conviven con los pacientes del Hospital de Niños. Pero lo tendrás que recibir, mientras otros hacen manifestaciones en las calles para que les honren sus deudas o los saquen de los refugios de una vez y para siempre. Agarra esos reales y gástalos con tus hijos. Reserva el 10% y haz caridad. Siempre hay alguien en peores condiciones que uno. Compra, por ejemplo, una lista de útiles escolares, y entrégasela al niño más pobre que conozcas. Tal vez hagas la diferencia en su vida. Recibe el bono, celébralo, y recuerda que ese no es tu precio. Que tú dignidad vale mucho más y que nadie es capaz de intervenir tu conciencia, porque tú sabes que a estas alturas es más que oportuno un cambio para que el odio no siga siendo la consigna. El bono no hace público tu voto. Sigue siendo secreto, y lo administramos como nos venga en gana.

El 7 de octubre, muy temprano te despertarán. Será la última vez que la impertinencia de una diana militar te obligue al madrugonazo. Tómatelo con calma, como si estuvieras asistiendo al ocaso de una época. Tocarán tu puerta. Te montarán en una camioneta. Pasarán la lista y te llevarán a votar. Te advertirán cómo tienes que votar y dejarán colar que ellos tienen como enterarse. Te reirás hacia adentro, y te dejarás llevar. Llegado el momento, estarás solo, y únicamente tú sabrás cómo contribuirás a cambiar el destino de la patria. Tendrás en tus manos la suerte de la paz y la oportunidad para la reconciliación con justicia. Serás en ese momento el hombre más libre del mundo, y podrás ser el más justo, porque a pesar de todo lo que te digan, tu voto será secreto y lo decidirás con responsabilidad y libertad. Y la patria agradecida te lo reconocerá.

Víctor Maldonado C

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