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Marx, el Comunismo y los lobos

6/09/09

Por: Emeterio Gómez

Tanto el Comunismo ¡como la Revolución! son nociones infantiles

El final de mi artículo sobre Chomsky: “sólo a un bobo se le ocurre pensar que el Comunismo es la vía para construir ese otro mundo posible”. Críticas: ¿por qué te empeñas en descalificar, cuando habría más bien que elevar el nivel del debate? ¿No percibes que esas ofensas se revierten contra ti y te malponen con los lectores, cansados por Chávez de tanta agresión?

¡¡Si estos amigos criticones supieran cuánto me cuesta más bien frenar los adjetivos y descalificaciones, ante la certeza creciente de la pobreza intelectual de Marx y el absurdo que es el Socialismo!! Me refiero al Socialismo en serio, al marxista y chavista, no a esas “mentiritas blancas” del socialismo democrático de Lula, Bachelet y el PSOE, que no van más allá del Capitalismo Social. ¡Porque ninguno de ellos sería tan loquito como para proponer la eliminación del Mercado!

¿Cómo me rechazarían esos amigos si me atreviera a hablarles de mi visión creciente de la ingenuidad de la Filosofía, del utopismo brutal de Platón y Aristóteles que nos crearon una visión infantil del Ser Humano? ¡¡Esa que lleva a Vargas Llosa a escandalizarse y a creer que Foucault y Baudrillard -dos genios franceses- exageran cuando dicen que el Hombre es una piltrafa, que “él no existe” y que “aquello que creemos real cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe; porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino versiones que de él dan los medios audiovisuales”.

Que el pensamiento de Marx es endeble y que en consecuencia tanto el Comunismo ¡como la Revolución! son nociones infantiles lo asoma Vattimo en las citas que de él hicimos en ese artículo. (Me disculpo por no haber aclarado que este filósofo italiano -a pesar de sus indiscutibles méritos intelectuales- se ha prestado para avalar la comedia trágica del Comunismo chavista. Igual que en los sesenta el bobo de Sartre avaló los crímenes de Fidel Castro).

Pero a pesar de su chavismo, la crítica de Vattimo a Marx es demoledora: él y Hegel fueron las últimas expresiones de la quiebra tanto de la filosofía moderna como de la griega. Para ésta, el hombre -el Sujeto cognoscente- no cuenta; es un ente pasivo, contemplativo. El SER era la Naturaleza, incluida la Humana. Los hombres no tenían la posibilidad de influir sobre ellas, esto es, sobre el “Ser”; apenas podían descubrirlo y contemplarlo. La Filosofía Moderna invirtió radicalmente la fórmula: el Ser devino Objeto y el rol estelar de éste pasó a residir en el Sujeto, en el Yo. La mente no se limita a conocer o contemplar la realidad, sino que contribuye a crearla, a constituirla. Es la filosofía profundamente subjetivista de la Modernidad que le da a la Conciencia el papel esencial en la conformación de la Realidad.

Marx no barruntó siquiera que ambas filosofías habían fracasado. Pero sobre todo la Moderna. No intuyó que carecía de sentido la idea de que el Sujeto -individual o colectivo, burgués iluminista o clase obrera organizada- pudiese construir consciente o planificadamente la sociedad. El pobre barbudo se quedó anclado en Hegel. No conoció para nada ni a Kant ni al fracaso de su filosofía; no llegó a enterarse que el Yo Trascendental kantiano, capaz de rehacer al mundo, padre del Espíritu Absoluto hegeliano -y abuelo del Proletariado como Sujeto Histórico- había sido tan sólo un error, un cráneo insensato, un pujo heroico de aquellos dos grandes cerebros (Kant-Hegel) que le envenenaron la mentecita a Marx.

gomezemeterio@gmail.com