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Marx y los impuestos

Los impuestos aparecen en Egipto el 3000 a. C, y en el Antiguo y Nuevo Testamento

Por: Leonor Filardo

Los impuestos aparecen en Egipto el 3000 a. C, y en el Antiguo y Nuevo Testamento. Originalmente eran para financiar la opulencia de los nobles y de los templos. Los primeros se dedicaban a proteger la seguridad del pueblo y los segundos a atender la salud, la educación y las necesidades de los pobres. El concepto, como tal, aparece en Inglaterra en la Carta Magna en 1215, donde queda establecido que se utilizaría para casos excepcionales y sólo con el consentimiento del pueblo, representado por el Parlamento, pues la obligación primaria de éste era proteger los bienes y sus dueños. Pero con el tiempo surgieron monarcas que abusaron de los súbditos sobre gravándolos para financiar guerras y el boato de la corte. Entre los más destacados fueron el Imperio Romano y la monarquía francesa. Por ejemplo Felipe IV, a partir del siglo XIII, establece rígidos impuestos, recurre a la devaluación con fines fiscales, y confisca los bienes de los templarios, destruyendo negocios rentables y el poder adquisitivo del pueblo. El abuso es de tal magnitud que uno de los jesuitas de la Escuela de Salamanca, Juan de Mariana en su obra El Rey, promulga la doctrina del tiranicidio argumentando que entre los que merecían tal castigo estaban Alejandro Magno, Julio César y Enrique III.

Para satisfacer caprichos personales del rey, guerras de conquistas y conflictos comerciales, al abuso impositivo se le unie el mercantilismo (intercambio de privilegios por favores del rey), para servir a las monarquías absolutistas de Europa. Colbert (1665/1683), la máxima autoridad económica del Luis XIV (1643/1715), decía que el arte de tributar consiste en desplumar un ganso, de tal manera que se obtenga la mayor cantidad de plumas con la menor cantidad de gañidos. Desde el punto de vista del Estado y sus gobernantes, el pueblo no es otra cosa que un descomunal ganso a desplumar con tanta eficacia como sea posible.

Por los abusos impositivos y devaluacionistas surgen revoluciones en contra de las monarquías. En el caso de los ingleses, cuando quisieron sobrepasarse gravando en exceso a las colonias, a pesar de los límites que existían, ocurre la revolución y a la independencia de los Estados Unidos, pues tales impuestos habían sido sin el consentimiento del pueblo. Con la Revolución Industrial, la pérdida de empleos origina levantamientos de parte de la población. De los extremos revolucionarios surgen líderes buscando nuevas ideas para procurar la igualdad material. En 1848, Marx auspicia ese equilibrio en el Manifiesto Comunista, promoviendo la aplicación del impuesto sobre la renta progresivo (gravar con mayores tasas a los ricos para darles beneficios a los pobres). Argumentaba que así el proletariado iría despojando de modo gradual a la burguesía de la totalidad del capital. Esta propuesta cala tanto en el mundo, que Gran Bretaña y Estados Unidos, los países capitalistas por excelencia, la han aplicado desde 1910, y después de la I Guerra Mundial casi todas las naciones la adoptan (imitación sin reflexión)

Después de casi 100 años de aplicar el impuesto progresivo para alcanzar la redistribución del ingreso, los resultados han sido catastróficos. Según cifras del Banco Mundial, en los países desarrollados, donde la distribución del ingreso y el nivel de vida son mejores, 20% de la población más pobre, en promedio, recibe 5,8% de los ingresos del país; mientras el 20% más rico, 45%. En los países socialistas de América Latina, el 20% más pobre recibe en promedio 3,3% del ingreso y el 20% más rico, 55%. El caso de Venezuela es patético, porque con un gobierno socialista rico, según las cifras del INE, el 20% más pobre recibe 4,8% del ingreso y el 20% más rico, 50%.

El verdadero resultado de aplicar este impuesto es similar al pasado: un incremento a niveles astronómicos para financiar los caprichos del gobernante de turno. Lo que se ha generado es la proliferación de la economía informal y de paraísos fiscales. A pesar de este fracaso contundente, no se ataca el problema fundamental: el exceso de impuestos y el mercantilismo en detrimento de la población. La razón es que el argumento sigue siendo muy productivo para los políticos, pues está dirigido a los que no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo para competir y a aquellos que no quieren responsabilizarse por su propia vida. Ello lo que hace es generar corrupción y empobrecer a la población porque se desincentiva la inversión, la producción y el empleo.

cedice@cedice.org.ve

Publicado 04/06/07 Diario El Universal