Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Mensaje a los candidatos. Leonor Filardo

Los verdaderos líderes deben reconocer los errores que frenan el desarrollo; e inspirar no desanimar.

Tom Plate en Conversaciones con Lee KuanYew (LKY), primer ministro de Singapur de 1959 a 1990, plantea que los sistemas políticos y económicos no duran para toda la vida y deben ser revisados periódicamente porque las condiciones cambian y, en muchas oportunidades, las imperfecciones se llevan a tales excesos que requieren ser modificadas. Los verdaderos líderes deben reconocer los errores que frenan el desarrollo; ser capaces de inspirar y no de desanimar.Resumiendo, LKY le dice a Plate: estoy interesado en lo que funciona, no en dogmas. Si tomas el camino de las ideologías vas directo al fracaso. Los líderes del Tercer Mundo se obsesionan con teorías socialistas y comunistas. Esto es una trampa. Toman banderas equivocadas y se mienten a sí mismos pues saben que no funcionan. Es un error creer que tener empresas multinacionales en el país es entregarles las llaves del tesoro y que nos estafarán. Utilicé el sentido común y me bajé del tren ideológico porque sería subestimarnos a nosotros mismos, a nuestro capital humano, su inventiva y su creatividad. Para solucionar problemas debemos ser pragmáticos. La sociedad desea ser gobernada por líderes que generen el mayor bienestar de una manera justa y no discriminatoria. Analizo diferentes alternativas y selecciono la que tiene la probabilidad más elevada de tener éxito, pero siempre tengo un plan B. Mis políticas tienen más de 30 años de resultados exitosos.¿Qué considera LKY políticas fracasadas? Las de la China de Mao y las de la Unión Soviética. Mao, primer presidente de China, se asesoró con los soviéticos y ejecutó El Gran Salto Adelante, un programa de estatización que confiscó empresas, expropió tierras, colectivizó la economía y creó comunas como unidades económicas autosuficientes. Las consecuencias de sus políticas fueron nefastas pues generaron una hambruna en la que murieron más de 70 millones de personas. Ante el Buró Político tuvo que reconocer sus errores y ceder la jefatura del Estado a Liu Shaoqi y a Deng Xiaoping. Este tomó las riendas del Gobierno en 1979. Un año antes visitó a LKY en Singapur y lo convirtió en su tutor. Deng observó cómo las empresas multinacionales occidentales estaban produciendo riqueza y educando a su gente para construir una sociedad próspera. Cuando finalizó la visita, Deng lo felicitó. Escuchando los consejos de LKY inició la transformación económica de China. Cambió su Constitución, incorporando la economía de mercado como un instrumento de desarrollo y promoviendo la educación, la empresarialidad y la excelencia. Deng salvó a China del colapso y la transformó en una potencia económica.

Plate le pregunta a LKY, a cuál de los grandes hombres que ha conocido considera grandioso. Le responde: Deng, porque para admitir a sus 74 años que estaba equivocado, que tenía que abandonar sus ideas marxistas, leninistas y maoístas porque no funcionaban, y convencer a sus colegas de tomar otro camino totalmente diferente, se necesita ser un gran hombre.

Según Bokserman y Stavrovsky, en el libro La Industria Petrolera de Unión Soviética (URSS), el petróleo desde 1945 sustentó la revolución. Pero depender de un solo producto es un riesgo que los líderes no perciben cuando están en el poder, tal como sucedió a partir de 1984 cuando la producción petrolera comenzó su descenso y después, unido a la declinación de sus precios, los condujo al derrumbe. Los dirigentes se preguntaban por qué. Pues por sus políticas públicas equivocadas. Alerce que solo el petróleo bastaba, el Estado liquidó al sector privado, asumiendo el control de las empresas y la agricultura, lo que generó una gran escasez de alimentos. En los 80 el agotamiento de la producción petrolera, siderúrgica y agrícola era inminente. La empresa eléctrica no funcionaba. Se destruyó la planta industrial, la infraestructura, los hospitales. Los recursos se despilfarraban en burocracia, en corrupción, en financiar las pérdidas de las empresas y exportar la revolución a otros países. Ello se tradujo en una fuerte contracción económica, hiperinflación, devaluaciones y colapso. En 1991 se declaró disuelta la URSS y se crearon estados independientes, que tuvieron que iniciar un nuevo camino.

La situación de Venezuela es similar a la descrita. Los candidatos deben reflexionar sobre los consejos del hombre sabio que ha sido LKY, capaz de convertir su país en una potencia económica, asesorar, ser escuchado y reconocido por los principales líderes mundiales.

LEONOR FILARDO ― EL UNIVERSAL
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