Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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Mentalidad de sabueso

El acoso al que el régimen somete al sector privado ha postrado la actividad económica Venezuela ocupa, junto con Haití, el último lugar entre los países latinoamericanos que reciben inversiones extranjeras.

Opinión

En los últimos diez años, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de empresarios se redujo en 50%, pues pasó de 900.000 a 450.000. En trece años han cerrado más de 6.000 rubros industriales, de los 13.000 que existían en 1999.

Somos una de las naciones donde la inseguridad jurídica es mayor y el ambiente de hostilidad a la iniciativa privada más candente; solo somos comparables con Corea del Norte. Incluso Cuba ofrece mayores ventajas que nosotros. Importamos más de 60% de los alimentos que producimos. El PIB no petrolero ha caído en los años recientes. El empleo que más crece es el informal, y en el sector formal el empleo que más aumenta es el que menos agrega valor, el más rutinario y el peor remunerado; cerca de 40% de la fuerza laboral gana el salario mínimo.

Tan dañino como que no fluyan inversiones foráneas hacia el país es que se alejen las que ya estaban establecidas. Importantes firmas transnacionales que habían estado asentadas en nuestro territorio durante decenios y que habían disfrutado, para beneficio de la nación, las ventajas comparativas que nuestra situación geográfica ofrece, tomaron la lamentable decisión de irse a otras latitudes, debido a la agresividad y al clima de inseguridad jurídica impuestos por el Gobierno.

Todos estos datos, que por su enorme carga negativa deberían llamar a la reflexión al teniente coronel Chávez Frías y a sus funcionarios subalternos, no ha servido para estimular la moderación y propiciar el diálogo con el sector privado, sino para seguir agrediéndolo con medidas injustificadas, arbitrarias e inconstitucionales. La última gracia del esbirro que pusieron al frente del Indepabis fue dictar el cierre temporal de Farmatodo, Farmahorro, Central Madeirense y Unicasa. ¿A quién se le ocurre en su sano juicio decretar esas acciones, cuando lo único que logran es quebrar aún más la confianza, ahondar la crisis e incrementar la desocupación? Solamente a unos insensatos resentidos movidos por una actitud antiempresarial incrustada en el hipotálamo.

El hostigamiento a la iniciativa particular solo ha traído ruina, recesión y desempleo a los venezolanos. El Gobierno se ha convertido en el principal factor inflacionario y especulativo del país. La inmensa cantidad de bolívares puestos en circulación no ha estado acompañada del debido incremento de la capacidad productiva interna. Este desequilibrio ha empujado los precios hacia el alza y ha propiciado brotes especulativos.

El Gobierno ha intentado paliar la brecha mediante importaciones. La paradoja consiste en que estas adquisiciones se realizan en países donde existen economías de mercado florecientes, como Brasil, en las que los controles y la intervención del Estado son mínimos, se resguarda la propiedad privada, se estimula la actividad particular y se respeta el Estado de Derecho.

La revolución bolivariana intenta construir la misma economía empobrecida, estatizada y colectivista, que fracasó en el mundo entero. Los antiguos países satélites de la Unión Soviética e incluso Rusia, luego de la implosión del imperio, están construyendo economías de mercado.

La locomotora China, que se mueve al ritmo del capitalismo, es el factor que explica por qué América Latina no ha sido arrastrada a la crisis que afecta a los Estados Unidos y Europa. Vietnam abandonó los esquemas comunistas, y ahora es una pujante economía que les ha permitido a los trabajadores aumentar veinte veces su ingreso per cápita. Argentina y Nicaragua, que forman parte del ALBA, se han cuidado de mantener regulaciones nocivas, y fomentan una economía abierta y competitiva que les ha hecho crecer a tasas importantes en los años recientes. Este incremento explica en buena medida los cómodos triunfos recientes de Cristina Kirchner y Daniel Ortega (este último ayudado por la mano dispendiosa de Chávez).

Todo esto ocurre en el planeta y en nuestras vecindades, sin embargo, el autócrata persiste en su tozudez. Los castigos, los cierres, las multas, los controles desmedidos, las confiscaciones, invasiones y expropiaciones provocan inflación, escasez y especulación, pero el hombre se mantiene en sus trece. La cháchara antimercado se acentúa. Se rodea de funcionarios con mentalidad de sabuesos y los coloca al frente de los organismos punitivos. La mentalidad de teniente coronel lo mantiene bloqueado

@tmarquezc