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¿Miedo a qué?. Víctor Maldonado

Publicado en: ‘General’ | Lunes, Noviembre 12, 2012 | Sin Comentario » Trackback
En Venezuela, cada vez que hay un encuentro con empresarios sale la pregunta sobre si siente miedo. Todos los empresarios responden afirmativamente, que el miedo es un compañero fiel, y que lo importante es saber lidiar con él. Dicho así, parece que el miedo es uno solo. Pero al proseguir con el tema rápidamente caemos en cuenta que el miedo son un conjunto de sensaciones provocadas por diferentes motivos. Y que son los motivos los compañeros infaltables de la gestión empresarial. Son estos como los antiguos daimones imaginados por los griegos que, al ser el producto de una complicada conjunción de la bestialidad primitiva con la más refinada racionalidad moderna, nunca han tenido escrúpulo alguno en devorar la carroña que queda después del fracaso. El miedo es solamente nuestra forma de anticiparnos a esa pavorosa posibilidad.

En Venezuela son siete los daimones que siguen de cerca a los empresarios. El primero de ellos, el más contingente, es la inseguridad ciudadana. Los crímenes contra la propiedad, secuestros, extorsión y el manejo impune de datos privados sobre sus finanzas y sus familiares, han provocado un dossier de reacciones para compensar esa amenaza.

El segundo daimon es la expropiación como amenaza inminente en caso de que el éxito sea notorio, o que simplemente sea decidido así porque es lo que más conviene al enfoque estratégico del régimen. Teniendo como dato el antecedente de más de 1168 empresas expropiadas no cabe ninguna duda que buena parte de los temores cotidianos de los líderes empresariales tiene que ver con esta posibilidad. Algunos bromean diciendo que todos tienen un número en la espalda, pero que el dueño de esa lotería es el único que sabe cuando a cada uno de ellos le va a tocar.

El tercer daimon es la persecución y la judicialización de la actividad económica. Concomitante al anterior, este parece tener una relación mellizal con el daimon expoliador. Lo cierto es que no se puede descontar que la decisión sobre los activos se acompañe de una medida de detención, y que en el mejor de los casos el empresario y sus principales gerentes terminen en el exilio.

El cuarto es el fracaso. Que simplemente la empresa quiebre y que todos los sueños de prosperar terminen en frustración. El quinto es el rechazo. Que por la vía de la actividad empresarial no se alcance el reconocimiento social y el aprecio de los suyos. Que muchos desprecien la actividad del “mercachifles” y que otros simplemente piensen que “ser empresario” es una de las peores formas de egoísmo social. El gobierno, por cierto, se esfuerza en hacer de este daimon uno de sus más fieles aliados.

El sexto es el despojo del poder. Que habiendo sido respetado y reconocida su autoridad, llegado el momento ocurra un linchamiento moral o un arrinconamiento hacia la nada. Fracaso y falta de poder son también morochos. Uno otro se coaligan para repartirse después el despojo. Y el séptimo es el cambio. Nadie asume gustoso una variación del status quo.

John Dewey, tal vez el filósofo norteamericano más importante de la primera mitad del siglo XX, dijo alguna vez que el campo de batalla nunca está fuera de nosotros mismos y de nuestras instituciones. Las causas de nuestros miedos se combaten en nuestras mentes y en nuestro entorno. ¿Cómo? Instrumentando soluciones, evitando los fatalismos, encarando las dificultades, descomponiendo esos inmensos monstruos en sus partes componentes. Tratando de comprender la realidad, identificando la esencia de la amenaza, obviando la parálisis, liderando con valentía e impidiendo los silencios. En tiempos difíciles hay que pedir ayuda y hay que confiar en la sabiduría de un grupo bien liderado. Algunos leerán estas líneas y dirán con razón que es muy fácil decirlo. Es cierto. Moliere decía que todos los hombres eran parecidos en sus palabras. Que solo sus acciones los hacían diferentes. Y esa diferencia puede comenzar identificando la esencia de esos “geniecillos” que circundan nuestras vidas tratando de esperar nuestras posibles caídas. Solo sabiéndolo podremos luego combatirlos.

Víctor Maldonado C

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