Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Milton Friedman, in memoriam

El pasado 17 de noviembre (día del economista en Venezuela) se ha difundido la noticia del fallecimiento del prof. Milton Friedman.

Ganador del Premio Nobel de Economía en 1976, el prof. Friedman tiene en su haber varias innovaciones importantes en teoría económica y una sólida defensa de la libertad de mercado. El prof. Friedman tuvo una vida prolongada, entre 1912 y 2006. Su trabajo, conviene mencionarlo desde el comienzo, tuvo un apoyo sistemático y silencioso de su ahora viuda, sra. Rose Friedman. Esta dama, también una economista brillante, renunció en gran medida a su propia carrera para dar apoyo a la de su marido. Ambos tuvieron una relación arquetípica, conjugando felicidad conyugal y trabajo intelectual. Son autores, en conjunto, del ensayo Libertad de Elegir (Free to Choose) de 1979, por sólo mencionar el más célebre de sus escritos a cuatro manos. Hitos Intelectuales El prof. Friedman tiene en su acervo varias realizaciones. A continuación apenas citamos las más emblemáticas. En 1957 publicó su trabajo A Theory of The Consumption Function. Este fue su trabajo menos “ideológico”, por llamarlo así. Citando al WSJ (17/11/2006): “El Sr. Friedman consideró su mejor contribución puramente científica a la economía su trabajo sobre cómo las personas toman decisiones de gasto – lo cual fundamentó en datos que recolectó mientras trabajaba con el futuro premio nobel Simon Kuznets en el Buró Nacional de Investigación Económica [NBER]. Bajo la teoría de Friedman del “ingreso permanente”, la gente suaviza su gasto considerando lo que esperan será su ingreso en el largo plazo – lo cual significa que cosas como disminuciones inesperadas de impuestos y otras reducciones en tributación sólo tendrán un efecto limitado en el gasto”. El eje del razonamiento de Friedman es que las personas consideran, para sus decisiones de consumo, una suerte de “salario (o renta) media a lo largo de la vida”. Es cómo si cada quien estimase, una vez que ya se tiene algún tiempo en el mercado laboral y se es adulto, cuánto más o menos tendrá como ingreso medio durante la vida. Por esto, se puede “anticipar” gastos y “postergar” otros, considerando que siempre se tendrá en mente ese “salario medio”. De allí viene el razonamiento de que algunas mejoras transitorias, como algunos puntos menos de IVA, algo menos de impuesto sobre la renta y quizás algún subsidio, son tomados por la gente con precaución y hasta con indiferencia, si perciben que es algo transitorio. La “avalancha” de consumo que algunos políticos esperan de estas medidas termina por quedar sin materializarse, porque se guarda este ingreso extra para cuando se vuelva al estado de cosas habitual. La economía estadounidense ha dado un ejemplo reciente de ello. Esta “ancla mental” del ingreso permanente es algo valioso y con contraste empírico favorable. Conviene recordar que esto lo percibía hace doscientos años el genial economista inglés David Ricardo y el propio Friedman reconoció su deuda intelectual. En la ceremonia de entrega del Nobel, el prof. Eric Lundberg se refirió de esta manera a la teoría del Ingreso Permanente: “Desde un punto de vista puramente científico, una de las contribuciones más importantes de Friedman es su reconstrucción de la teoría del consumo con la ayuda de hipótesis sobre ‘el ingreso permanente’, en lugar del ingreso anual corriente, como factor decisivo para determinar el gasto total en consumo. Esta es una distinción fructífera entre ingreso temporal de los hogares y un ingreso más permanente. Friedman muestra que una parte más sustancial del primero es ahorrada. Además, Friedman ha probado cuidadosamente esta teoría con material estadístico suficientemente amplio y ha conseguido resultados interesantes. Esta versión de la función de consumo de Friedman ha tenido un efecto duradero tanto en la teoría como en el trabajo empírico.” El nobel de economía de 2006 es Edmund Phelps y esto es una feliz casualidad, en el sentido que otra línea de trabajo de Friedman, durante la década de 1960, fue estudiar la Curva de Phillips, cuya lectura en políticas públicas era que se podía mantener poco desempleo mediante una política monetaria expansiva (con la consecuente inflación). La visión de Friedman, confirmada luego con la recesión mundial de 1973, es que este “intercambio” propuesto por Phillips apenas valía en plazos breves y difícilmente sería sostenible expandir la economía mediante un irresponsable crecimiento del dinero. En el estudio que he hecho sobre el nobel Phelps para Cedice se encuentra más desarrollado el significado de esta línea de trabajo. Resumiendo esta contribución de Friedman el prof. Xavier Vives señala: “A ello se añade su crítica a la curva de Phillips (la supuesta relación inversa entre inflación y desempleo que podía ser explotada por la política económica) en su famoso discurso presidencial de la American Economic Association de 1967.” El monetarismo es, quizás, la construcción teórica que más inspiración ha tenido de Friedman. Se trata de un estudio de los vaivenes macroeconómicos partiendo de las variaciones de la oferta monetaria. Para Friedman, la mala gestión de política monetaria explicaba varias de las crisis económicas mundiales, incluyendo la de 1929. Buscando dar sustento a su teoría, Friedman publicó en 1964, teniendo como coautora a la prof. Anna Schwartz, la monumental “Historia Monetaria de los Estados Unidos de América, entre 1867-1960”. Y si bien este trabajo tenía como trasfondo el sustento de la teoría según la cual es la cantidad de dinero la variable clave para entender las oscilaciones del producto interno bruto, lo cierto es que el trabajo tiene méritos aún más permanentes por sus dimensiones de estudio institucional y por su significación para el estudio de historia económica estadounidense. Siguiendo de nuevo a Lundberg: “Aquí Friedman ha colaborado con una historiadora económica. El detallado análisis del amplio material histórico y estadístico tiene, en gran medida, el sello de Friedman. Es raro experimentar, y en esta obra ciertamente se consigue, una combinación tan fina de detallado estudio sobre un amplio rango de etapas, cambios institucionales, multitud de contribuciones individuales hechas por banqueros y políticos, evaluación crítica de las fuentes, todo esto unido a un perspicaz y ponderado análisis económico de tan complicado material. Lo que más se percibe, probablemente, es su investigación llena de imaginación y energía sobre el papel que jugó el Sistema de la Reserva Federal [Banco Central de EUA] en establecer la crisis de 1929, profundizando y prolongando la recesión”. En el campo de metodología de la ciencia, Friedman hizo un aporte bastante polémico con un ensayo de 1953. Se trata de “Metodología de Economía Positiva”, publicado por la Universidad de Chicago en 1953 (la primera traducción castellana fue en 1967 por Editorial Gredos). De este trabajo quedaron dos imágenes célebres: El principio de “what if” (“como si”). Friedman intentaba rebatir a quienes decían que la economía tiene supuestos irreales y que difícilmente un individuo aplica en sus decisiones todo el arsenal de herramientas y razonamientos que el economista le endilga. Entonces Friedman, quizás tras una noche de billar, defendía que un jugador en la mesa de pool o billar ni piensa o quizás ni siquiera conoce cómo son las leyes de la física, pero termina aplicándolas intuitivamente en cada jugada. En la misma línea, otra lectura del mismo trabajo sugería que, más importante que la irrealidad de los supuestos de una teoría, es importante ver su capacidad de pronóstico. Si una teoría tiene fundamentos débiles o falsos, pero se contrasta favorablemente con los hechos, entonces esta teoría algo vale. La línea de pensamiento nuevamente defiende las teorías científicas y en este caso económicas. Incluso las más descabelladas, si sirven para explicar algo y predecir los hechos futuros, deben respetarse. Las reacciones a estas ideas fueron variadas. Kart Brunner, por ejemplo, señalaba en 1992, entrevistado por el sr. Michael Szenberg: “El artículo de Milton Friedman (1953) que pone en tela de juicio el hincapié que se hace en el ´realismo´ de ciertos supuestos provocó una acalorada oposición. El instinto lógico de Friedman le llevaba por buen camino, pero sus argumentos se centraban en metáforas e ilustraciones y así descuidaba el núcleo de la cuestión, esencialmente lógica”. Por contraste, Samuelson hace, también en entrevista con Szenberg, una lectura bien particular y grata de la propuesta de Friedman: “Lo novedoso de su formulación, algo digno de toda nuestra atención, es lo que yo denomino ‘el giro F’, la formulación según la cual una teoría científica no desmerece si sus premisas no son realistas (en el sentido que se suele atribuir al término ‘no realista’, hipótesis falsas y/o asertos ajenos a la verdad sobre lo que predomina en el mundo real), siempre y cuando las ‘predicciones’ de la teoría sean útilmente ciertas. El pensamiento sugiere, y lo confirma la experiencia, que semejante dogma es autocomplaciente, que permite a quienes lo mantienen pasar por alto o menospreciar alejamientos inconvenientes del mundo real observable. El conjunto completo de predicciones de una hipótesis incluye su propio contenido descriptivo; por tanto, entendido literalmente, una hipótesis no realista conlleva ciertas predicciones no realistas y no beneficia esas falsas predicciones, pero sí a sus (otras) predicciones empíricamente correctas. Entonces sólo nos quedamos con la validez de un prosaico recordatorio: que pocas teorías tienen consecuencias exactamente correctas, y que puede suceder que una teoría científica adquiera valor porque tengamos razones para atribuir mucha importancia a las predicciones de dicha teoría que resulten ciertas y para atribuir poca importancia a las que resulten falsas. En ningún caso será una virtud una falsedad no realista, y se corre el peligro de servir a una actitud endeble al dejar al teórico que juzgue por sí mismo cuál de sus errores va a pasar por alto o atenuar”. El mejor ejemplo de hasta qué punto nos conformarnos con alguna relación teórica o hipótesis en base a sus comprobaciones es la propia Curva de Phillips. Esta fue fruto de un estudio estadístico sólido, hecha por un estadístico británico, que terminó siendo rescatado como verdad infalible y base para políticas económicas sin contar siquiera con apoyo teórico y entendimiento de qué provocaba sus resultados. Defensa de la libertad económica En Capitalismo y Libertad, obra de 1962, el prof. Friedman iniciaba su difusión de ideas sobre libertad económica, sustentando que el capitalismo es el sistema económico que más puede hacer para reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de la gente. Destacando desde el comienzo que: -El Capitalismo de Friedman es, como el que defiende Hayek, el capitalismo del pequeño empresario, del mercado donde hay competencia y derechos de propiedad respetados. Para nada tiene que ver con el mundo económico de grandes corporaciones, gobiernos serviles a tales intereses y fraudes contables. -Que Friedman provenía de una familia humilde, de cuatro hijos. Su madre era dependiente de una pequeña tienda y su padre tuvo trabajos altamente inestables. Friedman pues, está lejos de ser un estudioso nacido en cuna de oro. Más bien era un joven de ascendencia hebrea nacido en el Brooklyn. Por tanto, tras conocer la estrechez económica en carne propia, Friedman considera que el gobierno, con su intervención en la política económica, puede terminar siendo un fabricante de más pobreza. La defensa acérrima de la libertad de mercado era, para Friedman, la defensa de la libertad individual y de la dignidad humana. Esta frase de Friedman recoge la esencia de su “filosofía de libertad”: “Los argumentos contra la libertad de mercado siempre esconden una falta de fe en la propia libertad”. Si bien han pasado la historia con gran impopularidad por su militarismo, lo cierto es que los dos presidentes que ayudaron a rescatar a EUA y Reino Unido de la recesión e inflación en 1980, a saber Reagan y Thatcher, tomaron ideas de Friedman al proponer menor interferencia del Gobierno en la actividad económica. El WSJ cita estas dos declaraciones de Reagan sobre Friedman, justamente en un discurso de campaña electoral: “Parece que cuando Friedman habló, alguien en Chile escuchó. Acaso no sería grato que alguien acá en Washington se preguntase: ¿Qué ha dicho?”. “Cuando le pagas a la gente para que sea pobre, terminas con una inmensa cantidad de pobres”. Lejos de ser insensible a los problemas distributivos, proviene de Friedman la idea de dar “vouchers” o cheques para educación a la gente, en lugar de subsidiar escuelas. El objetivo es que sea el elector, el ciudadano, el que pueda elegir dónde colocar a su hijo a estudiar, en lugar de tener que limitarse al establecimiento y calidad educativos que le imponga el Estado. Cuando el gobierno financia directamente a la escuela y obliga a estudiar en planteles según la zona de residencia, se termina con el riesgo de que el servicio caiga de calidad, al haber competencia nula y, peor aún, el padre que coloca allí a su hijo tiene que acatar las ineficiencias del sistema y hasta sentir, como prebenda, algo que por derecho le corresponde. La idea del cupón o “voucher educativo” es respetar la capacidad que tiene todo ciudadano de elegir lo mejor para su propia vida, una facultad que muchos políticos desconsideran y minimizan. Y peor aún, muchos políticos dependen, para el éxito de su carrera, de que haya multitud de pobres serviles y mendicantes. ¿Cómo se sostiene el demagogo en un país sin pobres? Quizás el político demagogo y mesiánico haya suyo, por necesidad, aquella frase bíblica de que “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”. El peor enemigo para el abuso de poder es, precisamente, una sociedad donde el sector privado sea sólido, donde haya clase media y donde haya mercado. Quizás la mejor frase de Friedman que refleje sus consideraciones sobre el peligro de la intervención gubernamental y el gasto público sea esta, mencionada en entrevista periodística de Friedman al diario Expansión en una de sus últimas entrevistas, en febrero: “Si uno gasta su dinero en uno mismo, se preocupa mucho de cuánto y cómo se gasta; si uno gasta su dinero en otro, sigue estando muy preocupado de cuánto se gasta, mas no de cómo se gasta; si uno gasta el dinero de otro en uno mismo, no se preocupa tanto de cuánto se gasta, pero sí de cómo se gasta. Sin embargo, si uno gasta el dinero de otro en terceros, no se preocupa mucho de cuánto ni cómo se gasta”. En suma, un buen recordatorio para los políticos que gastan dinero ajeno y para quienes creen que limosnas construyen ciudadanía. Bien lo dice el presidente del banco Grameen y premio nobel de la Paz este año, prof. Muhammad Yunus, cuando señala que para un mendigo lisiado su mayor activo es la limitación física con la que gana la piedad de la gente y las limosnas. Se da la paradoja del lisiado que rechaza ser curado porque, ¿de qué vive? Esto lo satiriza Monty Phyton en la película Vida de Brian, cuando un leproso curado milagrosamente sigue mendigando por la calle, dado que es lo único que sabe hacer. El mercado, el permitir a la gente ser propietaria de su libertad y de sus decisiones, es una curación duradera y permanente para la pobreza, como lo ha probado el trabajo en microcrédito del prof. Yunus y su banco. Si bien Friedman deja de alcanzar el alto vuelo filosófico de un Hayek en la defensa del liberalismo económico, su vivo interés por casos de aplicación, su frontal opinión y su capacidad de influencia en varios políticos han sido decisivos. Es más, consistente con su punto de vista, Friedman jamás aceptó cargos públicos, tras una breve intervención como oficial del área de impuestos durante la Segunda Guerra Mundial y su trabajo de un año en Francia como asesor del Plan Mashall. Apenas ofreció servicios de consejero a algunos políticos. Una de las colaboraciones menos conocidas es la que ofreció a Nixon, quien, siguiendo ideas de economistas como Friedman, suprimió la libre convertibilidad del dólar en oro a partir de 1971. Claroscuros Algo que ha empañado la imagen de Friedman es su colaboración, si bien como asesor e indirectamente mediante sus estudiantes de la Universidad de Chicago, con la gestión de finanzas públicas chilenas durante el inicio de la dictadura de Pinochet. Ocurrió que Friedman asistió a Chile como conferencista en los años setenta y fue mentor intelectual de varios jóvenes economistas chilenos que ocuparon cargos de importancia en el gobierno del tirano chileno. Conviene recordar que, a pesar de lo que se diga, lo único rescatable del nefasto régimen del tirano fue, justamente, su coherente equipo de políticas económicas, sin el cual Pinochet sería recordado por el mundo como cualquier otro dictador sudamericano del plan Cóndor y su país vendría a ser otro fracaso social como son otras naciones del Cono Sur víctimas de dictaduras: Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Otro problema es la limitada aplicación que han tenido propuestas como los “vouchers” educativos y el establecimiento de objetivos de cantidad de dinero como eje en política monetaria. Y el banco central de su país natal, EUA, tampoco es el mejor seguidor del monetarismo. Aquel “nadie es profeta en su tierra” tiene validez. Desde 2003, la Reserva Federal de EUA abandonó los objetivos de agregados monetarios y es ahora, con la gestión de Bernanke, que planea operar con las metas de inflación que ya rigen en los bancos centrales de varias naciones. El carácter de Friedman tenía matices de dogmatismo desagradables. El WSJ recuerda particularidades como que Friedman, al devolver la llamada a algún reportero, lo hacía siempre llamando a cobro revertido… Una aplicación cruda del “no hay almuerzo gratis”. Otra faceta adversa es que fuese demoledor y ofensivo en algunas críticas, como la que hizo en su día al estudiante Gary Becker, quien padeció un arranque de estos en plena disertación de tesis. Afortunadamente, el nobel Becker mantuvo respeto y colaboración con su maestro. La radical defensa del libre mercado de Friedman hace que el público olvide sus intereses por la justicia distributiva. El profesor Friedman ha sido siempre un crítico de la política agropecuaria proteccionista en el mundo desarrollado y ha propuesto rebajas fiscales a los más pobres. Poca mención han merecido estas facetas. Como todo gran pensador, siempre habrá en la obra de Friedman varias vetas más o menos brillantes, pero siempre habrá eso: desafío a la comunidad intelectual para metas más elevadas, exigencia de responsabilidad a los gobernantes e íntegra defensa de la libertad.

Referencias: IP GREG y Mark Whitehouse. “How Milton Friedman changed economics, policy and markets”. Wall Street Journal. www.wsj.com (17/11/2006). Referencia on-line: SB116369744597625238 LLOBELL, Juan. “Muere Milton Friedman, el ‘hijo espiritual’ de Adam Smith”. En: Expansión. 17 de noviembre de 2006. LUNDBERG, Erik. “Presentation Speech (Sveriges Riksbank Prize in Economic Sciences in Memory of Alfred Nobel)”. En: Nobel Lectures, Economics 1969-180. World Scientific Publishing Co., 1992. SZENBERG. Michael. “Karl Brunner: Mi búsqueda del conocimiento económico” y “Paul A. Samuelson: Mi filosofía de la vida: credos políticos y métodos de trabajo”. En: Grandes Economistad de Hoy. (Original en inglés de 1992). Debate Pensamiento, 1994. VIVES, Xavier.

“Milton Friedman. El economista del siglo XX más comprometido con el capitalismo y el libre mercado”.

En: El Mundo, 19/11/2006.