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Miquilena y Rangel

Publicado Diario El Universal 02/09/07
Por: Emeterio Gómez

Definitivamente no queremos romper con nuestros esquemas mentales. Basta que nos inviten a reflexionar sobre problemas de fondo –o sobre el fondo de los problemas– para que reaccionemos airados: “dile a Emeterio que deje la perdedera de tiempo con los ABC de la filosofía ¡¡los artículos de prensa son sólo para discutir problemas concretos!!”. Y nos aferramos a los paradigmas que la vida nos formó… o nos enquistó. Por ejemplo, que la filosofía es muy abstrusa, difícil o enredada.

De allí tal vez, la masa de mails que recibí por el articulo sobre Miquilena. Toda esa visión infantil de la ética y de los principios que nos metieron en la cabeza se plasmó el domingo en mi correo: “¿Cómo se te ocurre defender a un corrupto? ¿Cómo puede usted hablar de ética y coincidir políticamente con un tipo sin escrúpulos? ¿Es en serio, dóctor, que usted cree que el fin justifica los medios, como ha dicho en sus artículos? ¿No capta que si aceptamos aliarnos con Miquilena para derrotar a Chávez, el régimen que lo sustituya arrancará corrupto?”. Un crescendo preparatorio para la acusación cumbre, la síntesis magna de la visión simplista de la ética que manejamos los adversarios de Chávez: “¿¡No entiende, doctor, que la dignidad no se negocia; que aunque el país, los hijos y los nietos vayan a ser destruidos, no podemos relativizar nuestros valores, so pena de negarnos como seres humanos!?”.

Es esa moral, convencional e ingenuota, que nos inculcaron. Esa visión elemental del hombre en la que los valores son realidades absolutas que alguien –la sociedad, la tradición o la religión– nos impone desde fuera. Es todavía, a 2.400 años, la ilusión de Platón según la cual él podía definir –es decir, él sabía a ciencia cierta– lo que eran la Justicia, la Verdad y el Bien. Una visión de la ética que poco tiene que ver con el drama esencial del hombre: la Libertad Absoluta que le permite escoger entre la dignidad y la vida. O, más exactamente: !!que puede permitirle valorar más la vida que la dignidad!! Entendiendo por vida, la de los hijos y los nietos; el deber de evitar la destrucción de lo que amamos, del terruño que nos hace llorar. Ese sentido preciso en el que –con plena convicción– podemos sentirnos dispuestos a dar la vida ¡¡o la dignidad!! para que no nos destruyan al país. El instante en el que intuimos que –comparados con la vida– los principios pueden llegar a ser simples pistoladas.

Esa ética ingenua de valores absolutos, no puede entender que la moral se construye en cada situación concreta, vivencial o existencial que confrontamos; y que las ideas de Platón y los conceptos de Aristóteles ¡nada tienen que ver con ellas! Que esta barbarie increíble que padecemos puede obligarnos a escoger entre la “indignidad” de compartir con Miquilena y la humillación –verdaderamente indigna– de ser destruidos moralmente por un buen hombre que no tiene la menor idea de nada.

La otra mitad de los mails fueron para la dignidad de José Vicente Rangel. ¡¡Que mal andamos en Ética, señores: 08!! “¿Cómo se le ocurre, doctor, que él pueda tener dignidad?”. Es una visión simplista del ser humano en la que nos reservamos el derecho de negarle a cualquiera la posibilidad de rectificar, la capacidad de entender que el Socialismo es una necedad y que él estuvo 8 años al servicio de un proyecto sencillamente infantil. Prepárese por favor –el que quiera salir de Chávez– a negociar también con Rangel si éste decide ponerse lúcido… y digno.

emeteriog@cantv.net