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Modelo colectivo apuntala sustitución de propiedad privada

Isabel Pereira advierte sobre fracaso de modelo de control central soviético

Ernesto J. Tovar

País empresario

El andamiaje legal que el Gobierno nacional se construye para fortalecer el proyecto socialista tiene tres pilares fundamentales en lo referente al modelo de propiedad y las relaciones de los medios de producción: la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario; la Ley de Tierras Urbanas y la Ley de Propiedad Social, asegura Isabel Pereira, socióloga y directora del proyecto País de Propietarios.

Pereira asegura que “la aprobación de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario dio pie a la escalada de sustitución de la propiedad privada por la propiedad social o comunal. Es un objetivo político cambiar el modelo de propiedad privada, pero el problema es que históricamente esos esquemas han fracasado porque fueron ineficientes”.

El cuestionamiento teórico-práctico parte de la premisa de que en los modelos colectivos “las responsabilidades se diluyen, no se enfrentan las pérdidas y no se desarrolla o incentiva la productividad. Y esto ha derrotado a los países socialistas”, indica Pereira.

Afirma que el sector productivo del país sufre los rigores del ataque a la propiedad privada y el control de la economía. Detalla que dentro de la producción agrícola los productores “sufren el desincentivo a cultivar. Hay controles de precios, no se ve posibilidad de invertir y tener futuro. La disminución en áreas como la caña de azúcar obedece a reglas de juego impuestas por el Gobierno”.

Si bien en 10 años se ha incrementado la producción en rubros como arroz, maíz o girasol; hay rubros que en su momento fueron considerados como “bandera” que transitan una situación económica muy precaria. Uno de estos cultivos es la caña de azúcar, que ha visto reducido 25% su volumen de producción desde 2005.

Un sector de los empresarios ha resistido esta situación adversa, a pesar de que estas leyes no impulsan la creación de empleo sino que asfixian las empresas y les restan rentabilidad, dice Pereira, que advierte que esto se produce en medio de un cambio a modelo autoritario.

“Con la propiedad social y para que la noción de comuna exista, debe edificarse sobre las relaciones de producción de la propiedad privada. Pero en el esquema colectivo no pueden tomarse decisiones de producción, de planificación. Ahí tenemos el caso de Cuba, o de Camboya, donde más de 3 millones de personas murieron de hambre”.

Subordinación La planificación central es angular dentro del proyecto socialista del gobierno de Hugo Chávez. Pero Pereira considera que “esa planificación central fue la responsable del fracaso de la Unión Soviética. En ese modelo no se toman en cuenta las manifestaciones de las necesidades, sino que una oficina de burócratas dirige todo y pretende decidir todas las necesidades o suprimir las aspiraciones del individuo”.

La socióloga indica que “el Gobierno como gran distribuidor de alimentos elimina las aspiraciones al asignar cuotas por regiones, sin entender que las personas no viven sólo de necesidades. La gran derrota es pensar en producir simplemente para comer y vestirse, pues debe haber desarrollo de la manufactura, de la industria de alimentos, tecnificación industrial”.

Pero el esquema de propiedad colectiva basa parte de sus promesas en la toma del control de los medios de producción -de las empresas privadas- por los obreros y trabajadores. Y en esa materia, varios son los proyectos gubernamentales que no han prosperado, tales como la cogestión, las empresas mixtas o las cooperativas, en un principio.

Isabel Pereira advierte que “de todas las empresas intervenidas, en ninguna se ha entregado algún título de administración a los trabajadores. Éstos no serán dueños de las fábricas a pesar de que se les vendió la idea de que participarían en la administración. Y la cogestión viene en retroceso, aquí y en países como Alemania”.

Advierte que “la justa aspiración a mejores relaciones laborales se confundió con la sustitución del modelo de propiedad. Y vemos cómo muchos sindicatos bolivarianos luchan por paralizar plantas, cuando la experiencia con trabajadores del sector eléctrico o de Guayana es que no se respetan convenciones colectivas. Pasar al Estado no significa mejores condiciones y los trabajadores que promuevan tomas sólo fomentan la destrucción de sus empleos”.

Publicado en El Universal el 16 de noviembre de 2009