Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
"...La única forma de cambiar el curso de la sociedad
será cambiando las ideas" - Friedrich Hayek
"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Moral y economía. Marco Tulio Cicerón

Si escuchan y le sirven, acabarán sus días en prosperidad y sus años en delicias.
Job 36:11

Friedrich von Hayek, uno de los más grandes intelectuales del siglo XX, decía en una Conferencia titulada Nuestra herencia moral, que “Las normas morales de la propiedad y de la familia se extendieron y pasaron a dominar en una gran parte del mundo, porque aquellos grupos que, por azar, llegaron a aceptarlas, habían prosperado y se habían multiplicado más que los otros.” De modo, que la moral y la ética están indisolublemente vinculadas a la producción, el consumo y la distribución de los bienes.

Es interesante, cómo la revista Finanzas y Desarrollo del Fondo Monetario Internacional, expuso en su número correspondiente al mes de junio de 2014 un artículo relacionando la Moral con la Economía. Lástima que no mencionara la famosa Ética Protestante del Capitalismo de Max Weber, donde este menciona la potencia creadora del capitalismo en los cantones protestantes de Suiza y a la famosa prédica de las virtudes por parte del gran Benjamin Franklin.

Sin embargo, para nada menciona el citado artículo lo que pensaba John Maynard Keynes del ahorro, con su tesis de la paradoja de la frugalidad, en su Teoría General del Empleo, el interés y el dinero, en donde la prosperidad no depende de la buena voluntad del individuo ahorrando y preparándose para tiempos mejores sino de un genio de la macroeconomía que aconsejará un déficit fiscal que impulse una demanda agregada que supuestamente siempre será beneficiosa. En este sentido, Keynes fue el gran apologista de la sociedad de consumo, tan criticada por el Papa Pío XI. Se unía, así, a la crítica marxista de la acumulación.

No podemos en este contexto, olvidar la política de los controles del socialismo, controles de precios, de cambios, etc, los cuales derrumban la base moral de la economía porque los ganadores son los que trampean, los que negocian en los mercados negros, y los perdedores los que cumplen rigurosamente las reglas. Y las empresas oficiales del Estado propensas al despilfarro y a la corrupción.

Ahora bien, el desaparecido y jamás olvidado pontífice Juan Pablo II, aclaraba en un documento dirigido al pueblo de Chile lo siguiente:

Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia: en suma, amor al trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes.

No se puede derrotar a la pobreza donde los planes sociales no están vinculados al aprendizaje de oficios productivos sino a la dadiva sin contraprestación alguna. Menos se puede acabar con la pobreza donde todo escasea gracias a la corrupción de quienes detentan el poder. Y menos aun con una moneda envilecida que no sirve para el ahorro ni la acumulación de bienes porque los encargados de su emisión la emiten sin respaldo alguno.