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Nervios de punta. María Teresa Romero

La debacle continuará su curso y con ella el enfado popular que terminará por estallar.

Jorge Arreaza, el joven vicepresidente de la República, ahora insiste en que la “burguesía anda nerviosa” por los recientes anuncios oficiales. Lo dice, como suelen hacerlo todos los voceros gubernamentales, en tono cínico, retador. El solo hecho de tildar de burgueses a los venezolanos opositores, califiquen o no en esa clase social, es ya de por sí una ofensa. 

Pero, bueno, lo que nos interesa abordar aquí es quiénes realmente son los que andan nerviosos en esta Venezuela de inicios de año. Por lo que se puede observar, la mayoría de los habitantes de esta Tierra de Gracia, tanto opositores como no pocos chavistas, andan es irritados por los insensatos anuncios, la verborrea vacía y por las irresponsables ejecutorias del Gobierno ante la pavorosa situación nacional, que no hacen sino desbarrancar aún más el país. La ira generalizada aún no se expresa en alborotos y revueltas callejeras como las que bajo los llamados movimientos de indignados en su momento incendiaron a varios países europeos y americanos, incluyendo Estados Unidos y Brasil. Pero el enojo está latente. Todos los días hay protestas. Se revela hasta en la aparente resignación e indiferencia popular.

A quienes sí se les ve al borde de un ataque de nervios es a los del Gobierno que un día gritan consignas y avanzan medidas radicales, y el otro reculan y llaman al diálogo y a la paz nacional. Se debaten entre la moderación y la radicalización como vías para sortear la crisis y sus perversos efectos. Decidir entre la huida hacia adelante o hacia atrás, entre el cierre dictatorial o la apertura democrática, les tiene los nervios de punta.

Aunque, a decir verdad, a estas alturas del desastroso cuento revolucionario, ya están entrampados: avancen o retrocedan en el proyecto, se muevan hacia la derecha o a la izquierda, incluso intenten el centro, la debacle continuará su curso y con ella el enfado popular que terminará por estallar de alguna forma y en el momento menos esperado. Así sucedió aquel 23-01-195.

MARÍA TERESA ROMERO ― EL UNIVERSAL
Matero1955@hotmail.com8