Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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"Una sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad no obtendrá ninguna de las dos cosas. Una sociedad que priorice la libertad por sobre la igualdad obtendrá un alto grado de ambas" - Milton Friedman
Ni socialista ni economista. Domingo Fontiveros

El país enfila hacia una honda depresión; y la salud, educación y seguridad están en bancarrota.

Los gobiernos venezolanos tienen poco sentido de lo económico. Esta no es exclusividad de nuestro país, pero siendo la economía una ciencia que estudia el comportamiento frente a la escasez, la abundancia petrolera ha degradado la importancia de esta premisa básica para la reflexión económica. Los gobiernos de acá se sienten ricos y son ricos. Para ellos el problema no es cómo aumentar la riqueza nacional, sino con quién repartir la renta, y permanecer en el poder.

Aparte de los pocos que han cultivado el ethos de la democracia y del desarrollo, lo normal ha sido el facilismo y la creencia infantil en el inmediatismo, similar a la de principiantes en el ajedrez que buscan dar el “mate pastor”. La disciplina económica se esfuma cuando, después de cobrar el petróleo bombeado a un tanquero, todo se reduce a otorgar contratos, repartir créditos, conseguir empréstitos, entregar dólares preferenciales, expropiar tierras y empresas, viajar por el mundo y aparecer en los medios.

Si la economía es como esta guachafita, lo importante es entonces darle seriedad a “lo social”. A todo lo que no tiene que ver con temas tan frívolos como la inversión, el crecimiento, el comercio y el trabajo productivo. Con frecuencia se oye la frase pronunciada con solemnidad “este es un gobierno que se ocupa de lo social”, como queriendo ubicarse en el espacio angelical donde los pobres son redimidos gracias a la denodada dedicación de los dueños del poder.

Infortunadamente, el discurso oficial no resuelve. Con frecuencia, el gobierno lanza decretos, pero los decretos tampoco resuelven. En realidad, el gobierno complica aún más los problemas. Se enreda entre lo social y lo económico, ahora que sus excesos financieros han llevado al país a una crisis en rápido desarrollo. Atrapado en sus contradicciones internas, busca maquillar las estadísticas, para explicar que todo se está manejando bien, que el asunto es culpa de la oposición, y que se está avanzando en el proceso de “fortalecer, repotenciar, relanzar y reestructurar” todo lo que haga falta para mantener el mismo (y ruinoso) camino.

La gente ha dejado de creer en estos cuentos. De la utopía que todavía siguen pintando de color rojo, cada vez más gente aterriza en el “no-había” cuando regresa del mercado, de la farmacia, de la venta de repuestos, etc., igual que ocurrió y ocurre en países entrampados en el comunismo.

Este tipo de cosas no se entienden en el régimen. Antes, por la obnubilación del líder populista; ahora, por el mareo que genera el poder heredado en los presuntos predestinados a compartirlo entre ellos. Allí, la consigna sigue siendo lo social (para algo se llaman socialistas) y se erigen a sí mismos en jueces absolutos del bien y del mal, como los dioses cuya ira han osado invocar.

Sólo que al atenernos a los indicadores de la situación social, no a las pintarrasqueadas estadísticas selladas como oficiales, sino a los que provienen de personas sencillas que observan y se atreven a decir lo que ven, por encima del temor a ser perseguidos, cuando atendemos a eso, digo, el escenario es realmente terrífico. Por ejemplo, la inflación ya se comió la mitad de los ahorros de los venezolanos; el país enfila hacia una honda depresión; y la salud, educación y seguridad están en bancarrota.

DOMINGO FONTIVEROS ― EL UNIVERSAL
dfontiveros@cantv.net