Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad
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No es guerra económica, es Socialismo. Andrea Rondón

“No es guerra económica, es el Socialismo que aniquila a la empresa privada”

Una empresa extranjera podía constituir su filial e invertir su capital en Venezuela en la década de los sesenta con la legítima expectativa de ver retornar y con creces su inversión extranjera. Asimismo, el venezolano se veía beneficiado con productos de primera calidad y variados que le dieran la verdadera opción de elegir según sus necesidades.

Los 40 años siguientes ofrecían un panorama similar. Es un período al que se le pueden atribuir muchos errores, pero todavía había espacio para la inversión extranjera con los consecuentes beneficios para el consumidor. Uno de los errores de este período fue, como nos recuerda Tomas Mann en su prólogo a El agente secreto de Joseph Conrad, que la libertad es un valor por el que se debe luchar todos los días, no es algo dado y permanente.

Como no hubo consciencia de esto último, como no se formaron ciudadanos bajo la cultura de la libertad, se elige un Gobierno que tenía por norte la adopción de políticas que amplían la presencia del Estado en la economía y disminuyen los espacios del sector privado.

Desde el año 2003 existe un control de precios, que aunque no generalizado, ya afecta a muchas empresas y se empiezan a ver las primeras señales de la escasez de ciertos productos. En este tiempo, también se establece el control de cambio, que es aplicado más como política de Estado para ejercer un mayor control sobre los individuos que una medida económica coyuntural.

La subsidiaria de una empresa extranjera sería de las primeras en sentir los cambios de estas políticas, porque ha significado (i) disminución de la inversión extranjera ante las dificultades de repatriar las ganancias; (ii) restricciones para la importación de materias primas, lo cual ha limitado la productividad del sector industrial venezolano; (iii) escasez de productos, mucho de los cuales son de primera necesidad; entre otros.

Sumemos lo anterior al hecho que la subsidiaria de una empresa extranjera está bajo la “regulación” de la Superintendencia de Inversiones Extranjeras (SIEX), el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT), la extinta Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), el extinto Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a Bienes y Servicios (INDEPABIS), las Inspectorías del Trabajo, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), los departamentos de recaudación de las Alcaldías, entre otros, porque la lista es excesivamente larga. No sólo existen muchos controles por parte de estos organismos, sino que los mismos no se manejan necesariamente con criterios técnicos.

Más de una década con este escenario es evidente que se afectan las finanzas de la empresa. En los últimos años la empresa ha debido lidiar con una pérdida importante del capital social que la colocaba prácticamente al borde de la quiebra. En los últimos años ha debido idear innumerables soluciones para retrasar una solución que es inevitable si se mantienen los precios de los productos congelados, si no se otorgan divisas para importar, etc.

En los últimos 2 años la situación empeoró irremediablemente. Si ya era difícil para la empresa manejar su contabilidad con el control de cambio y el control de precios, hoy en día con tres tasas de cambio, la dificultad es mayor. Por ejemplo, muchas de ellas se están enfrentando a una gran pérdida (o pérdida total) de su capital social al tener que ajustar sus deudas en moneda extranjera a una tasa de cambio mucho mayor a la que inicialmente tenían previsto.

Cabe preguntarse ¿quién instauró el control de cambio?, ¿quién instauró el control de precios?, ¿quién incrementó de forma dramática las regulaciones y obligaciones de la empresa?. La respuesta es el Gobierno con sus desacertadas políticas que en nada ayudan a la empresa privada que no solo busca su lucro -por demás legítimo- sino que también beneficia a la población con los productos que ofrece. No es guerra económica entonces, o si lo es, no es del lado del que se apunta.

ANDREA RONDÓN GARCÍA | NOTITARDE
Doctora en Derecho – UCV. Profesora UCAB. Miembro del Comité Académico de CEDICE Libertad
@CEDICE