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Nueva fase del chavismo

Por: CARLOS ALBERTO MONTANER

EL PAÍS-URUGUAY

Hugo Chávez se propone cerrar Radio Caracas-Televisión. No le renovará la licencia. La razón alegada por el gobierno es que esa empresa apoyó el confuso golpe de abril de 2002. Pero no es verdad. El coronel Arias Cárdenas respaldó el golpe apasionadamente, como puede comprobar cualquiera que se tome la molestia de buscar el video con sus declaraciones de entonces, y luego Chávez lo nombró embajador en Naciones Unidas. Lo que Chávez premia o castiga es el grado de sumisión a su egregia persona. No actúa por principios, sino por cálculos estratégicos. Si te arrodillas, te llena de honores y hasta te hace rico. Si te opones, te destruye. Es el “plata o plomo” de los narcos elevado a la categoría de política de Estado.

Tras ganar las elecciones, Chávez se dispone a darle algunas vueltas a la tuerca autoritaria. A corto plazo es muy probable que busque formas de cerrar o doblegar a Globovisión y a los diarios El Universal y El Nacional. Como dispone a su antojo del sistema judicial y de la temida Hacienda, es posible golpear a estos medios imponiéndoles multas millonarias o inventándoles delitos fiscales. Sería una forma de recurrir al “plomo”. Pero acaso Chávez prefiera utilizar la “plata”. Mediante unos amables testaferros, los hombres del presidente pueden adquirir los canales de comunicación de los enemigos con una buena tajada de petrodólares. Los propietarios entenderían el mensaje con cruel nitidez: o los venden o los pierden.

Y no es cuestión de dinero.

De la misma manera que para Chávez, lo importante no son los procedimientos, sino los resultados, su compromiso ideológico también es difícil de precisar. Cambia con cada interlocutor o consejero que consigue situarse junto a su confusa cabecita. En los noventa estaba bajo la influencia de Norberto Ceresole, un argentino fascista cercano a los manicomios libio e iraní que se enamoró del coronel golpista y lo puso a leer El libro verde de Gadaffi, un galimatías dedicado a consagrar el odio a Occidente, al mercado y a la democracia. Luego, a partir de 1994, Fidel lo tomó de la mano y de forma creciente lo desvió hacia el marxismo-leninismo y el antiamericanismo militante, hasta que juntos concibieron y parieron el “Socialismo del siglo XXI”.

¿Qué es eso? La convicción de que La Habana y Caracas sustituyen a Moscú en la tarea de liderar a la humanidad en dirección del paraíso. La tarea exige, por supuesto, poner fuera de combate a EE.UU., Europa, Japón, más otros pequeños inconvenientes, pero el primer paso consiste en conquistar América Latina. ¿Cómo lo van a lograr? Repitiendo el experimento venezolano: se llega al poder legítimamente y desde la cúspide se desmantela el Estado de Derecho mientras se toman medidas populistas efectistas.

Curiosamente, donde Chávez está encontrando una mayor resistencia es en la fase venezolana de construcción del socialismo. Lanzó a bombo y platillo una reforma agraria y descubrió que en Venezuela no hay campesinos y que hace más de 40 años que la tierra se distribuyó. Pensó en estatizar las grandes empresas y advirtió que los cuadros chavistas se caracterizan por una incapacidad crónica para la gerencia. Todo lo que tocan lo corrompen, lo destruyen o lo arruinan. Si mediante un decreto revolucionario Chávez nacionalizara las mil mayores empresas venezolanas, antes de 180 días todas tendrían que colgarse del presupuesto para sobrevivir porque habrían sido financieramente diezmadas.

Y si Chávez, víctima de la legendaria incapacidad de su tribu política, no puede colectivizar la economía, ¿cómo continuará expresando su radicalismo revolucionario? Muy sencillo: en el terreno de la dictadura política: seguirá silenciando a sus opositores mediante plomo o plata. Radio Caracas Televisión es sólo el inicio.

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