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Objetivo 2013: ser antifrágil. Carlos Goedder

La corrupción ha sido la estrategia antifrágil en la democracia rentista venezolana

A mi amigo más sabio, Juan Pablo Gaye N.

Antifrágil: la capacidad para crecer ante la incertidumbre y los errores.

Una estrategia errada es la búsqueda de la rigidez y el orden, por la intolerancia a la incertidumbre y la creencia de que el mundo funciona como una máquina. El más reciente tratado de Nassim N. Taleb, Antifrágil: cosas que ganan con el desorden. (Random House NY, pendiente de traducción al castellano), nos invita a pensar de una forma más flexible y exitosa.

¿Qué es antifrágil? Taleb propone que en el mundo tenemos tres categorías de seres, objetos y sistemas: frágil, robusto y antifrágil. Lo frágil es lo que tolera mal la incertidumbre, el estrés y ama el orden. Nuestros sistemas informáticos y los artefactos que nos rodean son esencialmente así -basta pensar en cómo son cada vez más frágiles y complejos los teléfonos celulares que usamos. Lo robusto se mantiene inmutable ante el desorden. Se me ocurre el ejemplo de esos carros viejos de los años ochenta que aún usan muchos taxistas venezolanos, gracias a lo barato del combustible, y que soportan mejor golpes, huecos en las calles, tienen mecánica fácil y son menos apetecibles para robarlos.

Ahora bien, ¿qué es lo antifrágil? No es algo que se destruye ante el desorden, ni queda igual tras el estrés o vuelve a su forma original (un neumático, por ejemplo, que tiene resiliencia). Lo antifrágil se beneficia del desorden, sale más fuerte cuando hay estrés y volatilidad. Un ejemplo es el niño que tuvo lechina (varicela): queda inmune de por vida a esa enfermedad. Indudablemente los criminales venezolanos son antifrágiles: han ganado de todo el caos civil para robar y asesinar más que nunca.

Usando los mitos grecorromanos, lo frágil se simboliza con la espada de Damocles, esa que cuelga sujeta por un cabello sobre la cabeza de un dignatario, recordándonos cómo el poder y el éxito son frágiles por la envidia y enemigos que disparan. El ave Fénix, que se quema y renace igual de las cenizas, es robusta. La Hidra, ese monstruo contra el cual pelea Hércules y que al cortarle una cabeza le renacen dos, es antifrágil.

Las deudas nos hacen frágiles. Trabajar en medios burocráticos como cargos públicos, universidades o corporaciones, también, porque se tiene que mantener halagados a superiores y la reputación es delicada. Ser clase media te hace frágil, porque temes a tomar riesgos y prefieres un salario fijo que desaparece instantáneamente ante un despido. Las obsesiones son antifrágiles: mientras más piensas en ellas, más se intensifican. La información es lo más antifrágil que hay: por más que intentes detenerla, fluirá y aumentará, para desgracia de censores y quienes cuentan un secreto.

Los “fragilistas” se quedan sin percibir que los sistemas naturales son antifrágiles. La vida se mantiene precisamente porque como sistema sobrevive a eventos poco frecuentes, pero de consecuencias catastróficas (“cisnes negros”), en los cuales quedan eliminados, dolorosamente, los individuos frágiles. La madre naturaleza tiene “crecimiento postraumático”. La versatilidad de estos sistemas hace que sea erróneo lo que Taleb llama la visión “Soviética-Harvard”, donde se sobreestiman el conocimiento académico y la teoría. Las filosofías que todo lo explican, como el marxismo, son racionalizadoras y frágiles; la racionalización es la peor forma de irracionalidad.

Lo cruel de este tiempo que vivimos es la existencia de un antihéroe: el que se hace antifrágil a expensas de la fragilidad ajena. Esta conducta oportunista está en grandes bancos quebrados asistidos por el Gobierno y la impunidad de sus ejecutivos, núcleo de la crisis económica actual. El ciudadano se hace frágil con más impuestos, desempleo e inflación para premiar a estos granujas. La vida social venezolana es frágil: toda su estabilidad política depende del precio petrolero. La corrupción ha sido la estrategia antifrágil en la democracia rentista venezolana.

Como sociedad habríamos de seguir una recomendación de Taleb e instaurar el “Día del Emprendedor”: el capitán de empresas, a quien sataniza el socialismo, con sus fracasos genera conocimiento gratuito para sus competidores. Siguiendo a Taleb: “la energía excesiva liberada de la reacción intensa ante las derrotas es lo que innova”. Nuestros enemigos nos terminan haciendo más bien que nuestros amigos, porque nos mantienen despiertos, atentos y evitan que nos hagamos frágiles. Jesús tenía razón: amemos al enemigo.

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