El pago de las utilidades no ha mermado la sensación de profunda crisis; todo lo contrario: los ciudadanos saben que los aguinaldos no solo no cubrirán los gastos decembrinos, sino que ya desaparecieron y han tenido que utilizarlos para cubrir la canasta alimentaria del mes en curso.
De por sí, el aumento del salario mínimo estuvo lejos de concretar mejoras en la economía del país, por no poder cubrir el disparo excesivo de los precios de los productos de la canasta básica y poner en evidencia la inflación agresiva que vive el país.
El precio de la divisa en el mercado libre ha sufrido una drástica subida en su cotización desde que se inició el mes desde noviembre: El 01 de noviembre se cotizaba a 1.567,35 Bs/USD, el 21.11 ya se ubicaba en 2.021,62 bs/USD, este lunes 28.11 superó la barrera de los 3.000 Bs/US$, y en la tarde del jueves 01.12 alcanzó a 4.609,37 Bx/UXD. Naturalmente las alarmas de la población se encuentran encendidas: la Hiperinflación ya es un hecho.
Con esta importante alza, Venezuela habría entrado oficialmente en el terreno de la hiperinflación. En el mes de noviembre, el dólar tuvo un alza superior al 100%, lo que representa la mayor pérdida de valor en la historia de la moneda venezolana. Se puede esperar que diversos sectores del comercio, influenciados por el comportamiento del dólar paralelo, registren un importante repunte inflacionario en los próximos días. Entre ellos se incluyen vestido, calzado, electrónica y electrodomésticos, restaurantes, juguetes y bebidas alcohólicas.
Durante las últimas semanas, por la llegada de fin de año, se ha elevado el gasto público. La inyección de bolívares en la economía, que se traduce en mayor liquidez monetaria, la demanda de divisas de algunos sectores económicos y la expectativa fallida del Tipo de Cambio Complementario (Dicom), sustituto del Sistema Marginal de Divisas (Simadi), han llevado a que el bolívar vuelva a depreciarse frente al llamado dólar paralelo.
Con la preocupación de un diciembre caro y faltante de los elementos tradicionales encima, el gobierno continúa sus errados anuncios de lucha contra la especulación, con la pretensión de disminuir los precios a la fuerza mediante medidas que dejan qué desear y que no apaciguan el descenso del poder adquisitivo.
Los altos índices inflacionarios tienes consecuencias graves dentro de la economía de un país y su sociedad, entre las que destacan:
1.- Empobrecimiento masivo de la población.
2.- Alto perjuicio a la clase trabajadora que devenga un sueldo o salario fijo.
3.- Debilitamiento de la clase media e incremento de las brechas entre los sectores sociales.
4.- Desestímulo y destrucción del ahorro.
5.- Distorsión del cálculo económico: impide calcular los costos reales y planificar proyectos a largo plazo.
6.-Devaluación de la moneda nacional o signo monetario de un país.
7.- Fuga de capitales hacia países con una mayor estabilidad, jurídica, económica y política.
8.- A largo plazo vuelve impopulares a los gobernantes.
9.- Posibilidad de desórdenes sociales, al afectar la dignidad y el estado de bienestar de los ciudadanos, lo que podría derivar en alteraciones del orden público, revoluciones, golpes de Estado…
Para un modelo como este, en una economía fuertemente dependiente de las importaciones, controlar el mercado de divisas es fundamental. Los controles de cambio siempre han generado distorsiones indeseables en la economía y han sido fuente de corrupción, pero ningún control de cambio ha sido tan perverso como el que ha funcionado aquí en los últimos años.
Esa tesis de fijar el tipo de cambio para bajar la inflación ha sido nefasta. Lo peor de todo es la persistencia y la tozudez con las cuales se aplica: las autoridades económicas de Venezuela no han aprendido de las tragedias económicas que esa política causó en América Latina en los años ochenta, cuando provocó salidas masivas de capital y crisis de balanza de pagos que llevaron posteriormente a maxidevaluaciones de las monedas al agotarse las reservas internacionales, ni de las numerosas experiencias internacionales y sus terribles efectos en la población.
• El caso de Hungría es el más emblemático por su magnitud. En julio de 1946 la tasa de inflación diaria alcanzó el 207%, y los precios se duplicaban cada 15 horas.
• En Argentina, entre mayo de 1989 y marzo de 1990 la tasa de inflación mensual en australes llegó al 197%, con un equivalente diario cercano al 4%. Durante la misma época, la hiperinflación también afectó a Brasil, que experimentó una inflación mensual de 82,4%.
• En los primeros siete meses de 1985 la hiperinflación de Bolivia adquirió niveles dramáticos. En agosto de 1985, la tasa de cambio oficial era 67.000 pesos bolivianos por dólar. Sin embargo, la tasa en el mercado “no-oficial” era 1.100.000 pesos bolivianos, una diferencia de 1.600% entre ambas tasas. La tasa de inflación en la semana antes de tomar las medidas se acercó a 20%. Según el FMI, la tasa de inflación de Bolivia en 1985 alcanzó 11.700%.
• La tasa de inflación diaria en Zimbabue llegó a alcanzar en 2008 el 98%: los precios se duplicaban cada 24,7 horas y se llegaron a imprimir billetes de 100 trillones.
Lo que se recomienda a los ciudadanos para protegerse un poco de la inflación es hacer compras anticipadas en vez de tomar la alternativa del ahorro, por considerar que esa medida ya no es factible, tomando en cuenta el alza de precios a nivel general prácticamente cada dos semanas. Es mejor que las personas inviertan en activos fijos (electrodomésticos, vehículos) o artículos como ropa y calzado, porque más adelante la inflación ejercerá mayor fuerza y será “imposible” hacer consumos de esta índole pues la prioridad serán la comida y la salud. Entre las opciones esta:
1) Comprar dólares a tipo de cambio oficial: Pese a los trámites burocráticos y que posiblemente la asignación de dólares sea menor a la esperada, acudir al Sistema Marginal de Divisas es una manera válida de invertir las utilidades y aguinaldos.
2) Remodelar el hogar: El precio de los materiales básicos de construcción como el cemento y la cabilla en Venezuela es competitivo con su precio internacional en dólares, lo cual hace factible efectuar trabajos de remodelación, siempre y cuando se consigan en el mercado.
3) Adquirir bienes: Aunque los electrodomésticos son costosos, resulta una inversión en la mejora de la calidad de vida. Además, en un ámbito de inflación siempre será más barato comprarlos ahora que después.
4) Adquirir préstamos en moneda nacional para adquisición de bienes, pues la tasa de interés queda diluida ante el efecto inflacionario.
Lamentablemente, los índices inflacionarios de Venezuela se dispararán el próximo año, una vez que entre en vigencia el Presupuesto de la Nación, que fue aprobado por el Tribunal Supremo de Justicia y no por la Asamblea Nacional. La propuesta fue aprobada por el orden de los 8,5 billones de bolívares para 2017 frente al billón 700 mil del presente año, lo cual se espera que genere una situación de desestabilización dentro del sistema de financiamiento nacional e internacional.
Como el presupuesto no fue aprobado por los canales regulares, los prestamistas internacionales no verán seguridad jurídica para seguir dándole créditos a Venezuela, por consiguiente, habrá poca liquidez y se buscará obtener los recursos con el aumento de impuestos. El Banco Central de Venezuela estará obligado a imprimir dinero inorgánico, es decir bolívares que no estarán respaldados, situación que podría llevar la inflación del país al 3 mil por ciento al cierre del próximo año.
El fracaso del modelo es evidente. A pesar de la inmensa cantidad de recursos que han entrado en el país, el resultado es inflación, desabastecimiento y una caída dramática del aparato productivo.
En conclusión, podemos decir que los niveles de inflación y de deuda en Venezuela son ya prácticamente insostenibles. El modelo de crecimiento basado en la redistribución y el petróleo puesto en marcha desde 1999 por los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro había sido capaz de generar crecimiento hasta 2012, pero es este mismo el responsable de la recesión actual.
Las leyes económicas establecen que las políticas fiscales expansivas solamente funcionan en economías cerradas. Las políticas fuertemente ideologizadas de las autoridades han fracasado ante la dinámica que dictan las leyes económicas. La cuestión ahora está en la capacidad de los políticos venezolanos para rectificar en sus errores.