La refinería de Amuay tiene una capacidad instalada para procesar 645.000 barriles de petróleo al día y convertirlos en gasolina, sin embargo está casi totalmente paralizada debido al colapso del craqueador catalítico, que aunado a la falta de inversión, robos y mala gestión de la planta, crean un escenario muy oscuro para el futuro de esta refinería y para la oferta de gasolina en el país.

Las refinerías de Amuay y Cardón conforman el Centro Refinador Paraguaná, el más grande del país, con la capacidad de procesar 955.000 barriles diarios de petróleo; lo que significa que la paralización de la planta más grande de ese Centro, reduce drásticamente la oferta de gasolina en el país.

Desde principios de febrero no se conoce la situación exacta de la planta Amuay, que ya se encontraba paralizada desde principios de enero, pero es fácil prever que no puede compensarse en un par de semanas los daños acumulados por años de mala gestión.

Esta situación amenaza con hacer otro récord mundial para Venezuela, convirtiendo a nuestro país no sólo en el primer país petrolero que quiebra y enfrenta hiperinflación, sino en el país petrolero con la mayor reserva de crudo en el mundo, que se queda sin gasolina.

Este patético resultado deviene en parte del subsidio a la gasolina, que destruyó la producción interna de este derivado, al descapitalizar a la  industria por vender la gasolina subvalorada sólo por una medida populista, provocando así una caída dramática de la inversión en mantenimiento y renovación de estas plantas. En el caso de Venezuela, ocurre aquello de que en casa de herrero cuchillo de cartón.

Elaborado por: Econ. Karelys Abarca
Observatorio de Gasto Público CEDICE
Twitter: @karelitabarca